Programando… en checo

Aviso: esta entrada la he escrito en un lapso de casi dos semanas, así que no tiene coherencia ninguna. Paso de un tema (algo aburrido) a otro (ya muy repetido). Pero como dije en la primera entrada que escribí, es mi blog y me lo follo cuando quiero.

En realidad no. No tengo que programar en checo, porque me habría vuelto a casa llorando el primer día. El checo es muy difícil. Pero sí tengo que programar. ¿Dije que el trabajo me superaba en conocimientos? Pues ahí estoy, poniéndome al día lo más rápido que puedo.

Además, estoy lidiando con Eclipse CDT. Este es un IDE bastante conocido, esto es, un programa que te ayuda a programar en el lenguaje que sea. No es el compilador, no es el linkador, todo eso va a parte. Pero te permite usarlo todo (los anteriores programas, las Autotools para configurar el proyecto, etc,) desde el mismo entorno o ventana. Eso es perfecto… y una mierda. Hay varios bugs que me han tenido un par de días al menos luchando por descubrir que demonios pasaba. Así que al final, la solución consiste en desconectar el corrector sintáctico, por lo que algo que es la razón de ser del programa, resulta que tiene que desconectarse porque no funciona como debiera. Y yo ahí, luchando por descubrir si los fallos que tengo son problema del editor o de mi incapacidad. Tendré que aprender a programar como los hombres, usando la línea de comandos.

En cualquier caso, conseguí descubrirlo, conseguí solucionar y descubrir qué errores eran míos y cuáles no. Y entonces, cuando me quedaban un par de detalles para poder compilar sin problemas y testearlo, para subir la versión al servidor, tuve que desconectar el equipo del dock, algo se jodió en las tripas de Eclipse y mi workspace desapareció. Bueno, los archivos seguían ahí, por lo que pude recuperarlos, pero he tenido que empezar a reconfigurar el proyecto. A dar los primeros pasos por enésima vez. Retrasos y más retrasos.

Boost.Log y mi lucha

Odio a los que documentan su librería como si fuesen notas para recordarse cosas. Asumen que el resto entendemos igual de bien cómo funciona todo. Obviamente no es así y he tenido que bregar con la documentación un tiempo enorme, releyendo párrafos, buscando ejemplos (que apenas hay, parece que los que consiguen entender la librería, deciden callárselo) y leyendo código a brazo, sin anestesia. Son cosas que, tarde o temprano hay que hacer. Pero cuando los ejemplos básicos de la documentación necesitan ser modificados para que funcionen, es que algo se ha hecho mal.

Desde la última vez que escribí, que es cuando terminé el párrafo de arriba, han pasado muchas cosas. Conseguí encontrar la información que necesitaba. En concreto, necesitaba saber cómo funciona la librería internamente a la hora de definir las variables o datos que se van a guardar. Esto es, un logger, que es lo que tengo que hacer, es un programa dentro del programa que, según el valor de una etiqueta que puedo definir antes de compilarlo, envía datos a un archivo o a la pantalla (o a varios archivos, hay muchas opciones) de cómo se está ejecutando el programa, qué funciones fallan y qué cosas se están ejecutando en cada momento. El caso es que ya explicaré eso más en detalle en otro momento. La cuestión es que encontré un foro (en SourceForge, para los que lo conozcan) donde el mismo creador de la librería responde preguntas que le hacen los usuarios de su librería. Gracias a eso, empollando código y ejemplos de otra gente, he conseguido avanzar bastante y comprender muchas cosas. Ha sido duro, pero estoy en el camino.

Viendo mi casa desde lejos

Y esto es nuevo. Mientras oigo al gilipollas del italiano con el que tengo que convivir (por poco tiempo ya) pegar voces porque no sabe hablar normal, he terminado de ver el programa de Salvados del domingo 11 de Noviembre. Estoy fuera de casa en otro país porque en España lo veía crudo, no encontraba nada de lo mío (física o ciencia, algo que desde que me fuí, prácticamente ha desaparecido del mercado laboral) y ví una oportunidad muy buena en Praga, programando en temas de física. Como digo, me fuí porque no tenía futuro en España y no quería perder los años más importantes, en los cuales uno se tiene que formar un perfíl, obtener una experiencia. Años clave que permiten desarrollarse como profesional y, quizá, descubrir mejor a qué quiere dedicarse.

Pero la idea, casi inconsciente, era que volvería en unos años: como mínimo dos, que es la duración de mi contrato. Pero tras ver el Salvados de ayer… En fin, creo que difícilmente podré volver. Al menos, no si pretendo tener una vida digna. Nunca he sido nacionalista, nunca me han llamado las banderas, pero la sensación de que se han cargado el país, de que nos han hundido sin remedio y, en gran parte, conscientemente es demasiado fuerte como para ignorarla. No es amor a mi patria, es cariño a mi ciudad, que conozco; cariño por los recuerdos de lo que fué, de lo que parecía que podía ser. Es frustración por la traición de unos cuantos desgraciados que sólo han visto la posibilidad de llenar sus bolsillos, además de su incompetencia en muchas otras materias.

Eso no es nacionalismo, es rabia. Y me doy cuenta que siempre ha sido así. Como dice Pérez Reverte, a quién suelo leer aunque sé que despierta las mismas antipatías que simpatías, en España, por algún extraño motivo que yo no sabría indicar, siempre hemos sufrido lo mismo. Quizá en todo el mundo ha ocurrido así, aunque no sé suficiente historia como para decirlo. Pero lo cierto es que siempre, por culpa de unos pocos, hemos pagado los demás. Mucho se han empeñado en convencernos de que la culpa fue nuestra, que vivimos por encima de nuestras posibilidades. Y casi me convencieron.

Hasta que te das cuenta que ellos te ponían la trampa, te animaban a comprar más, a pedir crédito. Nos han engañado. Nos han vendido. Quizá el consuelo es que siempre fué así y que tal vez algún día aprendamos a no tropezar en la misma piedra. Aunque es poco consuelo cuando pienso en todo lo que se esforzaron mis amigos para labrarse un futuro, en todas las ilusiones robadas. Perderemos al menos dos generaciones de españoles bien preparados que contribuirán con su conocimiento y esfuerzo a la prosperidad de otros países. Que es como pagar la cena del vecino y quedarse en ayunas.

Mientras todo esto pasa por mi cabeza, mientras inútiles desgraciados hunden mi ciudad; mientras sinvergüenzas acomodados desmontan y venden por piezas el país, aquí sigo, programando en checo.

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