La Hipocresía y la Mierda en el Ventilador

Ya comenté en su momento lo peligrosa que me parecía la decisión de Materia de asociarse con un medio que, por intereses espurios, participó en la última embestida contra Internet. Nada de moral, ideas ni principios, sino dinero y modelos caducos que agonizan. No se trata de propiedad intelectual, sino de dinero, a pesar de que haya gente que no quiera verlo. Alegaban los medios que los agregadores (lo llamaron tasa Google para centrar la discusión en una empresa todopoderosa que asusta a muchos por el poder que tiene, pero afecta a muchas páginas y dificulta la competencia) les robaban, ganando dinero con sus noticias, cuando la realidad es que los agregadores redirigen el tráfico a sus propias webs, con lo que, en todo caso, les generan beneficios. Muchos creían que no, que era verdad que les hacía perder dinero, que les robaban y que los medios tradicionales, los de AEDE, sólo buscaban justicia. Por suerte, estos mismos medios muestran su verdadera cara sin darse ni cuenta.

Se puede leer en el blog de Ricardo Gallir (creador de Menéame) que El País ha lanzado una sección que, esencialmente, se basa en hacer aquello por lo que amargamente lloraban hace unos meses y decían que era una actividad ilícita, inmoral y propia de parásitos: enlazar fuentes de Internet sin pagar por ello. Ahora es cuando la mierda ha sido lanzada al ventilador, y Materia esta en el radio de salpicadura.

Es triste comprobar que un medio como este, Materia, que vio propiciado su nacimiento gracias a la red y su capacidad de compartir información, se aliase con un medio como El País que pertenece a la asociación AEDE y que tienen una visión caduca y equivocada de lo que es Internet. Estos medios se han acostumbrado a lo largo de su existencia, a ser la voz de la opinión, a ser faro y referente de la ideología correspondiente y a que la comunicación fuese desde ellos hacia afuera. La llegada de Internet y las redes sociales propició la respuesta. Ya no había un pregón y un pueblo que escuchaba, ahora era una conversación, y estos medios no han sabido adaptarse. Seguían hablando como si no hubiese nadie que pudiese contestarles. Y cuando alguien señalaba sus vergüenzas, se mantenían impasibles como el que no quiere oir.

Habían dejado de ser referente y recibían más críticas de las que podían tragar. Ya no era un lector que les enviase una carta al director; ahora resultaba que había muchas voces que se autopublicaban y, lo que es peor, que eran escuchadas por gran cantidad de gente. El uso que se hacía de sus noticias no les gustaba: aparecían enlaces a ellas en blogs que las criticaban punto por punto. Como el matón de clase que ve como dejan de tenerle respeto. No sólo eso, sino que aparecieron nuevos medios, con poco dinero, que no necesitaban publicarse en papel para obtener relevancia y restarles clientes. Allí donde los periódicos en papel hacían la vista gorda en asuntos que les interesaban directamente, siempre aparecía un medio online que metía el dedo en la llaga, que mostraba sus vergüenzas y que, lo peor de todo, les quitaba clientes y anunciantes. Además, eso de la web y de tener el periódico on line nunca lo entendieron. Gestionan sus webs como si fuesen ediciones matinales de un periódico en papel. Y más que ganar, pierden dinero. No les gusta ese medio porque no respeta las sagradas normas del periodismo en papel.

Tanto es así que, el Gobierno que tampoco entiende como funciona esto de la red, decidió que podía solucionar el problema que tenían estos medios en la vorágine actual. Podía hacer una legislación a medida para estos medios, a cambio, eso sí, de una cierta tregua, de un compromiso de no agresión. Claramente no entienden el nuevo mundo. Piensan tanto unos como otros, que los periódicos en papel marcan la opinión de la ciudadanía, creen que si silencian algún asunto en las publicaciones diarias, ese asunto pasará desapercibido. Como un anciano enfrentado a un móvil, no sólo no lo entiende, sino que teme esa tecnología y cree que con las viejas estrategias podrá dominarla.

El caso es que esta nueva sección de El País, en la que se encuentra Materia por lo que parece, muestra lo que muchos ya sabíamos. Que los lloros de estos medios, sus quejas de que les robaban, eran falsos. Que para ellos, la criminalización del enlace mediante un canon arbitrario no era una cuestión de creencia firme, sino un chantaje a la sociedad de la información que, cada día más, les condena al ostracismo por su incapacidad para adaptarse. Esta nueva plataforma resulta ser básicamente una recopilación de enlaces a otros medios, a otros trabajos. Según su argumentación, están robando a esos a quiénes enlazan, robando su propiedad intelectual.

Se descubrió la impostura, la falsedad. La mierda ha sido lanzada al ventilador y salpica toda la habitación. Lo triste desde mi punto de vista es que Materia está en el radio de acción de la salpicadura. Se ha asociado con un tramposo que, además, es tan torpe que ni siquiera oculta bien sus cartas, ni siquiera disimula que lo es.

Debo decir que medios como este, Materia, tendrían mucho más difícil surgir y medrar si la ley AEDE surtiese efecto. Limita la competencia al ser un canon irrenunciable, ya que Google puede hacer lo que ya ha avisado en Alemania: retirar los enlaces a esos medios, algo que, por otra parte, podrían hacer los propios interesados pero no hacen porque les interesa estar en Google. Y lo saben. ¿Cómo limitaría la creación de nuevos medios? Dificultando la difusión de los mismos. Estos nuevos medios escribirían noticias, pero no aparecerían en los resultados del agregador de noticias porque si no, éste tendría que pagar el canon aún a pesar de que el nuevo medio decidiese negarse a recibirlo. Esa es la justificación de la palabra “irrenunciable”. De tal forma, dependerían enteramente del boca a boca, haciendo más complicado acceder a nuevos lectores. Al final parece que sí que entienden Internet, pero sólo para lo que les interesa.

Y como detalle final, parece que no han aprendido nada de la inútil lucha y estrategia que usó la SGAE con el tema de las descargas, porque usan exactamente las mismas ideas. Canon irrenunciable que se ha de pagar a AEDE incluso cuando los medios enlazados no sean de AEDE y siendo esta misma entidad la que determina, mediante brujería supongo, la cantidad de dinero que ha de pagarse. No me extrañaría que la historia se repitiese. Quizá dentro de unos años, veamos a algún cabecilla de esta gestora entrar en la cárcel por robar dinero, tras llevar años acusando a otros de ser unos ladrones y jugar con el futuro de su familia y su subsistencia. Muy al estilo Teddy Bautista. Al menos, conseguiremos que se callen un poquito la boca, que desde la entrada de este individuo (y otros, sino recuerdo mal) en la cárcel, la SGAE ha estado tranquilita y sin molestar.

 

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