Mis hábitos zen

Desde la vuelta de vacaciones, he cambiado ciertas cosas. No es tanto que escriba más en el blog, sino el cambio de mentalidad que ha supuesto y el motivo. El motivo ha sido que, de una vez por todas, he decidido perseguir los objetivos que tengo todo lo que pueda. En parte, viene dado por ciertos blogs que he ido descubriendo en los que se dan ideas y hábitos para centrarse en proyectos y objetivos propios. Uno de esos blogs es ZenHabits. Ahí se explica cómo se llega a ser productivo y a sacar adelante proyectos personales consiguiendo los objetivos que uno se propone, de los cuáles siempre he tenido muchos. Por eso he titulado la entrada con este nombre. Así que veamos qué hábitos zen he adquirido.

Uno de los objetivos personales, desde el anterior blog, era tener lectores asiduos. Esto depende no sólo de la frecuencia, sino del tipo de cosas de las que hable. Algunas entradas gustan más y otras menos y es cuestión de encontrar la mejor forma que tengo de expresar mis ideas y que, a la vez, atraiga a más gente. Pero para eso se han de dar dos condiciones: la primera escribir distintas entradas con enfoques diferentes para poder ver cuál tiene más atractivo; la segunda, escribir muy frecuentemente para que la gente se pase de forma asidua -y para encontrar solución lo antes posible al punto anterior-.

Esto es clave. Si no se es constante con el blog, incluso aunque alguien lo descubra y le guste, difícilmente se va a convertir en lector habitual, ya que no hay nuevas publicaciones de forma regular. Y es algo que sabe cualquiera que, como yo, haya sido lector de este tipo de páginas. Hay algunos que me gustaban especialmente, pero que publicaban una vez cada mucho tiempo. El resultado es que terminaba olvidándome de ellos. Así que el primer paso es tomárselo en serio. Por eso decidí que tenía que publicar, al menos, dos veces a la semana. Al final he terminado fijándolo en tres veces. Puede parecer difícil porque requiere mucho esfuerzo y surgen las dudas de si se me ocurrirán ideas suficientes. Pero la respuesta es que es cuestión del tiempo dedicado a diario. Esto lo sé porque cuando trabajé de community manager, llevaba un blog sobre innovación para el proyecto del que me encargaba y publicaba a diario, incluyendo sábados. Y lo cierto es que tras cogerle un poco el ritmo, no invertía mucho más de una hora al día en ello. El blog llegó a posicionarse como referente entre los blogs de temática similar y era de los primeros resultados en Google. Así que ¿por qué no hacer lo mismo con mi propio blog? Por tanto, aquí entra el primer hábito Zen: levantarme entre las 6 y las 6:30 de la mañana para escribir una entrada, o un párrafo, o lo que pueda. Pero al menos durante una hora antes de ir al trabajo.

Mañanas “Perfectas”

Es sorprendente cómo cambia el día. No es cuestión de lo que siempre he oído o te cuentan, que levantándote antes te cunde más el día, terminas antes de trabajar -en mi trabajo has de hacer 8 horas y no importa demasiado en qué franja horaria lo hagas- y demás mierdas. No. Me levanto antes porque quiero seguir entrando a trabajar a las 8 para salir a las 5, pero dedico la primera hora u hora y media del día a escribir sobre mis ideas, mis proyectos y mis pensamientos. Mientras me tomo un café. Y eso conforma mi mañana perfecta. Lo que ocurre siempre es lo siguiente: me levanto (cada vez con menos esfuerzo, todo hay que decirlo) y tras la ducha, pongo el café al lado del portátil y abro el blog; comienzo a escribir dubitativo, sin tener claro qué palabras usar, borrando frases casi al momento de terminarlas y escribiendo confusamente. Pero a los 10 minutos ya estoy como ahora mismo, escribiendo de continuo, cambiando palabras, pero a buen ritmo y pensando casi en el siguiente párrafo, ya que éste lo tengo ya terminado en mi cabeza.

El resultado es que la mayoría de las veces tengo que irme deprisa y corriendo porque se me hace tarde. Lo que había empezado como algo lento y complicado, se ha convertido en algo ágil y escribo sin parar según voy hilando pensamientos. Y al final, termino publicando entradas con una media de mil palabras -la media la he calculado así a ojo, aunque recuerdo que los últimos tres post publicados superan las mil sin problemas- y cortando ideas dejándolas para otra publicación.

Otra “herramienta Zen” que estoy usando es la  edición rápida del blog que nunca había usado antes. Según entras en el escritorio de WordPress aparece una cajita con opción de escribir un título y el cuerpo de la entrada, así como un botón de guardar. Es perfecto. Muchas veces estoy en el trabajo y entre tarea y tarea se me ocurren ideas para escribir aquí, así que planteo un título rápido y las ideas principales, le doy a guardar y así, al día siguiente por la mañana tengo algo por donde empezar a tirar del hilo.

Vuelta a los Campos

El último de los “hábitos zen” que me he propuesto cumplir es el del ejercicio. Todos sabemos que hacer ejercicio de forma regular es ideal para mantener la cabeza centrada, soltar energía, mejorar la salud general y recibir un chute importante de dopaminas, cual yonki naturista. Y no he dejado de hacer deporte desde que vine a este país. Sin embargo, el deporte que hacía era ir al gimnasio. Estoy seguro que hay mucha gente que le encanta ir al gimnasio, pero a mi me aburre y desmotiva soberanamente. Hasta ahora iba unos 3 días en semana una hora u hora y media, a hacer algo de cardio y un poco de musculación con un compañero del trabajo que sí le da en serio a las pesas. Seguía sus rutinas adaptadas a mi capacidad, pero aún así, sabía que el tiempo invertido allí no me cundía. Así que he vuelto al rugby.

No es que haya decidido volver a jugar, ya que nunca quise dejarlo, pero la perspectiva de estar en un equipo donde no entendiese nada me echaba para atrás. Sin embargo, contacté con un entrenador que era inglés y que entrenaba al Slavia de Praga, y el martes empecé con ellos. Probablemente el gimnasio desaparezca de mis rutinas, aunque esté a 5 minutos de mi casa y de mi trabajo y el campo del Slavia a una media hora en transporte. Pero volver a pisar un campo de rugby, volver a entrenar durante dos horas y tener de nuevo la sensación de haberme esforzado y usado gran parte de mi capacidad me ha convencido. Eso es para mí un entrenamiento. Aquél en el que has estado, al menos, trabajando al 70% de tu capacidad física. Y yo he tenido que ir casi al 90% de mi capacidad actual, pero eso es porque mi capacidad está hecha una mierda comparado con cómo la tenía, que a su vez era una mierda comparado con la que debía tener. El jueves volví a entrenar. La dopamina es muy adictiva.

Veremos cómo evoluciona, pero creo que en un mes estaré al ritmo del equipo sin problemas y seguro que me ayuda a centrarme más y a darme más energía. Cuando tu cuerpo se siente bien, te sientes bien en todos los aspectos. Eso es algo que si no habéis sentido por no haber entrenado duro en algún equipo o deporte, no entenderéis completamente, pero que aconsejo de forma absoluta. Apuntaos en algún equipo que compita en serio -aunque sea amateur- o algún deporte que sea duro, que cuando salgáis de allí queráis iros a acostar y no levantaros en un par de días; que tengáis que obligaros a ir el segundo día porque os duele el alma. En un mes no solo no os costará, sino que estaréis esperando el momento de entrenar con ganas.

Y a lo tonto, más de 1300 palabras.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s