Mentalidad y Deporte: la Importancia de los Pequeños Pasos

Los pequeños pasos son más importantes de lo que la gente piensa. Esto se debe a que, en general, los pequeños pasos no cambian la situación: si queremos ahorrar para hacer un viaje, tomar un café menos al día o comprar los cereales que son algo más baratos no va a ayudarnos a pagar el vuelo. Pero tienen una importancia y un valor que la gente subestima y es que mentalizan. Y hoy quiero hablar de los pequeños pasos para hacer deporte y ponerse en forma. Pequeños detalles que nos ayudan a conseguir metas más grandes. Bajar o subir las escaleras y no usar el ascensor no van a mejorar mi condición física ni me van a hacer perder peso -no subo tantas escaleras al día-, pero van a mentalizarme a la hora de practicar ejercicio. Pequeños pasos para conseguir dar otros mayores.

Esto es lo que pocos valoramos. La parte más importante para realizar cualquier cambio en la vida es mentalizarse. Apuntarse a un equipo, comenzar clases de pilates, ir a jugar al tenis los jueves… todas son propuestas que nos ayudarán a mejorar nuestra condición física, nuestra salud. Pero son actividades que requieren un pico de fuerza de voluntad. Quiero explicar esto en detalle analizando nuestra vida antes y después de tomar la decisión de apuntarnos a cualquiera de estas actividades. Si llevamos una vida sedentaria, probablemente nos levantemos para ir a trabajar o estudiar unas 8 horas, volvemos a casa algo cansados y con ganas de desconectar; siesta, merienda, hacer cosas de la casa como limpiar o cocinar, alguna actividad entretenida como leer, ver una película o quedar con alguien a dar una vuelta, cenar y a dormir para mañana volver a empezar.

Entonces un día tomas la decisión de que ya está bien, que hay que ponerse en forma. Quizá es que tuviste que dar una carrera para coger el autobús y estuviste resoplando y con las pulsaciones desbocadas hasta bajarte en tu parada y casi no te recuperaste hasta llegar a casa. Al menos es un buen paso, la mayoría de la gente decide que lo mejor es no correr la próxima vez. Así que tras darle algunas vueltas y remolonear, te apuntas a la actividad que sea, dos veces en semana, una hora cada día, pongamos martes y jueves. La primera semana todo será sencillo porque hay motivación. Pero esa motivación es algo que se agota pronto, más de lo que nos gustaría, y antes de haber incluido la nueva actividad en nuestra rutina, antes de que el cuerpo llegue a necesitar esa actividad de manera regular, las posibilidades de que flojeemos y faltemos a ella son muy altas.

Si lo piensas, ¿cuál es el problema? Excluyendo los días en que está programada la actividad, la rutina diaria sigue siendo sedentaria, sigue siendo la de siempre. Nada ha cambiado en la totalidad de la semana. Y de repente llega el martes, después de un viernes, un sábado y un domingo, con su lunes correspondiente en que hemos mantenido la misma rutina sedentaria que habíamos tenido antes de decidir hacer deporte. Y ese martes tenemos que tener una gran fuerza de voluntad para llegar a casa, hacer las cosas que solemos hacer y a una hora concreta, romper esa rutina, coger las cosas y salir de casa. Ya no nos da tiempo a, por ejemplo, ver un programa en la tele como solemos hacer, o no podemos estar tirados en el sofá viendo una película hasta las 6 para después, ponernos a recoger la casa. Tenemos que romper una rutina a la que nos hemos acostumbrado durante demasiado tiempo para hacer algo que requiere bastante esfuerzo -sobre todo al principio- y para lo que seguimos desacostumbrando al cuerpo cada día que no lo tenemos que hacer. Y el día que llueva, o haga mucho frío, o que estemos más cansados por haber dormido peor que de costumbre, lo más fácil será saltarnos esa clase. Porque total, “un día es un día” y el próximo vamos seguro. Pero el próximo resulta que también ocurre algo, o al siguiente, y ya vamos alternando alguna ausencia de forma más regular. Aún parece que seguimos manteniendo una actitud adecuada, que hacemos ejercicio. Pero si lo pensamos, resulta que estamos yendo una hora cada dos semanas a hacer deporte. Es mejor que nada, pero es cuestión de tiempo que lo dejemos por completo. Me ha pasado y no soy el único.

Ahí es donde los pequeños gestos cobran importancia. Es una cuestión de mentalización y de cambiar la rutina de todos los días. Lo repito, por si acaso, cambiar la rutina de todos los días. De esa forma, poco a poco y con detalles que no cuestan esfuerzo, nos recordamos constantemente que vamos a cambiar de hábitos. Usando las escaleras a diario en lugar del ascensor nos recordamos que hemos decidido modificar la rutina y mejorar nuestro estado físico, y recordamos también que los martes y jueves tenemos actividad extra encaminada a ello. Ir andando a sitios donde antes íbamos en transporte público pero que están cerca, nos recuerda que hemos cambiado la actividad diaria. Que ya no somos sedentarios y el deporte es importante para nuestro día a día.

Porque además, tras la segunda semana seguramente veremos que subir las escaleras no nos cuesta tanto. Descubriremos que correr a coger el autobús no ha supuesto una muerte súbita para nuestro cuerpo. No es la escalera la que nos ha mejorado considerablemente, porque salvo que vivamos en un octavo, o que estemos todo el día entrando y saliendo de casa, no es un ejercicio tan intenso (lo siento, no lo es), pero ver esos pequeños avances hace que reforcemos nuestra convicción de que lo estamos haciendo bien. Son pequeñas píldoras de refuerzo positivo, pequeñas metas que nos van animando a seguir y que son muy sencillas de cumplir.

Subir andando todas las escaleras que nos encontremos -incluso si usamos las mecánicas del metro-, ir andando a sitios que estén razonablemente cerca, hacer estiramientos en casa todas las mañanas, antes incluso de ir a la ducha… cualquier cosa vale para mentalizarnos. Y ayuda mucho más de lo que la gente cree. Hace que seamos conscientes en todo momento de que nuestra decisión sigue en pie. De que estamos cambiando hábitos por unos que son mejores y que mejorarán nuestra condición física. Pequeños pasos que nos acercan más a la meta que es conseguir que el deporte sea algo que nuestro cuerpo necesita y que echa de menos cuando no lo hacemos.

De momento, el primer paso es realizar estos pequeños cambios. Otro día hablamos de la intensidad del deporte y de porqué sería conveniente buscar una actividad que nos exija dar el 60 o 70% en cada entrenamiento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s