La Mentira de los Trucos para las Entrevistas

Con el tema de la crisis, no sólo proliferan los coaches que comentábamos el otro día. También proliferan los charlatanes que dan consejos que no sirven para nada. Desde luego, saber gestionar correctamente una entrevista de trabajo puede ayudar a conseguir el puesto. Ser capaz de estar calmado y de conseguir mostrar lo que uno tiene que ofrecer es un primer paso para ser uno de los candidatos con más posibilidades. Pero eso lo sabemos todos y aún así es lo difícil. Como en muchas cosas en esta vida, la experiencia es un grado. Si me pongo a recordar la primera entrevista que tuve para trabajar en un supermercado, descubro que era un pipiolo y que metí la pata varias veces. A medida que he ido haciendo entrevistas, he ido aprendiendo a cómo venderme. Desde luego, de todo se puede aprender, pero en estos tiempos, proliferan los artículos que supuestamente te ayudan a mejorar tu forma de enfrentarte a una entrevista y, en los que, una vez leídos, sólo están los tópicos que todos conocemos y absurdeces varias. Algo que me indica que el que escribe, o tiene poca experiencia real, o se ha leído un libro de autoayuda de los malos.

En artículos como este, no encuentro ninguna pregunta que no haya oído ya en varias de las muchas entrevistas que he hecho en mi vida. Pero lo peor es que tampoco encuentro ninguna sugerencia o estrategia distinta a las que ya me han dado en múltiples ocasiones durante todos estos años. Este artículo me parece otra copia más de los cientos que he leído sobre el tema. Es cierto que quién empiece a buscar trabajo puede llegar a encontrarlo útil. Me imagino un recién licenciado que no ha trabajado nunca en una empresa con departamento de personal -porque este tipo de preguntas son típicas de gente de recursos humanos- y que no esté acostumbrado a esto. Pero en serio, ¿quién no ha vivido ya algo parecido a esas preguntas en una entrevista?

El tema este de los supuestos expertos que enseñan a superar las entrevistas de trabajo me recuerda a un “asesor” al que me envió el INEM hace unos años para que me diese algunas claves para mejorar mis opciones. Pensé: “¡qué bueno! podré superar al menos las primeras fases y demostrar lo que valgo”. Cuando llegué allí, me encontré conn mucha más gente que tenía sus correspondientes asesores, en una sala que parecía un gallinero del ruido que había. Llevaba mi curriculum para mostrárselo y que me diese indicaciones, a pesar de que lo había editado según el modelo europeo. Sus primeros “consejos” fueron cambiar el formato a otro que yo llamaría formato para trabajo de verano, en el que me indicaba que estaría bien una foto mía. Eso sí, sonriendo, que siempre vende más. Tras comentar lo del formato europeo, comentó que “er, bueno, sí, claro, también está bien” indicándome que ese “experto” no había visto ese formato en la vida. Mal empezábamos. Después, comenzó a pedirme que respondiese a ciertas preguntas para ver cómo daba mi respuesta y de qué forma podría mejorarla. ¿Adivináis qué preguntas eran? ¡Sí! Qué listos sois. Las mismas preguntas que están comentadas en el artículo de Forbes. Las mismas preguntas que llevaba viendo en supuestos “manuales” para superar entrevistas. La misma autoayuda barata servida en formato “asesor experto”.

¿Conclusión? Estuve menos de media hora, cuando estaba previsto que aquella farsa durase una hora y media aproximadamente. Eso sí, este gran experto me recomendó participar en un taller que realizaban -y que cobraban al INEM, porque no eran funcionarios, por cierto- sobre realización de entrevistas. Una semana, 8 horas al día, de rol playing, consejos supervisados de profesionales en el tema (como él, imagino) y trabajo personalizado. Por supuesto le dije que tenía muchas cosas que hacer durante el día como buscar trabajo, como para perderlo en esa gilipollez.

Porque resulta que estos grandes expertos no tienen ni idea. Muchos pertenecen al ramo de los recursos humanos, esa gente que ha estudiado recursos humanos (¿existe la carrera?) y que van a valorar si eres apto para un puesto que no entienden. Creo que es otra de las grandes farsas de estos tiempos. El departamento de recursos humanos no sabe escoger al mejor candidato para el puesto; sólo sabe escoger al que tenga ciertas características psicológicas (dejémoslo ahí) como sumisión, tragaderas (que no les mandes a la mierda a pesar de ser auténticos gilipollas, eso muchos jefes-empresaurios españoles lo valoran mucho), que tengas compromiso por el trabajo bien hecho (echar horas extra sin cobrar o mantener la cultura de calentar la silla)… Al final todo se reduce a respuestas prefijadas, a contestar como un autómata y ser falso. Lo siento si alguien pertenece a recursos humanos, pero si es así siento decirle que no se me ocurren puestos de trabajo mucho más sobrevalorados como el suyo. Soy físico y me han estado “valorando” para el puesto genios de este departamento que no sabían distinguir astrofísica de astrología (hecho real). Me ha llegado a ocurrir que me ofrecían un puesto en su departamento para realizar yo la selección previa de candidatos para un puesto de programador porque “ya sabes, los físicos y los informáticos os entendéis mejor”. Al menos, esa persona era consciente de que el trabajo le quedaba grande. Muy grande.

Así que la conclusión que saqué es que una empresa que delega la selección de personal a un departamento que no tiene la más mínima idea del trabajo que se realiza, que no es capaz de distinguir un buen candidato -y esto significa persona capaz de realizar adecuadamente el trabajo, conseguir objetivos- es una empresa donde no merece la pena trabajar. Aceptaré el puesto si lo consigo, pero sólo hasta que encuentre algo decente. Pero ojo, si eso es lo que buscan para un puesto de trabajo, alguien capaz de memorizar patrones de comportamiento para reproducirlos en la entrevista, alguien que sea capaz de anular su personalidad, callar sus logros y actuar como un autómata, es porque quieren una pieza sustituible y hay que tenerlo en cuenta para saber dónde nos estamos metiendo.

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2 comments

  1. Pedro Amador · octubre 27, 2014

    Me encantó el artículo, muy real. Me gusta incluir que además de mucho mentoring profesional y bien hecho, hace falta ayudar a la persona a que busque en el contexto adecuado. El derecho a un empleo digno es algo que suena glorioso, ¿pero en cuántos países es cierto?

    Un saludo

  2. Victor · octubre 28, 2014

    Gracias, Pedro. Ya dejé un comentario en LinkedIn. Creo que es muy cierto el detalle que comentas: la diferencia entre un charlatán y un coach realmente serio probablemente sea que el primero aplica ideas simplonas y estándar y el segundo intenta adaptarse y encontrar solución al problema que tiene la persona a la que ha de ayudar. Al fin y al cabo, ese es su objetivo. Ahora tendría que pensar si hay algún modo de “descubrir” quién es quién de forma sencilla. Supongo que la experiencia que pueda aportar y anteriores clientes puede ser una buena forma de intuirlo.

    Un saludo

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