El Falso Retrato del Emprendedor

Hay que emprender. Todo el mundo lo dice. Pero es un discurso vacío porque casi nadie sabe a qué nos referimos. La imagen del emprendedor está distorsionada y todo el mundo se imagina a alguien relacionado con el mundo tecnológico, de mediana edad, que monta una empresa en el despacho de su casa con otro amigo, una web, y termina ganando millones. De hecho, son comunes artículos como estos. Se supone que los escribe gente que conoce a los emprendedores, que conoce el mundillo y da consejos útiles para aquellos que se animen a ello. Al final, parece que lo más importante para emprender es saber cómo hacerlo, copiar características básicas de un emprendedor y reproducirlo. Pero creo que ni estos saben bien de lo que hablan ni que se fijen en lo importante.

En este artículo dan varios puntos, supongo que para poder hacer la comparación con los psicópatas y poder conseguir más tráfico a la web. Pero todos me parecen erróneos.  Vamos a analizarlos. El primero es la ausencia de miedo. Error. No creo que sea verdad. Esto parte de la idea de que para emprender hay que quemar las naves. Deja tu trabajo, hipoteca tu casa, pide dos préstamos y consigue el dinero que necesitas para alquilar una oficina, crear una web y contratar un asistente o programador, antes incluso de haber comenzado a desarrollar tu idea. Y para hacerlo no hay que tener miedo, claro. Esto es el error típico. Porque resulta que la mayoría de emprendedores que han tenido éxito montando negocios o empresas desde cero, comenzaron mientras trabajaban en otra cosa y para otra empresa. Casi ninguno llegó a despedirse de su trabajo antes de tener algo funcionando y con perspectivas de éxito, ninguno se metió en un agujero financiero nada más empezar. Por este concepto erróneo me decían unos amigos hace un tiempo que “emprender es peligroso y tiene consecuencias”. La gente tiene la errónea creencia de que si emprendes y sale mal, estás en la ruina porque los que animan a emprender no son emprendedores ni realmente quieren serlo nunca y no se han planteado qué hay que hacer, ni han leído acerca de cómo lo hicieron otros antes. La mayoría de emprendedores con éxito han comenzado en su tiempo libre, echando horas por las tardes y noches, mientras mantenían el trabajo que les daba de comer. Muchos no contrataron a nadie hasta pasado bastante tiempo desde el momento del éxito, y se dedicaban ellos mismos a hacer todo lo que hacía falta hacer. Emprender así no exige tener ausencia de miedo, porque no hay nada que temer más que al fracaso. Lo que exige, eso sí, es compromiso con el proyecto y decisión, lo que nos lleva al siguiente punto.

Metódicos. Se supone que esta es otra característica común de los emprendedores y los psicópatas. No sé si los segundos comparten esto, pero no creo que sea exclusivo de los emprendedores. Ser metódico es realmente útil para que las cosas salgan bien. No hace falta que sea para emprender. Para estudiar una carrera, aprender a conducir, estudiar un idioma… Ser metódico hace que todas estas tareas sean más sencillas de realizar, optimiza el tiempo dedicado a ellas y facilita el avance. Pero decir que todos los emprendedores son metódicos -de los psicópatas no sé- es como decir que todos los andaluces son graciosos o que todos los latinos saben bailar salsa. Una gilipollez como otra cualquiera. Eso sí, el emprendedor que sea metódico tendrá mucho ganado para montar un proyecto. Pero también para aprender un idioma. Podríamos decir que todos los que estudian idiomas con éxito son metódicos como los psicópatas…

También comenta en este apartado que tienen claros los objetivos y el camino hacia ellos y no se apartan de él. Como dirían los angloparlantes, this is bullshit. La principal característica de los que han tenido éxito ha sido su adaptabilidad, la capacidad de modificar su idea o su plan en base a cómo iba funcionando. Facebook empezó siendo una red para dar puntuaciones a las chicas y chicos de la universidad y sólo cuando comenzó a tener éxito decidieron re-enfocarlo hacia lo que conocemos hoy. ¿Dónde se ve aquí que tuviesen el camino al éxito marcado y definido?¿O que tuviesen en mente construir algo siquiera parecido a lo que hoy conocemos como Facebook? Creo que, más bien, fue un proceso en el que fueron dando tumbos ajustando todo en el proceso.

Si leéis biografías de emprendedores o de empresarios que comenzaron siéndolo, trabajando desde abajo, descubriréis algo en común que tienen todos ellos: pasión por lo que hacen. Ya sea programar, construir un nuevo ordenador o gestionar la distribución de materiales, todos sienten pasión por aquello que les ha llevado a triunfar.

El último punto tampoco tiene desperdicio: el encanto. Se supone que todos los emprendedores tienen encanto, son dinámicos y tienen discursos coherentes y atractivos. De nuevo, tonterías. Esos son los “emprendedores” mediáticos, que llaman la atención y aparecen en los medios. Pero hay muchos otros que trabajan desde su casa, se sienten incómodos en la vida pública o eventos sociales, y aún así, son emprendedores. El problema es que la imagen del emprendedor es del hombre de mediana edad, con un traje elegante, algún detalle carismático y extravagante y con habilidades sociales que le permiten camelarse a los inversores, clientes y proveedores. El éxito personificado, la admiración hecha persona. Pero como decía, estas entradas son en realidad panfletos que nada tienen que ver -o muy poco- con la realidad. Escritas por periodistas que trabajan para una revista o web online sobre emprendimiento, o de negocios, que nunca se han planteado emprender en serio -al menos, no de momento- que sacan sus ideas de alguna otra web o de las ideas preconcebidas que se tienen del asunto. Pero dudo mucho que se hayan leído muchas biografías de emprendedores, que sigan los blogs, vida y milagros de los muchos emprendedores que existen. De hecho, dudo que reconozcan a muchos emprendedores como tal, sencillamente porque no encajan con su molde.

Por ejemplo, unos emprendedores de éxito a los que admiro y a los que sigo menos de lo que me gustaría, son los creadores del juego SuperMeatBoy. Tienen un blog donde comentan los avances de su siguiente juego y de otras cosas que van sacando. Crearon el juego desde su casa (y no era el primero), cada uno en la suya; son frikis, son poco sociales y no tenían claro qué iban a hacer, cómo saldría, de dónde sacarían los medios ni a quién se lo venderían. Simplemente dejaron de lado el miedo a fracasar, aunque lo sentían, y se pusieron a trabajar en aquello que les apasionaba. No quemaron las naves porque no tenían naves que quemar. Recomiendo que le echéis un ojo a Indie Games: the movie. Es un documental sobre tres grandes éxitos de la escena indie de los videojuegos y estos chicos entre ellos. Mientras se hacía el documental, sólo uno de ellos había cosechado éxito mientras los otros no habían sacado ni terminado aún el juego. Veréis que casi ninguno de ellos comparte una sola de estas características que se supone han de tener los emprendedores -además de que es realmente bueno el documental-.

Entonces, ¿de dónde ha salido este artículo? Pues de la nada. Creo que es un artículo escrito por alguien a quién le han pedido escribirlo. Un artículo enfocado a llamar la atención -el título no tiene desperdicio- y atraer visitas, enlazar en buscadores, etc. Típico artículo SEO. Y lo cierto es que la mayoría de los artículos sobre emprendimiento e innovación que se encuentran en periódicos como este (depende de 20Minutos, por lo que parece) o en el Forbes digital que publica también en la misma cabecera, están escritos por gente que no sabe lo que es, o que no le interesa y no está más informado que la media de la gente.  Yo no soy un experto en innovación ni en emprendimiento. No he emprendido nada orientado a ganar ni generar dinero. Apenas estoy empezando con algún proyecto, aparte del blog. Pero con lo poco que se por el interés que he desarrollado desde hace un tiempo, queda perfectamente claro para mí que estos artículos están orientados a gente que quiere emprender de forma fácil, que le da igual lo que monte, simplemente quiere ganar dinero fácil, tener éxito y ser reconocido. No se trata de ganar su independencia económica, no se trata de montar algo en lo que le gustaría trabajar de verdad ni poder ser su propio jefe. Es masturbación emprendedora, regalar los oídos y vender cantos de sirena con tal de atraer tráfico. Vende mucho más decir que un emprendedor es un seductor nato, tiene encanto y seguridad en sí mismo, porque todos nos imaginamos que tenemos ese potencial. Decir que un emprendedor dedica sus tardes después del trabajo a desarrollar su proyecto, dedica fines de semana y vacaciones a ello, que pierde un poco de vida social mientras consigue que su proyecto funcione y que no sólo no tiene las cosas tan claras sino que tiene dudas que no le dejan dormir en ocasiones; decir esto no vende una mierda. Así que para qué decirlo.

Flaco favor le hacen a la creación de nuevas ideas y proyectos, a la gente que se cree estas mentiras y se lanza al vacío, dejando su trabajo e hipotecando su vida. Algunos triunfarán, los menos, pero los demás se hundirán más en el pozo. Me recuerda a cuando dicen que hay que ir a Europa, que es donde está el trabajo. El Dorado que a todos acoge. Y me encuentro con españoles en República Checa -o Alemania, o Austria-, que han saltado al vacío porque encontrarán trabajo como años ha ocurría en Alemania, sin inglés siquiera, que preguntan donde está el futuro que les habían prometido. Pero el mundo es distinto al de aquél entonces, a pesar de que estos opinólogos y periodistas de medio pelo no se han enterado, porque hablan de él desde el interior de su cueva, beca o trabajo precario, mientras se creen expertos en la cumbre. Prometer mentiras para crear optimismo y hacer que mucha gente se lance al vacío es peligroso. Y debería pesar en la conciencia de los que lo hacen. Pero ese es otro tema.

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