Gente toxica, gente feliz y envidia

Nos gusta juzgar. En general, a las personas, nos gusta criticar a otros por motivos varios: por su forma de vestir, andar, de actuar; por su actitud, por su trabajo, por su dinero. Buscamos siempre los puntos que consideramos débiles y atacamos. Algunos más que otros, pero todos lo hacemos en alguna medida, y es algo que vemos natural. Yo lo hago. Pero intento hacerlo cada vez menos porque creo haber entendido qué hay detrás.

Envidia y Principios

En algunos casos, criticamos por envidia. Podemos disimularla más o menos, pero es algún tipo de envidia. ¿Criticaríamos algo de una persona que nos da absolutamente igual? No. Si hablamos de alguien es sobre algún aspecto de su vida que nos provoca ese sentimiento en alguna medida. Quizá ni siquiera es porque queramos tener nosotros lo mismo, quizá no querríamos tener un trabajo como esa persona, o no nos gusta la forma que tiene de presumir ante los demás. Pero lo cierto es que criticamos porque tememos ser los únicos que “nos damos cuenta” de la actitud errónea, criticamos porque quizá nos molesta ver que otra gente sí le admira por la vida que lleva, aunque nosotros no la llevaríamos jamás ni nos haría feliz. Envidiamos la admiración ajena sobre algo que nosotros no valoramos y, además, consideramos que esa admiración debería caer sobre nosotros.

A veces la envidia es más ruin de lo que nos pensamos. En ocasiones, criticamos a gente que simplemente es feliz, precisamente porque es feliz con vidas que nos parecen peores que la que llevamos nosotros, o que no nos parecen valiosas. Ahí la envidia toma un cariz más oscuro. Nuestra incapacidad para disfrutar la vida que tenemos, o el miedo que impide que cambiemos nuestra situación para que se asemeje a lo que nos gustaría, hace que intentemos derribar la felicidad de los demás, al menos en nuestra imaginación, para sentirnos mejor de alguna extraña y retorcida manera. Desde luego que funciona, si no, no lo haríamos. A mí me ha funcionado en muchas ocasiones.

Otras veces, criticamos porque nos sentimos amenazados o atacados, aunque sea sólo una sensación. La forma de actuar o de vivir de alguien nos hace sentir incómodos. Quizá es que lleva una vida que mantiene ideales contrarios a los que nosotros pensamos que son los correctos y nos da miedo descubrir que, tal vez, estemos equivocados. Que tal vez nuestros principios o ideales sean un bluf. Y criticamos para intentar confirmar nuestra filosofía de vida.

Como ejemplo, siempre pienso en la idea tantas veces comentada con algunos amigos míos de que nadie puede hacerse rico o tener dinero sin aplastar a los demás. Probablemente hemos visto muchos casos a lo largo de la historia como para tener razones más que fundadas para pensar que esto es así, no podemos negarlo. Pero el mundo ha cambiado, y lo sigue haciendo, y esto no es totalmente cierto hoy en día. Como muestra pondría: J. K. Rowling, la escritora de Harry Potter, que se ha hecho millonaria gracias a sus novelas y a las películas sobre las mismas; George R. R. Martin, escritor de, entre otros libros, la serie de Juego de Tronos; los creadores de Super Meat Boy, videojuego indie que en su primer día de venta recaudó millones (y siguió vendiendo durante mucho tiempo). A pesar de esto, se sigue diciendo que si alguien tiene dinero, algo cruel o malvado habrá tenido que hacer. Y no es por envidia en este caso (o quizá también). Creo que es porque choca con la concepción del mundo que se tiene en la que alguien gana dinero a base de explotar a otros. Y como mucha gente se ha construido el mundo, sus valores y sus principios en base a alguna de estas ideas, resulta difícil cambiarlo o replanteárselo. Y quizá es finalmente cierto, y estos sólo sean casos excepcionales, pero para poder afirmar eso habría que realizar una investigación demasiado exhaustiva. Así que, se vuelve a la idea primera que tenga cada uno.

En definitiva, se basa en nuestro ego y nuestra forma de ver el mundo. Todos pensamos que tenemos los principios adecuados -puesto que si no, tendríamos otros- que son los mejores y los más justos y que nuestra forma de entender el mundo es la correcta. Y cuando nos enfrentamos a otra forma de hacerlo, a gente con otros principios -no necesariamente peores- que triunfan más que nosotros, y no me refiero en lo económico necesariamente, nos sentimos atacados. Es como si esa persona nos dijese a la cara que nos hemos equivocado, que lo hacemos mal, y tenemos la necesidad de encontrarle fallos, o defectos o comportamientos que nos confirmen que somos mejores. En lugar de intentar entender qué ha hecho realmente para conseguir cosas que nosotros no hemos conseguido y ver si podemos mejorar y cambiar concepciones erróneas, resulta más sencillo atacar. Proteger nuestra personalidad de cualquier crítica.

Y eso es un error. Por eso quiero intentar dejar de hacerlo. Habrá veces en que tengamos razón, la vida no es justa y muchas veces otras personas conseguirán cosas que otras se merezcan más. Pero en otras muchas ocasiones, podemos aprender del éxito de otros a ser mejores. Lo único que hay que hacer es ser capaces de criticarnos y evaluar qué podemos estar planteándonos erróneamente. No es un ejercicio fácil, pero es la única manera de avanzar.

Personas

Lo anterior nos lleva al hecho de que hay diferentes tipos de personas. James Altucher establece cuatro categorías generales que me parecen bastante acertadas. Todos podemos clasificar en general a todo el mundo que hemos conocido en alguna de esas categorías: gente feliz, gente infeliz, gente buena y gente de mierda.

Desde luego, lo ideal sería estar en la primera categoría y la tercera. Al menos, mis principios así me lo dicen. En el peor de los casos, estar en la segundo y evitar a toda costa convertirse en la cuarta. El asunto es determinar qué categoría corresponde a cada persona que conocemos y ahí la envidia y el tipo de persona que seamos nosotros afectará dramáticamente al resultado. Cuando somos infelices -aunque sobre la felicidad prefiero hablar de sentirse o no sentirse feliz- tendemos a criticar más, a juzgar a las personas como si fuesen peores de lo que son, a ser más crueles. Es normal, puesto que nuestra infelicidad o nuestro dolor nos hace sentir todo de forma más pesimista. Nos volvemos tóxicos porque el sufrimiento que llevamos, del que puede que no seamos del todo conscientes, nos hace pensar que todo está en nuestra contra, nos duele ver que otros tienen recompensas que nosotros también mereceríamos, pero no las obtenemos. Por tanto, llegamos a la errónea conclusión de que eso significa que no se lo merecen.

Cuando somos felices, es justo al contrario, o casi. Aunque no creo que pensemos que el mundo es justo por arte de magia, sí es verdad que podemos observar mejor y ver qué ha hecho cada uno para merecer lo que tiene y entendemos y reconocemos los méritos de otros. Es el mejor estado, puesto que podemos aprender de otros y de las ideas o acciones que les han llevado a obtener su vida y las cosas que en ella tienen. Y eventualmente, usarlas para obtener también nosotros esas recompensas. Otra ventaja de ser feliz, es que resulta más sencillo ayudar a los demás. O al menos intentarlo.

Respecto a las personas buenas, el objetivo creo que ha de ser acercarse a ese ideal lo más posible. Lo que no significa ser tonto ni renunciar a todo lo que tenemos porque haya otras personas que no lo tienen o que sufren. Eso es masoquismo. No creo que haya que comentar demasiado.

Por último, la gente de mierda. En muchos casos, personas que estén en una mala situación, que estén sufriendo, que sean infelices, se comportarán como gente de mierda. Pero el mecanismo subyacente será la envidia que hemos comentado antes, o la rabia que produce el dolor -físico, psicológico o emocional- y, aunque puede ser complicado, se puede llegar a descubrir que no son malas personas. Pero no nos engañemos, esto no es una cuestión de relativismo, ni de formas de ver el mundo: hay gente de mierda. Y de estas personas hay que huir como de la peste. No se puede pensar que la idea del buen salvaje es cierta, porque la realidad es que existen individuos que son malos, egoístas y que pasarán por encima de quién sea para conseguir sus metas, o para hundir a otros y sentirse mejor. Como dice el título de la entrada, gente tóxica a la que hay que evitar. Ni siquiera penséis en intentar ejercer algún tipo de justicia, intentar boicotearles o devolverles las malas jugadas que os hayan hecho. Esto llevará a dos posibles casos: el primero, que la venganza tenga éxito, lo cuál os reportará alguna gratificación personal de haberlo conseguido, aunque implique un gasto de esfuerzo y energía que se podría emplear en mejorar vuestra vida de mil maneras más duraderas; el segundo, que no consigáis la venganza porque nunca hay un plan perfecto y os amarguéis por la mala suerte que supone haber gastado energías en algo así para nada. Además, en ambos casos, existe la posibilidad de que se vuelva contra vosotros. Mi consejo: alejaos de esas personas que sólo generan mal ambiente y malos sentimientos. Dejadlo ir, incluso si no hay justicia “universal” y a esa persona de mierda le sigue yendo bien. Es mejor centrarse en que nos vaya bien a nosotros independientemente de los demás.

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