Los que Descubren la Rueda en el siglo XXI

Hay gente que descubre la rueda hoy y te la muestra sorprendido y con un aire de grandeza, como diciéndote “mira que alucine, lo que he encontrado”. Y yo con cara de póquer. En concreto, hablo de mucha gente que tenían una opinión radical e inflexible en algún tema, que aparentemente estaban muy informados y con muchos argumentos para defender su posición, sus conclusiones eran extremas, blanco o negro. Uno pensaría que tras mucho investigar, realmente sabían de lo que hablaban. Pero luego resulta que no.

Todo esto viene a cuento de un post en un blog que, más o menos, seguía desde hace tiempo. No publicaba mucho, era un postdoc en Francia y desde que terminó estuvo un tiempo parado. Y de repente, una entrada en la que explica que ha entrado a trabajar en una farmacéutica aquí en España. Todo bien hasta ahí. Para mí, las farmacéuticas no son necesariamente el demonio. Soy partidario de que deben estar bien controladas, pero es que realmente creo que están bastante pilladas por parte de diferentes organismos públicos y europeos. Se pueden hacer las cosas mejor, desde luego, pero estas son empresas que invierten millonadas en desarrollar medicamentos y que buscan su beneficio una vez conseguido uno. Nada más ni nada menos. Pero la gente las ve como la semilla del mal. En lugar de quejarse de que los gobiernos no invierten en investigación, en enfermedades raras -y, por tanto, poco rentables para una empresa- o de que no controlan lo suficiente, se quejan y claman al cielo porque estas empresas no se comportan como ONG´s y buscan beneficios. Bienvenidos al mundo real, amiguitos.

El caso es que la vida es muy putilla y con una crisis grande, todos vendemos hasta nuestra madre si es necesario. Y a veces me da la sensación que cuanto más radical es alguien respecto a un tema, cuanto más grita y clama por la fortaleza de sus principios, cuanto más vocifera contra los “cobardes” o “vendidos” o “traidores” que no siguen sus idearios, más probable es que en algún momento se coja todos esos principios inamovibles y se los meriende sin hacer mucho ruido. Eso sí, descubriendo la rueda en el siglo XXI y explicando, pausada y tranquilamente, que eso que era el demonio, el enemigo a batir de la humanidad, aquello que representaba lo más oscuro y negro del ser humano… bueno, pues no lo era tanto, no estaba tan mal y resulta que ahora “hay matices”. Y te explican cosas, te exponen argumentos de porqué justo en su empresa tienen políticas de responsabilidad social, que es lógico que busquen beneficio porque invierten ingentes cantidades de dinero en procesos que pueden terminar en nada, que trabajan en medicamentos que pueden ayudar a la gente… como si fuese a ti a quién hay que convencer. Cuanto más avanza la explicación, cuanto más iba leyendo ese post, más me daba la sensación de que no me lo intentan vender a mí, no es a mí a quién intentan convencer, sino a ellos mismos. A esa parte de ellos mismos que hace unos meses o un año, argumentaban enfurecidos que mantener estos mismos argumentos, “defender” a las farmacéuticas, implicaba una corrupción moral de magnitud máxima. En esa época, si yo defiendo ante estas personas que las farmacéuticas no son el demonio necesariamente -tampoco ONGs, pero seamos sensatos- me hubiesen llegado a acusar de estar a sueldo de las mismas, en tono más irónico quizá. Pero ahora que ellos SÍ están a sueldo de las farmacéuticas, esos mismos argumentos toman un cariz veraz y razonable…

Esto, lo siento, significa simplemente que antes de dejaban guiar por sus ideologías y creencias, se creían lo que cuadraba con sus intereses. No eran razonables ni razonaban. Pero al tener que trabajar en ese entorno, comienzan a aceptar lo obvio: que no se comen niños. Entre otras cosas, siguen interesados solo en ver lo que les interesa, pero ahora son parte de ese “monstruo” tan temido, por lo que se abren a argumentos que antes negaban a ciegas. No es que ahora disfruten de nuevos datos con los que no contaban antes, que a veces parecen dar a entender eso, es que resulta que ahora les interesa tener en cuenta esos datos y no se cierran en banda.

También ocurre que, en ocasiones, esta gente realmente se pasa al lado oscuro. Ocurre que a veces estas empresas donde entran a trabajar sí son depredadoras, despiadadas. Pero supongo que es más fácil justificar con argumentos como los anteriores tu trabajo, la empresa donde estás, que reconocer que no sólo no mantienes tus ideas anteriores de lo malvada que es la empresa en cuestión -farmacéutica, petrolera… lo que sea- sino que encima trabajas para ellos. Supongo que nuestro cerebro ha evolucionado para evitar este tipo de conflictos morales cuando se trata de llevarse un trozo de pan a la boca. Pero es que el mismo que usa este argumento para justificar su empleo de 8 horas talando bosques, es el que años antes te gritaba a la cara que no ser coherente con tus principios y venderse a estos entes por un sueldo al mes era de cobardes y gente despreciable. Lo que pasa es que eso siempre ocurre cuando no tienen necesidades básicas que cubrir, o si las tienen, por su perfil profesional es imposible que puedan entrar en las empresas o el sector que estén criticando a muerte, como si de un enemigo personal se tratase.

También son los mismos que acusan a las farmacéuticas de enriquecerse con los medicamentos y defienden alguna tontería alternativa, como la homeopatía. Obviando, claro está que: 1)las empresas de homeopatía cotizan en bolsa y compiten en volumen de beneficios con las farmacéuticas, 2) comparando gastos en investigación entre unas y otras, es fácil ver que las homeopáticas saben que te están vendiendo agua, obteniendo así más beneficios puesto que no investigan una mierda -ya me dirás qué vas a investigar, si es magia- y 3) que es tal el negocio de la homeopatía que las farmacéuticas abren departamentos dedicados a ello, puesto que apenas hay gasto y son todo beneficios.

La conclusión que saco es que todos los que descubren la rueda en el siglo XXI están intentando convencer a esa versión de ellos mismos que era joven, sin responsabilidades, irracional y que se basaba en ideales utópicos y poca experiencia vital. Se sienten en la obligación de convencer a ese joven que ellos no se han vendido, sino que resulta que han encontrado la empresa con conciencia. No es que su versión joven estuviese equivocada o que viese el mundo sólo en blanco y negro, perdiéndose muchísimos matices; no es que antes fuesen más radicales y contundentes porque se lo podían permitir -no necesitas trabajar, no tienes facturas que pagar, no hay grandes responsabilidades económicas ni sociales- sino que ahora han encontrado justamente la única empresa buena o “no tan mala”. Pero no es así. El problema era la visión del mundo de ese yo anterior que le faltaba experiencia vital, le faltaba conocimiento y temple al pensar. Es decir, que antes estaban equivocados y el mundo no es blanco o negro. Ese es el problema y siempre lo ha sido: las visiones polarizadas y simplistas, que tienden a apuntar a extremos, sin detalles y sin matices. Así que ya sabéis que cuando alguien os esté vendiendo algún rollo de estos, cuando os esté explicando algo como un gran descubrimiento cuando sabéis que no lo es, probablemente esté intentando calmar a su yo pasado, polarizador e intransigente. Así que dejadles hacer, que seguro dormirán mejor.

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