La RAE y las tonterias de la gente

La RAE. La institución que se supone regula el uso del lenguaje de forma que se mantengan unas normas y reglas comunes para toda la comunidad hispanohablante. Cambios más o menos polémicos como el uso de tildes en “solo”, algo que se ha quitado como obligatorio. Otras cosas de las que nadie parece enterarse y a nadie parece importarles. Y sin embargo, siempre que sacan una nueva regla o un nuevo diccionario, se monta el cristo. Y esto ocurre por un motivo: la gente piensa que la RAE regula, cuando lo que hace es constatar y oficializar el USO que ya se hace del idioma.

El objetivo de la academia no es definir qué significa cada palabra, sino constatar el uso que se hace de esa palabra en la comunidad hispanohablante. Una tarea titánica, si tenemos en cuenta la cantidad de países de habla española que tienen sus propios usos, frases, construcciones y palabras locales. Pero la gente no se entera. Piensan que cuando la RAE saca un nuevo diccionario con la palabra gitano o autista y su definición, la misma academia es la que ha decidido cuál es su uso. ¡Pero esto no es así! Por favor, usemos un poco la cabeza, pensemos un poquito, que tampoco duele tanto. La RAE recoge el uso que la gente YA está utilizando en la calle. Se pueden equivocar, generalmente porque haya usos o significados que no sean correctos o no recojan adecuadamente la forma en que la gente los usa, pero criticar a la RAE de machista, racista o discriminadora por las definiciones de palabras como gitano o autista es como poco ser un poco cortito de miras.

Es que siempre se repite la misma historia, y los de la academia siempre tienen que explicar lo mismo: los diccionarios que editan no definen el significado de las palabras, recogen el uso que se les da por los mismos hablantes. Así, si los hablantes usan el término autista para referirse a “Persona encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad“, por mucho que les joda a las asociaciones de familiares de autistas, es una realidad que ha de reflejarse. Lo mismo pasa con la palabra gitano o la palabra judío. El problema no está en la RAE, sino en la gente que usa las palabras. Otra cosa es también que sea “un problema” como tal, puesto que hay expresiones hechas o usos de palabras que se emplean por su fuerza a la hora de describir lo que queremos expresar. El idioma no puede ser como el lenguaje técnico, describiendo con precisión metódica cada concepto que queremos reseñar. El idioma sirve para expresar también sentimientos de distinta intensidad, humor, enfado, pasión… Y eso implica que se usen palabras distintas, que diga de alguien que es autista porque está realmente ajeno al mundo y quiero expresar lo extremo de su posición, algo que no se consigue simplemente diciendo que es despistado, por poner un ejemplo. Y nadie va a interpretar que padece autismo, sino que va a entender lo que quiero decir. Y esto pasa con muchas palabras.

Otra cosa es que resulta que, respecto a esto del autismo, les molesta que se use el término padecer, puesto que “ese término hace pensar que el autismo es un mal o una enfermedad”. Bueno, estoy seguro que detrás de esta frase hay razones fundadas. Probablemente sea que el autismo es una condición, no es una enfermedad. Pero sinceramente, eso de que no es un mal, me cuesta más aceptarlo. En el sentido de que un autista tiene dificultades para llevar una vida normal, para vivir en sociedad sin ayuda o apoyo y para relacionarse de manera normal. Es como esta corriente que consiste en decir que alguien con alguna discapacidad resulta que ahora es alguien con “diversidad funcional”. Cada uno que hable como quiera, pero cambiar las palabras no va a cambiar la realidad. Es duro y seguro que es más fácil decirlo desde mi posición, pero tampoco hay que engañarse. No me gusta esa corriente que hay ahora que consiste es intentar negar la realidad por medio de las palabras, obligar a los demás a usar términos confusos o imprecisos o a inventarse adjetivos propios. Algo así como si yo me cabrease porque en la RAE ponen que gordo -algo que he sido gran parte de mi vida- significa que tiene sobrepeso y pretendo que la gente no use ni gordo ni sobrepeso, sino alguna majadería inventada por mí como “de dimensiones alternativas”. Las cosas como son. Las palabras expresan significados y las personas les añaden connotaciones, que dependiendo del contexto y la entonación, cambian. Pero de ahí a pretender hacer malabarismos con el idioma, intentar negar una realidad -por difícil o dolorosa que sea- no sé hasta qué punto puede ser útil. En cualquier caso, yo debo tener la opción de elegir, de decidir rendirme a esa ilusión o de seguir usando las palabras según su significado, sin correcciones políticas ni mojigatería.

Por otro lado, el control del pensamiento o de la población a través del lenguaje -que es en el fondo lo que se pretende- es algo que siempre ha ido asociado a dictaduras de distinto tipo.

Prohibir términos -en este caso, penalizando su uso como poco ético o inapropiado- que no gustan a un colectivo, cambiar significados de forma unilateral, criticar a quién usa un término políticamente incorrecto -aunque se use correctamente- es una estrategia que, por un lado, me parece poco útil porque la gente terminará haciendo lo que ocurre en muchos ámbitos: en público no la usa y se adapta a la imposición para no ser incorrecto, pero en su ámbito más informal, en su vida diaria, seguirá hablando normal. Por otro lado, me recuerda demasiado a lo que se hace en ciertas dictaduras. Crear tabús sobre ideas, sobre conceptos o palabras. La forma de hablar se cambia con trabajo, convenciendo a la población de que hay que dejar de usar gitano, por ejemplo, con su connotación despectiva. Argumentando. Es un trabajo que no es fácil, pero que se consigue. Mi abuelo y la gente de su época, usaba la expresión “merienda de negros” como algo habitual. A base de trabajo, la sociedad se concienció de que esa expresión era, no sólo inadecuada, sino muy ofensiva. Pero se tardó tiempo hasta que mi generación por fin la dejó de usar (al menos, de forma generalizada, siempre hay excepciones). ¿De qué hubiese servido intentar prohibir esa expresión? Si hubiese sido una palabra ¿hubiese bastado con quitarla del diccionario? Desde luego que no.

Creer que se puede cambiar una realidad cambiando las palabras y el lenguaje a golpe de decreto, o editando el diccionario decidiendo qué ha de significar cada palabra, o determinando que algo no es un mal, sino una condición tan normal como ser zurdo -por poner una comparación extrema- es de una ignorancia enorme. Quizá a nivel “oficial” o público se consiga algo, pero si con eso se conforman, añado cortedad de miras a lo anterior. Si de cambiar el concepto social que se tiene de algún colectivo se trata, para mí lo relevante no es que en un libro, como puede ser el diccionario, o el BOE o el código civil, se usen las palabras como se pretende. Lo relevante será cuando la población, de forma natural y no forzada, use el término sin esas connotaciones negativas. Y eso sólo se consigue con trabajo, con concienciación y esfuerzo. Y puede que al final, la población en su conjunto rechace el cambio. En ese punto, hay que pensar que quizá los equivocados somos nosotros, que quizá hemos intentado rehuir una realidad cambiando significados o quizá, la economía del lenguaje -que en el fondo optimiza el proceso de comunicar- ha jugado en nuestra contra.

En conclusión, me parecen absurdas las críticas a la RAE por estas cuestiones. Además, me da la impresión (equivocada espero) de que estos colectivos que critican son gente enfadada, gente descontenta con todo aquello que no cuadra con su visión del mundo, que no se paran a pensar en qué ocurre en realidad, sino que embisten contra lo primero que ven, en este caso la academia. Y no me gusta esa gente. No me gusta la cortedad de miras.

El diccionario está para recoger los usos de las palabras, usos que hacen los propios hablantes. Pero desde hace unos años se pretende cambiar la realidad cambiando las palabras. El lenguaje políticamente correcto se ha abrazado como la solución a todo. ¿Alguien se siente mal, o discriminado o considera que las palabras que le describen son ofensivas? La culpa es de la RAE, cambiemos el lenguaje, quememos los diccionarios… Eso me parece muy propio de dictaduras: prohibir términos, limitar la libertad de expresión y pretender que todos se adapten de forma artificial a unas ideas o normas decididas por unos pocos.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2281553/0/palabras-polemicas-rae/gitano-gallego-hacker-autismo/nuevo-diccionario/#xtor=AD-15&xts=467263

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2281553/0/palabras-polemicas-rae/gitano-gallego-hacker-autismo/nuevo-diccionario/#xtor=AD-15&xts=467263

Como se enfada la gente con la RAE cuando es claro que SOLO recoge el uso de las palabras http://www.20minutos.es/noticia/2281553/0/palabras-polemicas-rae/gitano-gallego-hacker-autismo/nuevo-diccionario/

No es una entidad que cambie el significado de la lengua. Cambiar los papeles no cambiaria la realidad.

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10 comments

  1. Violeta · noviembre 25, 2014

    Bueno, creo que no descubrimos la rueda al decir que la RAE comete muchas, muchísimas meteduras de pata que suelen ser noticia. Aunque no siempre, obviamente. Pero son muchas las ocasiones en que llega increíblemente tarde, o se dedican a cambiar reglas o palabros sin sentido aparente (contradiciendo su supuesta labor de dar el significado que se utiliza a las palabras). Tienen también una labor asociada de mantenimiento de rigor y corrección del lenguaje y no creo que sean (ni deban ser) simples traductores de lo que se habla en la calle. Es decir, claro que su trabajo como académicos de la lengua tiene una repercusión en el propio uso que se da a las palabras. Y a veces, y no pocas, la cagan. Siempre habrá colectivos que se sientas más o menos agredidos, y habrá que analizar cada caso para determinar qué punto de razón tienen, pero vaya…. que la RAE se cubre de gloria con cierta frecuencia, es así.

  2. Victor · noviembre 25, 2014

    No estoy de acuerdo. La RAE tiene que conjugar los usos de las palabras de muchas regiones y países y que en nuestro entorno algo no se use, no significa que no sea de uso generalizado. Por ejemplo, las palabras autista o gitano, que crearon bastante polémica, se usan de forma habitual con el significado que les atribuye la RAE. Guste o no, la RAE no es un instrumento de control social, político ni de pensamiento. Pueden hacer mejor o peor su cometido, pero eso no significa que su cometido sea eliminar lo políticamente incorrecto del diccionario.

    Respecto a que llegue tarde o cometa muchos errores, creo que el fallo esta en que no sabes el total de palabras que modifica, sino el numero de palabras que crean polémica. Si cada nueva edición tiene, pongamos, 2 o 3 palabras polémicas, lo importante no es eso, sino cuantas palabras han modificado. Si han modificado 10.000 palabras, decir que comete muchísimas meteduras de pata es una metedura de pata en si misma. Así que me parece exagerado decir que siempre mete la pata o se cubre de gloria con frecuencia. Porque es una percepción sesgada de la realidad.

  3. Javier · noviembre 26, 2014

    Yo estoy en absoluto desacuerdo contigo en muchos aspectos respecto a lo que dices en este texto, y pienso que algunos de los ejemplos que pones para ilustrar tu posición no son adecuados. A ver, por partes.

    Para empezar, es importante entender que la manera de pensar y la de hablar se retroalimentan. No es un flujo de ideas monodireccional, y esto es fundamental para entender lo que voy a decir a continuación, porque la manera de hablar puede configurar la manera de pensar.

    Las labores de la Academia (en conjunto con el resto de academias) son dos: mantener la unidad de la lengua e intentar adaptarla a las nuevas necesidades de los hablantes. Esto no quiere decir que específicamente se dedique a recoger los usos, sino que es la autoridad que LEGISLA, lingüísticamente hablando, sobre aquellos términos que son considerados correctos en lengua castellana y los que no. En este sentido, el concepto es diametralmente opuesto al de los anglosajones, de tradición muy liberal, cuyos diccionarios no son emitidos por una autoridad académica “oficial” y, por tanto, varios diccionarios de referencia pueden ser contradictorios. Es el caso de los diccionarios de Oxford y el Merriam-Webster americano. La distinta ortografía de las palabras viene simple y llanamente del hecho de que los americanos consideraron el segundo como su referencia y no el primero. También incluyen términos nuevos cada año sin necesidad de que tengan un largo recorrido, simplemente por haberse hecho populares ese año. Sin embargo, como he dicho antes, el concepto de nuestra Academia es el de legislar.

    Debemos distinguir dos conceptos: Diccionario de usos y diccionario de definiciones. El primero, debe recoger acríticamente el uso de los hablantes, sin perjuicio de aquellas definiciones que puedan resultar ofensivas. Por ejemplo, un diccionario de idiomas debe indicar a la persona extranjera que se puede estar utilizando un término en sentido peyorativo de manera vulgar, aunque la RAE no lo contemple.

    Sin embargo, el diccionario de la RAE es la referencia a la que nos remitimos todos para saber si una palabra está usada “correctamente” o no. Es decir, es la autoridad en esta materia y la que sentencia en caso de discusión quién tiene razón y quién no (miles de debates acaban con el recurso al diccionario de la RAE), independientemente de lo que diga la gente.

    Habiendo dejado esto claro, este diccionario debe tener la labor de recoger los términos de manera que no se contemplen significados discriminatorios. Eso no quiere decir que esos términos no existan, ni que se prohíban. Pero no deben ser considerados “correctos”.

    Por ejemplo, cuando te has referido al término “gordo”. Considero que tu ejemplo no es bueno. Gordo significa gordo sea para insultar o no. Pero si se hubiera hecho una asociación entre gordo y tonto, de manera que una definición de gordo fuera “persona corta de entendederas”, estaríamos admitiendo un prejuicio como válido. Estaríamos diciendo que es correcto asociar esas dos ideas, independientemente de que son sucesos independientes. Pero lo peor, la autoridad estaría refrendando ese prejuicio. Lo mismo pasa con autista o gitano. Lo mismo pasaba con la palabra judío y “usurero”. O con los gallegos. Si la academia tiene la capacidad de legislar para mantener la unidad de la lengua, la academia debe también ser militante en contra de los prejuicios. Nadie debería poder recurrir al diccionario para reafirmarse en sus prejuicios (http://www.publico.es/espana/300104/bronca-entre-julia-otero-y-arcadi-espada-por-rosa-diez ). Y, repito, otra cosa son los usos, que independientemente de ser considerados correctos por la Academia, se pueden recoger en un diccionario de usos.

    Y sobre lo de los acentos, que es otro tema, también tengo mi opinión pero me la reservo para otro día 😛

    • Javier · noviembre 26, 2014

      Acabo de comprobarlo, y efectivamente gordo aparece con sentido peyorativo:
      6. adj. ant. Torpe, tonto, poco avisado.
      Lo cual me parece lamentable.

      • Victor · noviembre 26, 2014

        Yo no tenia ni idea, pero mira, eso ayuda a entender cuando alguien lo use de esa manera. Estoy muy a favor de que el diccionario refleje solo el uso, no lo “correcto”.

  4. Victor · noviembre 26, 2014

    En primer lugar, gracias por comentar. Es interesante lo que dices y ciertamente el ejemplo de gordo no es del todo adecuado, porque deja matices a un lado, matices que si están presentes en el caso de gitano o autista. Pero lo que me parece es que no es cierto que la RAE tenga que legislar. La RAE sirve como referencia de que es correcto y que no en base a lo que los hablantes usan de manera extendida. La lengua no fue creada desde cero ni nada parecido, sino que cuando se decidió crear gramática, se partió de las formas YA existentes. Es decir, nunca en toda la historia, las academias han servido para, ni han podido, dictar la forma y estructura del lenguaje por encima de los usos que los hablantes de la misma les daban. Lo que planteas es “diseñar y dirigir” el lenguaje, confiando en que así cambien las mentalidades. Pero eso no tiene sentido, no porque no sea cierto que idioma y pensamiento van ligados, sino porque la gente va a seguir hablando de la misma manera o va a cambiarla en base a la sociedad, no en base a lo que diga una real academia o un diccionario. Y porque la gente usa y adapta el lenguaje para comunicar lo que piensa, pero no al revés. No importa que decidas suprimir usos de palabras en el diccionario porque la gente ya conoce esos usos. Los hablantes no recurren al diccionario para determinar si gitano puede ser usado de forma peyorativa o no, no recurre al diccionario para ver si autista puede aplicarse a alguien que no tiene esa condición pero parece alejado de la realidad. La gente lo usa y punto. Y solo consulta el diccionario en discusiones menos relevantes como saber si se puede escribir almóndiga, o para entender el significado de una palabra desconocida. Este ultimo punto resulta importante, puesto que para alguien extranjero es muy útil tener un diccionario de usos, que es de lo que se trata, para entender mejor los significados de la lengua hablada. Y por mucho que sea peyorativo (algo que se avisa, si no recuerdo mal, en el mismo diccionario), saber que gitano se puede entender de esa manera en determinados contextos le ayuda a comprender mejor el idioma.

    Por otro lado, ahora puede parecerte buena idea que la RAE sea guardián del idioma, o que pueda establecer el uso correcto de palabras y sus significados. Porque la razón para que lo haga es en principio loable, es decir, eliminar discriminaciones. Pero que pasaría si alguien decidiese que el termino fascista refiriéndose a alguien intransigente, violento y con ideas totalitarias es peyorativo y que se debería cambiar su uso a “persona de ideas conservadoras”? Ahí ya no te gustaría tanto que la RAE controlase el idioma, ahí dirías que es intentar manipular a la población, intentar engañar. Pero es el mismo caso de manipulación (aunque con mejores intenciones, desde mi punto de vista), en el sentido que se trata de intentar imponer formas de usar el idioma y significados a la gente que lo usa, por medio de una autoridad. Si aceptamos el primer caso, antes de que nos diésemos cuenta habría una guerra por el significado de las palabras, por conseguir su monopolio, y la RAE se convertiría en un instrumento mas para imponer ideologías y agendas políticas. Perdería toda su utilidad.

    En resumen, la idea es que una palabra se usa correctamente (con o sin comillas) si la mayoría de hablantes de la lengua les da el mismo significado. No existe el lenguaje “correcto” de forma teórica, porque el idioma refleja, como tu mismo has dicho, las idiosincrasias y la mentalidad de sus hablantes. Y la única forma de cambiar eso es cambiar la forma de pensar de los hablantes. El lenguaje políticamente correcto no ha eliminado injusticias jamás, ni lo hará; ha creado tabús, ha escondido usos a entornos privados, pero no los ha eliminado; un lenguaje diseñado para no herir sensibilidades es un lenguaje artificial, puesto que un idioma tiene significado y entidad al ser usado por los hablantes, no por ponerlo sobre el papel. Me parece una visión algo cándida del mundo, aunque ojala fuese tan sencillo cambiar ciertas cosas.

    • Javier · noviembre 26, 2014

      Creo que no entiendes el problema. La RAE YA LEGISLA y manipula significados (por cierto, tu ejemplo de fascista tampoco me parece bueno, luego explico por qué). Ya existe neolengua. Ya se intenta imponer desde muchos sectores políticos términos de siempre con significados propios de la ideología dominante. Eso no lo va a cambiar la RAE y, a veces, incluso lo ratifica.

      Pero tienes que entender que la RAE tiene mucha más influencia de la que te puedes imaginar. Y la tiene desde que existen las escuelas públicas. Cuando tú oyes a alguien hablar como un paleto (no de acento, sino de léxico), lo que estás oyendo es probablemente a un señor que habla un castellano antiguo (y no me refiero a su generación). Un castellano heredado de padres a hijos. Sin embargo, en muchos casos, el castellano que hablamos, es el de gente con educación que ha interiorizado muchas de las normas de la RAE en la escuela. Porque la RAE no se limita a recoger los usos sino que, repito, LEGISLA.

      Por tanto, eso ya existe. Y existe con el fin de mantener la unidad de la lengua. Yo seguiré diciendo “y griega”, probablemente, pero a mis hijos les enseñarán en el colegio que la letra se llama “ye”, porque así vendrá en los libros y así se enseñará. Y en un par de generaciones, decir “y griega” podrá sonar antiguo y paleto. Así es como funciona.

      Es cierto que existe el peligro que dices. Sobre el término fascista, si miras la definición, http://buscon.rae.es/drae/?type=3&val=fascista&val_aux=&origen=REDRAE , verás que la única acepción “generalizadora” es la tercera. Y no, no estoy de acuerdo contigo. Si en lugar de recoger usos generalizadores, fuera más rigurosa y distinguiera “fascista” de “autoritario” y de “totalitario” y evitara recoger usos que las confundieran, sería un paso para educar en conceptos de política a la gente.

      Otra cosa son los tabús y los eufemismos. Repito que defiendo que existan diccionarios de usos, que las editoriales publiquen sus diccionarios. No hablo de que se prohíba ni censure nada. Lo que digo es que, la autoridad de la RAE va más allá de ser puramente descriptiva. No es la autoridad que tiene un académico de la facultad de filología, que es un estudioso. Es eso y, además, define la gramática, la ortografía y las definiciones. Los tabús y los eufemismos existen, lo diga la RAE o no. Así, por ejemplo, durante mucho tiempo palabras como “negro” o “moro” se han convertido en tabú por el uso que los racistas hacían de ellas. Decir “persona de color” o evitar decir “moro” ha sido una imposición de los racistas a los que muchos no querían parecerse. La RAE, en ese caso, no debe dejarse seducir por esos usos para su diccionario de definiciones. Ni tampoco en el caso de fascista. Yo la uso. Y generalizo. Pero quiero pensar que sé distinguir a los verdaderamente fascistas, de quienes son conservadores pero demócratas o de quienes son totalitarios pero no fascistas. Sin embargo, mucha gente, guiada por el uso, no lo hace. No distingue. Es verdad que para eso también existen las enciclopedias. Pero una cosa es una explicación y otra una definición. Y yo le exijo rigor a las dos, aunque la segunda contenga seis líneas frente a las cincuenta de la primera.

      Es verdad que la línea que separa EDUCAR de MANIPULAR, a veces es fina (educar es manipular, al fin y al cabo, pero con buenas intenciones), pero vale la pena intentarlo. Y, repito, eso no significa censurar nada. Simplemente distinguir entre uso y definición. Sobre lo que dices de que pueda utilizarse esto para el mal, bien, tienes razón. Pero es que ya se hace. La herramienta ya existe. Hay una autoridad por encima de las demás. Lo importante es que haya libertad de prensa y de expresión. Que no sea delito ir en contra de la autoridad de la RAE. El lenguaje políticamente correcto e incorrecto seguirá existiendo, a pesar de la RAE. La gente seguirá autocensurándose y también seguirá expresando su intolerancia con el lenguaje, por mucho que la RAE diga A o B. Sin embargo, dada su autoridad, yo le exijo rigor y que no se limite a recoger usos, sino que se deshaga de aquellos que son discriminatorios. Y, cuidado, no digo que elimine los términos peyorativos. Ni siquiera los racistas. “Sudaca”, por ejemplo, es un término exclusivamente peyorativo. Se recoge su uso. No significa otra cosa que no sea “Sudamericano”. Pero es peyorativo. Me parece bien que esté en el DRAE. Me parece mal que se use. Sin embargo, si “negro” significa “16. m. Persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios.” o aparece en la expresión ” trabajar más que un ~, o como un ~. –> 1. locs. verbs. coloqs. Trabajar mucho.”, es un uso que alude al pasado de la esclavitud, es discriminatorio y no debería refrendarse (y, ojo, que siempre estoy usando esta palabra y no “admitirse” o “tolerarse”) por parte de la RAE. Y sí, debería aparecer en un diccionario de usos. Porque se usa. Pero no reflejarse si puede resultar discriminatoria.

      El límite entre lo “políticamente correcto” y el “lenguaje no discriminatorio” reside, básicamente en que el primero genera tabús y eufemismos, pero no te hace pensar de manera no discriminatoria. Por eso me parece importante.

  5. Victor · noviembre 26, 2014

    Me parece interesante tu punto de vista, aunque sigo sin compartirlo. Tu ejemplo de la y griega no es correcto porque, aunque creas que no, en Sudamérica y Centroamérica es de uso común y el de “y griega” no se usa. Es decir, la RAE esta de nuevo constatando el uso de la lengua por parte de los hablantes. Y simplemente dice que, por unificar criterios a nivel académico y lingüístico, se ha de usar ye. Vuelve a ser una cuestión de uso y simplicidad, no de legislar. Es decir, que primero ocurre que un termino se impone en el uso y luego suena anticuado, pero la RAE no hace mas que constatar el cambio. Que alguien use términos de castellano mas antiguo no significa que sea menos culto, pero si que usa un castellano desfasado comparado con el uso generalizado por parte de los hablantes. Sigo sin estar de acuerdo en que se legisle en este asunto o ejemplo.

    Respecto a la neo-lengua, creo que pasa lo mismo. Las batallas ligüisticas no solo se producen por parte de los neocons, con términos como “flexibilidad”, “emprendurismo” y demás palabras que parecen significar algo positivo cuando intentan ocultar una realidad cruda; también se usan por corrientes feministas (son bastante prolíficas estas corrientes a la hora de acunar términos, frases y conceptos inexistentes), movimientos políticos (casta ya no significa lo mismo desde la irrupción de Podemos)… Es decir, todos intentan adaptar el lenguaje a su idea. Y en muchas ocasiones se consigue, momento en que la RAE lo registra. Que no nos guste que un termino neocon se acune pero si otro como como el de casta, no significa que la RAE este legislando, sino que la adopción del mismo ha ido en contra de nuestros principios. Pero tocar aguantarse, que le vamos a hacer.

    “Si en lugar de recoger usos generalizadores, fuera más rigurosa y distinguiera “fascista” de “autoritario” y de “totalitario” y evitara recoger usos que las confundieran, sería un paso para educar en conceptos de política a la gente.”
    De nuevo, los usos YA EXISTEN antes de que la RAE los recoja, ya se usan y ya se entienden y difunden entre la población. Lo que planteas si es establecer un lenguaje oficial, con las ideas o incluso ideologías correspondientes (aunque en este caso plantees algo correcto para mi como la tolerancia, anti-discriminatorio). Y eso me parece demasiado peligroso. Por otro lado, educar a la población a base de “diseñar” el idioma, a base de establecer “que esta bien y que esta mal” es pretender establecer la propiedad del idioma en alguien que decide que es vejatorio, que es descriptivo y que no lo es. Cuanto crees que tardarían en querer eliminar “sudaca” cuando viesen que se puede “diseñar” el diccionario? Estarían en su derecho y seria lógico. Aunque el resultado sea un diccionario de un idioma que NADIE hablaría, un lenguaje “correcto” u oficial que no EXISTIRÍA en realidad y que no serviría mas que para darnos palmaditas en la espalda por lo bien que lo hemos hecho. No se educa a la gente con diccionarios ni con normas en algo que les pertenece en realidad, como es el lenguaje hablado.

    Un ultimo detalle es la supuesta diferencia entre uso y definición. Como se define una palabra? POR EL SIGNIFICADO QUE LE DAN LOS HABLANTES. No existe una palabra per se, sin que haya sido usada con un significado distinto. De esa forma, las palabras mutan y terminan significando cosas distintas de lo que en principio significaban. Es la evolución natural del idioma. Pretender crear un diccionario de definiciones y otro de usos es establecer una distinción artificial: cuando se cambiaría el uso? Porque moro tiene connotaciones negativas ahora, pero no cuando se convivía con los árabes en España. Es un insulto ahora, era una descripción antes, igual que cristiano. Cuando o como decidir que la definición ha cambiado? No se puede, anquilosarías el idioma porque le establecerías significados inamovibles a las palabras, al considerar que significado y uso no son iguales.

    No creo que lleguemos a estar de acuerdo en esto. Pero en cualquier caso, y aun teniendo en cuenta que la RAE se equivoque en ocasiones, no creo que sirva de nada lo que se plantea de eliminar significados “discriminatorios” del diccionario. Solo haría menos útil un diccionario y mas confuso para un extranjero aprender el idioma.

  6. Javier · noviembre 26, 2014

    No, Víctor. Lee: http://www.rae.es/consultas/un-solo-nombre-para-cada-letra
    No recoge un uso. Eso ya lo hacía. Lo que hace es recomendar (o legislar) para que se unifiquen criterios en pos de la unidad de la lengua. Luego más abajo dice: “La recomendación de utilizar un solo nombre para cada letra no implica, en modo alguno, que se consideren incorrectas las variantes denominativas con vigencia en el uso que presentan algunas de ellas”. Es decir, como ves, distingue sus “recomendaciones” de los “usos”. Ya lo hace. No digo que haga nada nuevo. Digo que lo que ya hace lo aplique a ciertos términos para hacerlos no discriminatorios. Que distinga un diccionario de “usos” de un diccionario de “definiciones”. Una academia de la lengua no hace leyes del Estado. No puede prohibir nada. Solo se puede dedicar a recomendar y definir de cierta manera.

    Muchos usos que se hacen de las palabras y que están más que extendidos, no se recogen o se recomienda no usarlos. Un ejemplo: http://lema.rae.es/dpd/?key=detr%C3%A1s
    “2. Por su condición de adverbio, no se considera correcto su uso con posesivos: detrás mío, detrás suyo, etc. (debe decirse detrás de mí, detrás de él, etc.). En el habla popular de la zona andina (el Perú, Bolivia y el Ecuador) se usa con posesivos antepuestos, en construcciones precedidas de la preposición en (más raramente por): Se colocó en su detrás. Se recomienda evitar esta construcción en el habla esmerada.”

    Según tu criterio, esto violaría la libertad de las personas y las censuraría. Pero no, una vez más distingue “recomendación” o “incorrección” del “uso”, que también recoge como puedes comprobar. En el caso de las palabras, un diccionario descriptivo de usos puede ser una valiosa herramienta, pero separada del diccionario de definiciones. Un ejemplo aberrante de recoger usos simplemente es éste: http://www.salon.com/2013/08/22/according_to_the_dictionary_literally_now_also_means_figuratively_newscred/

    Como ves, según ese diccionario inglés, la palabra “literalmente” ha perdido su significado, dada la aceptación acrítica del uso con significado contrario al del propio término. Eso la RAE no lo haría.

    Por eso digo que, como la RAE no se va a dedicar a prohibir nada a nadie, ni a amenazar a la gente, el hacer una lengua no discriminatoria, no cuesta tanto. Y si, como he leído en tu facebook, eliminaran la definición de democracia, usar esa palabra sería un acto de rebeldía, mientras que si eliminan el significado peyorativo de “gitano” y la gente lo usa, no es rebeldía: sigue siendo racismo.

    Bueno, I made my point. No contestaré más porque sería repetirme 🙂

  7. Victor · noviembre 26, 2014

    No, no me he debido explicar bien. Las recomendaciones de la RAE por lo que estás contando es respecto a gramática, sintaxis y temas afines. No sobre significados. En cualquier caso, entiendo lo que dices. El fondo de la cuestión es que para mí da igual que la RAE recomiende o no significados de palabras (que vuelvo a decir, creo que no lo hace), porque depende de los hablantes. En fin, ambos hemos expuesto nuestros puntos de vista 🙂 Gracias por comentar

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