Economía colaborativa y el INEM

El mundo está cambiando más rápido de lo que se hubiera podido predecir. La popularización de los ordenadores y su abaratamiento hizo que hubiese una revolución, pero la que fue decisiva fue la aparición de Internet. Como comentaba en otra entrada, se está produciendo un cambio de modelo a nivel económico, social y laboral y nos está costando mucho adaptarnos. Muchos se quedarán fuera, se caerán del tren que marcha demasiado deprisa. Por eso hay que estar atento y cambiar el chip. Respecto al trabajo, hay que diferenciarse, especializarse y buscar el nicho.

El tema es que no sólo habría que hacerlo individualmente, sino colectivamente. Esto es, las instituciones deberían comenzar a abrazar los nuevos modelos y adaptarlos dentro de su funcionamiento lo antes posible. Pero como suele ocurrir, los gobernantes pertenecen a generaciones pasadas que no comprenden bien cómo funciona el nuevo mundo. Tampoco les interesa, porque pertenecen a un modelo anterior. La autoselección y endogamia en las estructuras de partidos hace que sólo los que tienen un pensamiento similar pueden acceder a los escalafones de poder del partido y llegar a tener responsabilidades de gobierno. Así que van desfasados, como siempre.

En este artículo sugieren regular lo justo la economía colaborativa y dejar que la gente se pueda unir a ella. Puede que el futuro sea así, es un paso hacia un mundo sin dinero, o donde el dinero no tenga tanta importancia. Pero el argumento va un poco más lejos. La idea de verdad interesante es que el INEM debería acoger la idea de economía colaborativa. Si no hay trabajo para todo el mundo, hay que promover el intercambio de bienes y servicios sin la intervención del dinero. A alguien en paro le puede ser igual de útil un trabajo temporal de una semana, que realizar las reparaciones y arreglos de una casa durante 7 días a cambio de comida y elementos básicos para la vida diaria. Al fin y al cabo, la persona que le da esa comida y demás, está recibiendo un servicio a cambio que pensaba contratar igualmente. En esencia, se trata de facilitar la creación de un banco de tiempo para ciertas tareas, como limpieza de casas, fontanería, arreglos, clases particulares… e ir controlando ese tiempo para que cada persona pudiese canjearlo por otros servicios. Esos bancos ya existen, a nivel local, pero sería ideal permitir que se ampliase su radio de acción y entrase dentro de la economía no sumergida.

Por supuesto, adaptar la legislación a la realidad actual en la que se ha demostrado que con aplicaciones sencillas de smartphones, se puede crear trabajo, servicios y ventajas a la sociedad que eran impensables hace unos años. Y hay que aprovecharlo para mejorar la eficiencia de la economía. Über ha dado el campanazo y ha pillado a todos a contrapié. Hay mucha polémica respecto a ese servicio, puesto que la forma de meterse en los mercados no ha sido todo lo limpio y “legal” en muchos casos. También es cierto que las reacciones en contra han venido de sectores que estaban totalmente perdidos y no han visto venir el desastre, por lo que no estaban preparados. Sin embargo, hay que trabajar en esa línea y conseguir que esas tecnologías se integren, de una vez por todas, con la sociedad y la economía. Enrique Dans comentaba el otro día algunos aspectos sobre la polémica en torno a Über, principalmente la desinformación y falta de conocimiento del asunto por parte de mucha gente, incluso de aquellos que más en contra están. Enlazaba un informe del gobierno británico en el que se decía que “impedir la actividad de empresas como Uber en un país como España, con la tasa de desempleo más elevada de todo su entorno, podrían llegar a ser calificadas como de irresponsables”. El futuro que se avecina pasa por la descentralización de los servicios y la optimización de los mismos, gracias a los GPSs y conectividad que los móviles nos proporcionan en cualquier lugar y negarse a ese cambio anclándose a modelos antiguos es estúpido, aunque predecible. Siempre que se produce un cambio importante, mucha gente intenta frenarlo. En ocasiones, porque no lo entienden y sienten incertidumbre, o no comprenden del todo las implicaciones positivas o el hecho de que es imparable. En otras, porque ese nuevo modelo llega para extinguir su propio modo de vida -pongamos por caso los taxis frente a Über, o los periódicos tradicionales frente a Internet- y sienten que no pueden adaptarse, así que optan por luchar en contra. Lo ideal sería que un gobierno responsable y competente amoldase el sistema para permitir la transición entre modelos.

Pero es una utopía, me temo. El gobierno es el último en enterarse de todo. Apenas han entendido la esencia de Internet después de décadas y parece que apenas la usan para mirar el tiempo. Las oficinas de empleo público llevan desfasadas años. Nunca, desde que me registré, me han llamado para un trabajo, ni siquiera para una entrevista. Sólo para acudir a cursos de orientación, de los que ya hablé un poco, y para recordarme que podía mirar cursos. Un detalle que dejaba claro el desfase con la realidad, es que esos cursos eran todos de trabajos manuales -jardinería, fontanería, electricista…- demasiado básicos. Para gente que no tuviese formación, podrían llegar a ser útiles, pero teniendo en cuenta que hay módulos de grado medio y superior que cubren esas áreas, se quedan en nada. Por otro lado, el vacío más absoluto en cuanto buscaba cursos más técnicos o que pudiesen complementar en algo mi formación. A lo sumo, llegaban a ser introducciones a la informática, también relativamente innecesarios teniendo en cuenta lo que enseñaban. Es decir, descubrí que el sistema público de empleo era poco menos que un registro de la actividad laboral -y con deficiencias en cuanto a lo bien que mide este parámetro de forma real- y una casa de caridad mal entendida. Esto no significa que esté en contra de los subsidios, sino que llevaban el INEM como si su misión fuese esa, en lugar de entender, gestionar y potenciar el capital humano que se registra allí.

Nuestras instituciones y las ideas que se manejan cuando se habla de economía y de empleo están profundamente desactualizadas. Los planteamientos son antiguos y no se adaptan ni de lejos a la realidad actual del mundo. No tienen en cuenta las nuevas formas de relación económica que se pueden, y de hecho están haciéndolo, desarrollar en un mundo interconectado e inmediato. Hasta que no se cambie esto, y me temo que queda mucho hasta que ocurra, y la gente (sobre todo, políticos, incluidos los nuevos actores) debe cambiar esa mentalidad y pensar en cómo aprovechar ese cambio para mejorar la situación actual y futura. En realidad, no es una cuestión de elección. es cuestión de gestionar una nueva realidad para que la mayor cantidad de gente posible pueda adaptarse a ella y subirse al carro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s