Aprender del fracaso y el rechazo

¿Qué nos frena a la hora de hacer cosas nuevas? ¿Qué es lo que impide que intentemos aquello que nos apetece hacer? ¿O aquello que creemos que va a mejorar nuestra vida? Habrá muchos motivos más o menos justificables en cada caso, pero el denominador común es el miedo al fracaso. Irracionalmente, tenemos miedo a fracasar mucho más de lo que lo tenemos a otras cosas: podemos atrevernos a practicar rugby, boxeo o paracaidismo, pero a la hora de intentar algo nuevo, diferente o incierto es el miedo al fracaso social, público. Comenzar una conversación con una desconocida, subirse a un escenario a hacer un monólogo o empezar un proyecto personal en el que la gente tenga que juzgar lo que hacemos. El miedo a que salga mal, a no conseguir lo que nos planteamos, el rechazo. Todo eso hace que una persona ni lo intente. No es miedo al daño físico, sino al daño moral, a sentir que nuestro yo, nuestra identidad, se vea atacada. No nos damos cuenta quizá de una cosa: el éxito o el fracaso de todas esas actividades -y muchas otras- que he enumerado más arriba no tiene ninguna relación con nuestro valor como persona.

Cuando comenzamos un deporte nuevo, no nos preocupa fallar porque es lo normal. No sentimos que somos menos que otros, porque es cuestión de práctica. Curiosamente, somos incapaces de darnos cuenta que eso mismo pasa cuando hacemos cualquier otra cosa. ¿Un monólogo? Una vez me subí a un escenario a hacer uno y fue un desastre. No volví a hacerlo. Tardé en darme cuenta que el fracaso no apuntaba a ningún fallo de mi personalidad ni de mí mismo. El fracaso vino por falta de experiencia, falta de preparación y falta de decisión. Lo hice a medio gas, no le dediqué el tiempo suficiente los días previos. Quizá quería dejarme la opción de decir que “es que no me lo preparé bien”. Y quería dejar esa puerta abierta precisamente porque pensaba que si me lo preparaba y fallaba, mi autoestima como persona resultaría dañada. Gilipolleces. Es prácticamente imposible, salvo gente con dones especiales, hacer una cosa por primera vez y hacerlo perfecto, por mucha preparación que haya. Tal vez lo intente alguna otra vez en el futuro, y será tras prepararlo a conciencia. Mejor fallar tras haber puesto todo mi empeño que por falta de convicción.

¿Y cómo vencer este miedo al rechazo, al fracaso público? Hay una entrada de unos de los blogs que sigo que leí hace un tiempo, que me dio la idea para este post. No guardé el enlace y, como viene siendo habitual, no sé si lo vi en Zen Habbits, en James Altucher o en otro sitio. No lo he encontrado de nuevo. Trata de lo que se aprende fracasando, del rechazo por parte de personas… A partir de un ejemplo muy sencillo y tonto: propone pedir un descuento en el café en una cafetería tipo Starbucks. La idea es que en esas cadenas, es casi imposible obtener un descuento sin más, así que casi seguro que será rechazado. Lo mejor es darse cuenta de las sensaciones geniales que se sienten al ver que no pasa nada al fracasar ni al ser rechazado. Darse cuenta de que nada cambia, que no hay miedo puesto que no hay consecuencias. Es algo impresionante.

Es un ejemplo tonto, quizá muchos penséis que eso no es comparable a cualquier otra cosa, como fracasar haciendo un monólogo o quedar en ridículo delante de gente (desconocida, suele ser peor). Sin embargo, si os parece que no es relevante, intentad pedirlo la próxima vez. Pero nada de bromear, ni rendirse en seguida antes de obtener respuesta. Os reto a ir a una tienda tipo cadena y pedir un descuento del 10% al dependiente. Y aguantar el tipo, como si fuese algo normal. Probablemente os entren sudores, tengáis la tentación de decir que era una broma y marcharos rápidamente. Pero no vale, se trata de esperar hasta recibir una respuesta clara: un sí o un no. Será fácil daros cuenta que es exactamente lo mismo, es el mismo tipo de miedo que nos impide subirnos a un escenario, ir a hablar con esa persona que nos gusta en la calle o emprender esa idea que tenemos en mente. Y resulta que es una estupidez. Si lo hacéis, dará igual la respuesta, porque si os dicen que sí, estaréis contentos y felices con vuestro descuento del 10% pensando que “cómo no se os había ocurrido antes”. Y si os dicen que no, os daréis cuenta que no era para tanto. Que vuestra vida sigue. Y el café sabe igual.

Descubierto esto, algo hace click en tu cabeza. En ese momento, ves con más claridad que nunca que puedes intentar cualquier cosa que antes pensabas que no era posible, simplemente porque tenías un cepo mental que te impedía siquiera concebir la posibilidad de intentarlo. Al final, hasta resulta estúpido darte cuenta la cantidad de posibilidades que has desperdiciado durante tanto tiempo y entra una especie de prisa. Pero mejor ahora que nunca, ¿no? ¿Qué cosas nunca os atrevisteis a hacer aunque os hubiese gustado? Pensadlo y daros cuenta el motivo. Si fue por el miedo al fracaso público o social, ¿realmente sería tan grave? Es parecido a salir de la zona de confort, pero más sencillo. Quizá ha llegado la hora de ir a por todas…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s