Über y los taxis en Praga

La que se está liando con Über, el servicio de taxis particulares que se está imponiendo allí donde aparece, no es algo nuevo, aunque así lo parezca. En realidad, es la lucha de siempre desde que Ned Ludd destrozó varias máquinas textiles allá por 1811. Miedo, incomprensión y, en muchos casos, incapacidad de adaptación. Estos son los motivos principales por los que las personas tienden a oponerse a nuevas ideas o modelos distintos. En el caso de Über, muchos alegarán que el problema es que entra en mercados muy reglamentados y legislados, saltándose la ley. Pero ese no es el problema.

El problema es precisamente que la regulación en esos sectores es enorme. Pero esto no significa que tengamos que ver a los taxistas como tipos honestos que cumplen las leyes aunque sea complicado y agotador, ni que Über venga cual pirata o corsario y hundir a estos magnánimos conductores de taxi. No debemos olvidar que la sobrerregulación del sector de transporte privado de personas viene dada porque es un sector protegido. Esa legislación sobre el taxi esencialmente impedía que nuevos actores se uniesen a la fiesta, creando un monopolio de facto que hacía que fuese difícil entrar, pero una vez dentro, estar hasta cierto punto asegurado.

Si nos fijamos, esta nueva empresa no ha hecho nada especialmente difícil técnicamente. No es un Google con presupuesto cuasi-infinito que puede reventar un mercado metiendo tecnología desarrollada tras años de investigaciones. Es algo que con un equipo de unos pocos programadores, se puede hacer en semanas. Así que el problema no es que, oh los pobres taxistas y agrupaciones no tenían dinero para desarrollar una aplicación semejante. No, El problema es que durante muchos años se han acomodado, sabiendo que la competencia estaría esencialmente limitada, que sus licencias de taxis valían miles de euros (aunque eso implicase estar entrampado durante años, me recuerda a la burbuja inmobiliaria, solo que aquí las licencias están limitadas); sabían que por la noche en Madrid era la gente la que se iba a pelear por ellos, negándose algunos a hacer carreras demasiado cortas; o bien, si el cliente llamaba a un radio taxi, cobrando un extra por el trayecto del taxista hasta allí. Muchos dicen que es que Über juega con otras reglas, con conductores casuales que le permiten más flexibilidad. Pero sus ventajas no están realmente en eso, sino en que la dinámica de cálculo de precios ayuda a no dejar desabastecidas zonas de una ciudad, puesto que los mismos conductores irán hacia allí para obtener más dinero; se sabe el precio final que se va a obtener y se paga a través de la aplicación, por lo que siempre se puede usar ese transporte aunque no se tenga dinero o tarjeta en mano. Por tanto, el problema con Über no es Über, son los problemas que tiene el sector con una competencia eficiente y moderna que deja en evidencia el propio servicio. El sector del taxi se acomodó -como cualquier sector sobrerregulado y protegido- y no ha evolucionado suficiente. No ha aprovechado las ventajas de la conectividad y los smartphones para ofrecer un servicio eficiente y actualizado, un servicio potencialmente mucho mejor.

El ejemplo claro de esto lo veo en Praga. No hay una regulación demasiado estricta y, por lo que sé, con pasar ciertas certificaciones cualquiera puede ser taxista. Esto ha permitido que existan varias compañías distintas, así como taxistas independientes. Esta competencia ha hecho que desarrollen cada vez más servicios y ventajas para el cliente. Las aplicaciones para móviles de las distintas compañías son perfectas, funcionan muy bien y dan una estimación de tiempo y el dinero que va a costar el trayecto que se solicita. Nos envían información con el nombre del taxista y la posibilidad de dejar comentarios para que el conductor encuentre mejor el lugar donde ha de recogernos; se puede valorar el servicio posteriormente a través de la misma aplicación, mientras seguimos hacia nuestro destino y, esto es importante, las reclamaciones que suelen terminar en devoluciones del dinero, se hacen también a través de la aplicación en un par de pasos. Vamos, esencialmente lo que Über hace, con ligeras diferencias. Pero esto lleva tiempo ya, no ha sido una reacción ante la amenaza de competir contra esta compañía. Lo que demuestra dos cosas: primera, que el taxi en otros países, al estar tan regulado, no ha sabido adaptar sus servicios a las necesidades y demandas de sus clientes, puesto que con competencia limitada no había incentivos; la segunda cosa es que no es cierto que Über funcione porque los conductores trabajan en su tiempo libre o en negro, puesto que este modelo de Praga demuestra que es totalmente viable como servicio más establecido y con conductores contratados.

Como caso más extremo, ha aparecido una nueva compañía recientemente que se llama TicTac. Es una filial de otra compañía de autobuses que hacen servicios a toda Europa, lo que puede facilitar la entrada en el mercado. El caso es que los taxis son siempre berlinas grandes y cómodas, con wifi en todos ellos y una tablet para cada asiento trasero, de forma que viajar se convierta casi en una diversión. Y no, su precio no es más caro que el de los taxis normales o de otras compañías, sino muy parecidos.

Otra cosa común con Über es que en todas las compañías, usando su aplicación móvil se puede valorar el servicio recibido, el taxista y su coche. He oído la réplica de que aquí, si te encuentras un taxista desagradable o inadecuado, un taxi sucio o un servicio deficiente, puedes poner una reclamación. No se si esta gente ha puesto alguna vez alguna, pero yo sí. Es todo lo contrario a sencillez, comodidad y eficiencia. Partiendo además, de que el taxista ha de proporcionar la misma hoja de reclamaciones, los números y demás, sin olvidar que hemos de seguir en el taxi para realizar esa queja. ¡Además de un bolígrafo! Con estas aplicaciones, basta con tener conexión, poner las estrellas o lo que sea y comentar lo que ha provocado la queja. Y no sólo eso, es más eficiente a la hora de gestionar las reclamaciones y estas compañías suelen reconducir o advertir al conductor que incurre en muchas reclamaciones de clientes.

La conclusión que saco es sencilla: las protestas se justifican con muchos argumentos, algunos más razonables que otros, pero el problema esencial parte del hecho de que se ven atrasados, incapaces de competir contra esta empresa por lo anquilosados que están. Y lo peor, es que ni siquiera ven cómo adaptarse, por lo que lloran y se quejan para que les protejan y protejan su negocio anticuado y poco eficiente, en lugar de comenzar a ser competitivos. Me recuerdan a las discográficas, a la SGAE, a AEDE… En vez de adaptarse, llorar para que otros resuelvan sus problemas a base de más legislación. Lamentable.

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