La Democracia, Meritocracia y los errores

Vamos a crear conflicto. Llevo tiempo siendo demasiado consciente de una idea perturbadora: la democracia no es el mejor sistema para resolver problemas complejos. No es la solución más eficaz. Las personas votan partiendo de, en el mejor de los casos, datos incompletos y conocimiento muy limitado sobre los problemas principales de un país. La mayoría de la gente, entre los que me incluyo, no tiene ni la más remota idea de economía, diplomacia, ciencia y tecnología, etc. Tampoco conocemos realmente qué se cuece en esos lares, quién tiene intereses personales, o contrapuestos respecto a unas soluciones particulares… Esto implica que votamos casi a ciegas, motivo por el que creo que las ideologías son las que decantan la balanza, no las medidas concretas y la forma de aplicarlas a los problemas que propongan los partidos políticos. Además, cuando uno lee una medida en particular para algún problema o asunto de estado importante, los expertos saben si tiene más o menos sentido, pero el que no es experto sólo puede creer o no en su eficacia. Es decir, vota por convicción o confianza en quién propone la medida.

Supongo que el problema es que los países, y el mundo en general, se ha vuelto demasiado complejo para un individuo y no hay tiempo vital como para llegar a ser un experto en una variedad de campos distintos. Aunque es cierto que podemos informarnos, más aún teniendo internet a mano, no es menos cierto que eso es un parche superficial. En ciertos temas no basta con tener una idea general (y probablemente parcial) para entender todas las implicaciones relacionadas con cada medida que se piensa tomar y con cada problema real.

No es un sistema que pueda elegir a los mas adecuados porque si el experto es el que es capaz de solucionarlo, los demás no son expertos y no pueden llegar a entender los verdaderos problemas. Puede que incluso no vean la necesidad e una reforma negativa a corto plazo pero beneficiosa a medio-largo, de forma que reniegan de ella. Aparte de esto, cuando una persona no es experta en un campo concreto, tiende a hacer lo que llaman cherry picking, esto es, coger evidencias o indicios que confirman su sesgo o ideología dominante, que confirman que la solución que piensa para un problema concreto es correcta. Esto ocurre por una falta de visión de conjunto que suele tener un experto (o debería, que esa es otra). Esa visión de conjunto hace que sea posible ver que aunque, a corto plazo, o en casos concretos, la solución es correcta, pero a medio o largo plazo, o en el cuadro general, produce más problemas de los que resuelve.

El problema, tal y como se comenta en esta entrada que leí, es que el sistema no está realmente diseñado para elegir al más apto o la persona mejor preparada para resolver los problemas. El sistema democrático, como concepto, es un sistema basado en la venta de ideas. El que mejor sabe sondear y detectar las preocupaciones de los electores y el que mejor sepa adivinar los anhelos de la gente, será el que más opciones tendrá de ganar las elecciones. ¿Y quién consigue eso? Los buenos vendedores. Te pueden vender el mejor ordenador del mercado aunque no sepan ni cómo utilizarlo. Y ese es el problema: el sistema incentiva a los buenos vendedores, a los que saben apelar a las frustraciones de la gente, a sus sentimientos. Pero eso no significa que sea el más capacitado. Me recuerda al debate que hubo hace años entre el ministro de economía del momento (PSOE) y el de la oposición (PP). El primero decía que no había crisis, que el sistema bancario era sólido y que estábamos bien. El otro, decía que la crisis que venía era monstruosa, y puso datos sobre la mesa, puso previsiones y argumentos. Pero no supo venderlo. Entre otras cosas, vender malas noticias es más difícil que vender las buenas. Así que el debate lo “ganó” el ministro que resultó estar equivocado hasta un nivel absurdo, o ser un mentiroso de talla cósmica. El problema fue que, además, la gente entre las que me incluyo también, reaccionamos a ese debate con la ideología por delante. Estábamos dispuestos a creer lo que decía el ministro más afín a nuestra ideología y éramos muy escépticos respecto al contrario.

Lo inquietante de esta línea de razonamiento es que si la seguimos, llegamos a la conclusión de que la mejor opción es una tecnocracia en la que son los tecnócratas los que dirigen sin prestar atención a las opiniones del pueblo. Pero no es más que una oligarquía. Como la actual, aunque se supone que sería más eficiente. Salvo que como somos humanos, terminaría degenerando ya que las personas tienden a inflar su ego cuando creen ser mejores de lo que son y se iría al traste. Aunque eso no ocurriese, no estoy seguro de que me gustase que me dirigiesen como a un niño pequeño. Creo que la democracia sigue siendo la mejor opción, en el sentido de que no es la mas eficiente ni la mejor en cuanto a resultados, sino en cuanto a justicia social. Otra cosa es que hayamos llegado a tener verdadera democracia. Pero eso para otro día, si acaso.

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2 comments

  1. YOHAMI · diciembre 30, 2014

    Gracias por el pingback

    • Victor · diciembre 30, 2014

      Un placer. El post que enlazo me dio la idea de escribir esta entrada.

      P.D.:espero que sigas escribiendo en tu blog pronto. Un saludo!

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