La Solidaridad es Oportunista

Todo el mundo quiere o pretende ser solidario. Todos pensamos que para ser buena persona, hay que ayudar a los demás y todo eso. Que alguien solidario comparte o ayuda a otros sin recibir nada a cambio, porque en teoría se trata precisamente de eso, de ser una persona magnánima que es capaz de quitarse lujos, placeres o comodidades para ofrecérselo a otros que más lo necesitan. Y el discurso llega al punto de que el mundo sería un lugar mejor si más gente fuese solidaria. Sobre todo los ricos y los poderosos. Porque claro, todos estamos convencidos de que si nosotros lo fuésemos, donaríamos gran parte de nuestra fortuna a ayudar a otros. Sin embargo, la solidaridad es oportunista y, desde luego, es interesada.

¿Y qué significa eso? Por un lado, que los poderosos y los ricos no van a desprenderse de su fortuna para ayudar a gente desconocida. Entre otras cosas, porque los que dicen que el mundo sería un lugar mejor si hubiese más solidaridad, no van a apreciar las donaciones reales que estos poderosos hagan, porque siempre les parecerá insuficiente. El argumento viene así: como yo tengo lo justo para vivir, no puedo donar dinero suficiente como para solucionar un problema, así que han de hacerlo los que tienen muchísimo dinero. Bien, en principio. Porque cuando alguien les dice que Bill Gates dona millones de dólares a diferentes proyectos, tiene una fundación filantrópica y se dedica a ello en cuerpo y alma, la respuesta es que podría hacer mucho más porque tiene una mansión enorme. Es una trampa, porque da igual lo que alguien con dinero haga. Lo importante, parece ser, es que esa persona con dinero, viva como un mileurista porque dedica todo a ayudar a los demás. Eso sí, ellos, los “pobres”, si pueden gastar el dinero que les sobra en caprichos, móviles caros, viajes de pulserita, etc. Es un argumento retorcido: que sean solidarios otros que ganan y tienen más dinero que yo, que hagan ellos el sacrificio que yo no lo voy a hacer en mi medida, porque no soy multimillonario. En muchos casos, la mayoría de la gente busca excusas para no ser solidario, para no ayudar y para no donar dinero. Y no hay nada mejor para ello como no tener millones en el banco para justificarse.

Por otro lado, siempre que alguien es solidario, lo es de forma sencilla y sin problemas. ¿Una cuenta para poner algo de dinero y ayudar en algún lugar del mundo? Claro, hago la transferencia desde casa y apaño la conciencia para un tiempo. Hasta la próxima catástrofe natural no vuelvo a preocuparme. En el mejor de los casos, me hago socio de una ONG, esas entidades cuyo negocio millonario consiste en tranquilizar conciencias por una módica cantidad al mes. Sin esfuerzos, dando una pequeña parte de ese dinero que se usa para comprar el siguiente móvil, o el siguiente viaje o el siguiente capricho. Así, para ahorrar el dinero para esos pequeños lujos, sólo hay que esperar un par de meses más, de forma que podemos justificar así nuestra grandiosa magnificencia. ¿Y Bill Gates? Un egoista que dona millones sólo de cara a la galería… ¿que dona el 50% de su fortuna? Bueno, es que el sí puede vivir con lo que le queda…

Básicamente, somos solidarios cuando nos resulta no sólo fácil, sino beneficioso serlo. Ya sea por el subidón de haber ayudado a otros, como argumento para defender ideales o por quedar bien, lo cierto es que ayudamos sólo con lo que nos sobra. Pero eso siempre se ha llamado caridad. La solidaridad es algo que, para que ocurra realmente, ha de ser con alguien cercano: amigos, familiares… No gente desconocida. Ahí, el “sacrificio” que hacemos es controlado.

Vuelvo entonces a algo que comentaba en otra entrada sobre nuestra mente tribal. La ilustración nos hizo creernos por encima de los animales, seres que podían ser magnánimos y racionales, capaces de actuar sólo en base a la razón. Pero es un error. Somos seres tribales y la solidaridad como tal, la que implica verdadero sacrificio para ayudar al otro, sólo ocurre con gente de nuestra “tribu”. Todo lo demás es caridad. Dar lo que nos sobra para no sentirnos tan mal. La cosa es que está bien, pero la palabra caridad tiene malas connotaciones. Recuerdo que en el colegio, en esas clases que llamaban de ética, nos mostraban que la caridad no era buena, que era mucho mejor la solidaridad. Porque caridad significaba partir de una posición de superioridad moral o de estatus. Pero cuando lo pienso, todo aparece claro. Donar el dinero que nos sobra al mes, ni siquiera el que nos sobra, sino una parte del que nos sobra, es precisamente eso: caridad. Por un motivo: estamos en un estado de superioridad respecto a aquellos a quienes “ayudamos”. Para empezar, porque lo que donamos, que no cambia sustancialmente nuestra vida, sí que significa mucho para quién lo recibe -otro día hablamos de la forma en que lo reciben, que hace que pierda efectividad y sea dinero perdido en muchos casos-. Por lo tanto, objetivamente, estamos en una situación mejor. Pero es que la misma idea de ayudar ya nos sitúa en una situación de superioridad, porque de otro modo, no podríamos hacerlo.

Como conclusión, y para dejar de darle vueltas a la misma hipocresía, la solidaridad es mentira. Somos solidarios con vecinos, amigos y familiares. Pero cualquiera que quede más lejos de eso, recibe nuestra caridad. Y eso si no usamos el dinero para una “necesidad” como pintar el comedor, cambiar el ordenador que ya es viejo -lo “necesitamos” para trabajar, ya sabéis- o darnos un viajecito porque bien nos lo hemos ganado. Y es lo correcto. Es lo que quiero decir. No tiene sentido vivir en la miseria por ayudar a gente que no conocemos, que no nos devolverán ni agradecerán el favor y que no harían lo mismo si estuviesen en nuestro lugar.

Tampoco estoy abogando por ser unos seres egoístas que sólo miran por ellos, pero la verdad es que primero hemos de cuidar de nosotros mismos, para poder llegar a ayudar a los demás. Hacerlo al revés no tiene ningún sentido.

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2 comments

  1. Criminologa-Existencial · enero 29, 2015

    En parte estoy de acuerdo contigo y en parte no. Porque es verdad que al final somos solidarios por beneficio propio. Ya sea porque sabemos que al ayudar vamos a recibir algo a cambio de esa persona, ya sea porque nos hace sentirnos bien, y ese sentirnos bien ya es en sí un modo de recibir “egoístamente”. Lo que no apoyo de este argumento, es que si fuese así, entonces nadie debería de hacer nada por nadie, porque como igualmente vas a estar siendo un egoista por dar, entocnes mejor no dar a nadie y que se pudra todo el mundo. Hoy le he dado un euro a un chico que siempre vende cosas en la carretera, porque me hace sentirme bien. Lo he hecho por mi, pero también lo he hecho por él, porque a mi también me hace sentirme bien tomar chocolate, y he preferido invertirlo en él que en comprar algo de chocolate (por poner un ejemplo). Es que si hiciésemos cosas por gente que nos da igual, o que ni sabemos que existe, estaríamos haciendo algo sin sentido, sería un acto estúpido (para mi) en lugar de solidario. Solidaridad implica reciprocidad. Implica que dos partes van a ganar y que pudiendo haber hecho otra cosa, has decidido al menos hacer la vida de alguien mejor. Este es el gran problema de muchas de las obras, que se pretende que tu no ganes nada y al final tendemos a un extremismo en el que parece mejor el que no hace una mierda por nadie, que el que se siente bien por hacerlo. No sé si me explico… hahah un saludo 🙂

  2. Victor · enero 29, 2015

    Si. Entiendo lo que dices y por ahi van los tiros. Hacer algo por un completo desconocido, del que no vemos ni la cara, seria caridad, no solidaridad. Por alguien que nos da igual, que no nos dice nada. Y esta bien hacer gestos como el que has hecho tu. Mas aun si eres consciente del juego que se produce dentro de nuestro cerebro en cuanto a la reciprocidad.

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