Me he desconectado de Matrix

Las cosas están paradas por aquí últimamente. No hay que preocuparse, no he decidido abandonar el blog. Es algo mucho mejor: mis proyectos no me dejan tiempo. El blog de rugby va bastante bien, pero tenemos que darle un empujón y estoy enredado con el diseño, con entradas y con diferentes ideas y actividades que estamos preparando. Mi proyecto más personal, la reconstrucción de partes de mí mismo, también está avanzando. No al ritmo que me gustaría, pero el entorno y el tiempo disponible no me dan para mucho más. La situación es extraña: nunca he tenido tantas ideas y tantos estímulos como ahora. Pero resulta que no tengo tiempo.

Tanto es así, tanto que leer y tanto que hacer que incluso, he pensado tomarme una semana de vacaciones para ponerme con todas las cosas que tengo en cola. No estoy seguro, porque me da miedo pensar que igual no aprovecho el tiempo. Esa ironía de la vida que hace que, cuando me falta tiempo hasta para respirar, hago millones de cosas, pero cuando me sobra, se me pasa el día sin dar un palo al agua.

Sin embargo, creo que podría hacerlo bien. Escribir y trabajar en el blog de rugby por las mañanas, leer durante media tarde y por la tarde-noche, ponerme con la construcción de mi mejor yo. No dejaría de ir al gimnasio ni cambiar del todo las rutinas, salvo las 8 horas del trabajo que las tendría libres. Aunque ese es el mayor peligro. Si me tiro el día en casa, siendo como soy, necesitaré ver a gente, relacionarme. Y eso puede significar que termine llegando tarde a casa, de forma que madrugaría menos y rompería todo el planning. Aún así, es algo que creo que puedo afrontar.

En cualquier caso, esta situación confirma lo que yo ya tenía en mente de hace tiempo: quiero desenganchar el tiempo que trabajo, del lugar donde trabajo del dinero que gano. Es decir, no tener que estar en una oficina durante un periodo de tiempo fijo al día y que el dinero que gano sea por los resultados que obtengo y no por el tiempo que estoy en un sitio físico. Al fin y al cabo, si un trabajo que me mandan puedo acabarlo en menos tiempo, o puedo organizarme para trabajar menos horas al día y entregarlo en la fecha convenida, ¿por qué habría de estar más tiempo allí? Claro que eso conlleva un cambio en la mentalidad del trabajo y de la empresa en sí. No será fácil encontrar ese trabajo.

Quizá es el motivo de que esté aprendiendo a crear el mío propio. El blog de rugby puede que no llegue a despegar, aunque veo opciones. Pero lo que estoy aprendiendo me servirá. Ya no me sirve con tener un hobby, un entretenimiento. Necesito construir algo relevante, algo que funcione. Y necesito, o quiero, ser el dueño de mi tiempo. Muchos dirán “claro, y quién no”, como si yo fuese un loco que sueña con la luna. Pero ahí sólo veo miedo al fracaso. Sé que me dirán muchas veces, sobre todo cuando me salgan mal las cosas, que me lo dijeron, que debería volver al rebaño y seguir el camino marcado, seguir la mentira que todos creemos. Pero cuando tomas la píldora roja, cuando te desconectas de Matrix, nada vuelve a ser lo mismo y esa mentira es más evidente cada segundo que pasa. Me he desconectado de Matrix. Por eso debo seguir. Tengo un objetivo y sé que mi actitud resulta amenazadora para aquellos que decidieron seguir el camino marcado. Cuando asumes que no hay opción y que habrás de dedicar más de la mitad del día a estar en un trabajo con un jefe que decide lo que hacer, cuando asumes que trabajar por tu cuenta o montar algo de éxito o vivir sin ataduras temporales es algo sólo para unos pocos, resulta amenazante ver a alguien de tu entorno intentarlo. Porque el riesgo es que lo consiga de verdad y destape las mentiras que tanto tiempo te has querido creer. Y eso tambalea muchos cimientos que pensabas que eran sólidos.

Así que lo espero. Espero las críticas y los intentos de “hacerme pisar el suelo”. Vivimos inmersos en un sistema de creencias que están desactualizadas. En política y economía, aún se oyen conceptos, ideas y expresiones propias del siglo XIX -algo de lo que hablaba con un amigo al que aún no he convencido 🙂 – que marcan la forma en que la gente organiza su vida. Pero no estamos en el siglo XIX, sino en el XXI. Muchas cosas han cambiado y muchas cambiarán aún más. Pero lo hacen demasiado rápido y nos hemos quedado atrás en muchos aspectos. Usamos internet pero pensamos en el trabajo igual que hacían nuestros abuelos. Las relaciones sociales siguen parámetros extraños que no se ajustan a lo que ninguno quiere realmente. Pero tenemos miedo a pensar y decir: joder, yo no quiero que esto sea así, esta persona no me conviene o voy a actuar de esta manera que me hace sentirme mejor. No, porque socialmente no está bien visto que pienses en ti antes que en otros.

Lo peor en estos casos es que los demás te comunican su miedo, intentan “hacerte entrar en razón” para que veas lo descabellado de tu propuesta, la locura de tus sueños y la imposibilidad de que se conviertan en realidad. Me temo, a veces, que me distanciaré de gente a la que aprecio. Pero en estas situaciones, lo mejor que podemos hacer es buscar la felicidad propia, aquello que nos hace sentir vivos.

Y sinceramente, nada me hace sentir más vivo como intentar sacar adelante mis proyectos. Moverme en la dirección del autoempleo, de trabajo deslocalizado; buscar mi forma de relacionarme con los demás, pensando primero en mí y en lo que quiero y me conviene, y luego ya, eso sí, en los demás. Pero es que nos educaron en la idea de que primero hay que pensar en los demás para ser bueno. Y luego, si hay tiempo, en uno mismo. Y ¿de qué sirve que piense en los demás y en sus problemas si no les puedo ayudar porque tengo los míos sin solución? Pues de nada. Sirve para que el engranaje siga girando, aplastando cuerpos y almas en el camino. Pero a mí no me pillan. No sé si conseguiré finalmente las metas que tengo en mente, pero estoy seguro que llegaré a algún lado. Y lo mejor es que lo que realmente nos hace felices es el camino hacia ese lugar. El éxtasis de haber llegado al objetivo marcado se pasa rápidamente. Por eso, mi meta en la vida es tener siempre nuevas metas. Más altas, más emocionantes y más difíciles.

¿Y tu? ¿Eliges la pastilla roja o la azul?

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