Los derechos humanos son papel mojado

Los derechos no son algo divino, no es una imposición del universo ni son imposibles de romper. Los derechos son unas ideas que nos hemos aplicado. Pero es estúpido pensar que como tenemos derechos, los malos se tendrán que joder. Eso explica la furia e impotencia de la gente cuando los derechos (suyos o de otros) son pisoteados sin miramiento y la cara de desesperación que se les queda cuando ven que no pasa nada. Y ¿sabéis por que no pasa nada? Porque solo son ideas, acuerdos tácitos entre personas. Pero como todo acuerdo, basta con que una de las partes decida no cumplirlo para que se vaya todo a la mierda.

Es entonces cuando la gente se queda en blanco, se bloquea y no sabe hacer otra cosa que llorar. Nos han robado derechos en España, nos han quitado el derecho a un futuro, el derecho a una vivienda digna… y la gente todavía agita sus manos frente al gobierno diciendo que “son nuestros derechos” y pidiendo que se los devuelvan. Triste. Pero hay que despertar. Si queremos algo, hay que luchar y si alguien nos arrebata un derecho, es un sinsentido protestar y esgrimir ofendido el papel donde esta escrito que ese derecho es nuestro. Es como decirle a un ladrón que eso que esta robando es nuestro y pensar que realmente va a deponer su actitud.

El problema del mundo occidental es que llevamos demasiado tiempo viviendo con comodidad. No hablo ni de clase media, ni de ricos ni de pobres. Hablo de todo el mundo occidental. Vivimos con comodidad porque tenemos cierta seguridad física y mental; a pesar de los crímenes que se comenten, no es lo normal morir de forma violenta. También tenemos seguridad sanitaria y alimenticia. Nadie espera o teme morir por haber cenado en un restaurante, ni por ir a un hospital con una herida, ni por tener un altercado en el metro o una discusión en una tienda. Estamos protegidos y nos hemos hecho un lío. Los derechos NO nos protegen ni son un escudo. Lo que nos protege, o al menos lo hacía hasta ahora, es el estado de bienestar, el avance tecnológico y el conocimiento científico-técnico. Ningún papel donde pone que tenemos derecho a nada es útil en modo alguno. Ese es el problema: nos hemos olvidado que el mundo es peligroso y cruel, que las personas no dejan de ser animales que luchan por su supervivencia a costa de lo que sea, porque es eso lo que tenemos programado.

Y resulta que en el resto del mundo no lo han olvidado. Hay quien cree que el resto del mundo está mal por culpa de los occidentales, de nuestra forma de vida, del capitalismo. En parte es cierto, negarlo sería negar la realidad. Pero sólo en parte y porque pudimos aprovecharnos debido a que YA estaban jodidos de antes. ¿Por qué fueron las tribus de Europa las que evolucionaron conocimiento y tecnología y acabaron conquistando a las de África? ¿Por qué fue Colón quién llegó a América con la tecnología de la navegación y las armas, y no al revés? No hay supremacía de razas, no tiene nada que ver. Tiene que ver con otros factores ambientales y del entorno muy complejos y que se analizan en el libro que ya he comentado alguna vez, Armas, Gérmenes y Acero. En el resto del mundo, donde la vida vale poco, tienen muy claro que una declaración de derechos sirve, básicamente, para la masturbación mental de los guerreros de la justicia social, los buenistas y los inocentes. Para darse palmaditas en la espalda por lo bien que lo hemos hecho.

Lo realmente importante son los incentivos. Lo he dicho muchas veces: el concepto o idea de que son los incentivos, más que “lo que es justo y correcto”, lo que motiva y mueve a las personas (buenas y malas) es una de las más contundentes y útiles ideas que han desarrollado ciertos economistas. Y que pude leer y comprender a través del blog Politikon y Nada es Gratis. Un papel no va a conseguir que alguien desista de hacer algo que le causará beneficio y a mí un perjuicio. Pero un incentivo sí. Obtener un beneficio mayor cuando hace algo que a mí también me beneficia, comparado con el beneficio menor cuando me perjudica. Eso modifica conductas. Los derechos son un concepto filosóficamente muy bueno, pero en la práctica relativamente inútil.

Concluyendo la idea, es el avance social y tecnológico y el estado de bienestar el que ha permitido la creación de los derechos humanos básicos y no al revés. El que alguien se reúna y diga que toda persona tiene derecho a la dignidad y al respeto de su vida no va a hacer que nadie deje de matar en una guerra. Es como la convención de Ginebra para los prisioneros de guerra. Si de verdad alguien cree que en mitad de una guerra, donde la gente muere a diario, sufre, no come y vive con la insufrible tensión de no saber cuándo te rebanarán el pescuezo, se van a poner a mirar cómo hay que tratar al enemigo, es que esa gente no sabe en qué mundo vive ni se imagina remotamente lo que debe ser estar allí. No justifico las atrocidades, pero quién crea que con convenios y declaraciones se puede “civilizar” un conflicto armado, no tiene los pies en el suelo. Algo propio de gente del primer mundo, ilustrados, que piensan que el problema es que en otros lugares no han pensado en esto de los derechos y que hay que enseñárselo.

Espabilad buenistas: el mundo es cruel y Darwin tenía razón. Estamos aquí para sobrevivir, y convivir es solo una consecuencia para facilitar lo anterior en países avanzados o con seguridad alimenticia, sanitaria y física. Retiremos alguna de estas seguridades y veremos como todos esos papeles no sirven para nada. Si te roban lo tuyo, lucha, no argumentes ni esperes hacer entrar en razón a quién te lo ha quitado.

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