La responsabilidad y el esfuerzo

La responsabilidad no es levantarse a la hora, trabajar de forma correcta y hacer lo que se debe de hacer. Responsabilidad es ser consciente de que cada acto tiene una consecuencia y de que si se quiere obtener o conseguir algo, hay que actuar en consecuencia. Darse cuenta que no va a haber necesariamente nadie ni nada que vaya a cuidar de ti o a ayudarte a solucionar los problemas. Nos hemos acostumbrando a tener redes de seguridad en todo momento a nuestro alrededor: familia y amigos, organismos, entidades, asociaciones… La seguridad y calidad de vida con la que vivimos ha hecho que nos acostumbremos a buscar nuestro placer, beneficio o interés sin medir adecuadamente las consecuencias ni a pensar que las cosas pueden torcerse. Esto tiene cierto sentido, puesto que si toda nuestra vida hemos visto que las consecuencias de malas decisiones no eran especialmente fatales, es normal que tomemos eso como garantizado y despreciemos los efectos que un resultado negativo puede traer.

Ahora que las cosas van mal, las posibilidades de que una mala decisión conlleve efectos fatales para nuestra calidad de vida y dignidad han aumentado. Y no se trata de lo injusto que esto pueda ser, ni de quiénes son los verdaderos culpables de la crisis. Se trata de que mientras las cosas se vayan arreglando -o cambiando, más bien- debemos tener en cuenta esta nueva realidad. Y actuar en consecuencia.

Una de las cosas que veo realmente mal en la sociedad en la que vivimos es la tendencia a fijar ideas y mantenerlas invariables a pesar de los años y las experiencias vitales. Lo peor es que esto se hace mostrando cierto orgullo, algo así como una demostración de fortaleza porque los años no han conseguido cambiar nuestras ideas, que se presentan como fuertes y sólidas. Cierto es que teniendo ideas sólidas es más difícil que las cambiemos, pero no menos cierto es que esto es debido a que las ideas están basadas en experiencias, hechos y razonamientos elaborados. Sin embargo, se confunde hoy en día con la fe en las ideas mismas. La gente no cambia de forma de pensar, no porque su visión del mundo esté sólidamente fundada, sino porque se niegan a ver otras realidades y evitan poner a prueba sus creencias. Esto no es nada de lo que presumir. Alguien que sigue pensando exactamente igual que cuando tenía 16 años, sin matices y en términos absolutos, es alguien que no ha confrontado sus ideas con la realidad, que no ha querido aprender de las experiencias vitales que tenemos todos y que ha decidido quedarse con sus paradigmas sin confrontar la realidad. Es realmente difícil que un adolescente llegue a conclusiones sobre la vida, sociedad y política suficientemente realistas como para que superen el paso del tiempo inamovibles. Más bien, lo que ocurre es que no se desea cambiar.

Algunas de esas ideas tienen que ver con el dinero y el trabajo. La premisa es conseguir un trabajo fijo (aunque eso ya no existe) que te salve de los vaivenes de la vida. Es algo que nos han inculcado, una cultura que se gestó cuando el triunfo se definía como alguien que había conseguido un puesto de funcionario. Sin embargo, hablando de la responsabilidad, esta meta o solución tiene algunos puntos que creo que hacen que se diga “los ricos roban”. Obviamente, si alguien tiene un puesto estable -estamos suponiendo, claro- o aspira a tener uno y la gente a su alrededor también, en su mente no cabe otra idea como plan de futuro. Si todo tu entorno piensa lo mismo que tu, obivamente terminas pensando que esa es la única posibilidad. Es perfecto que alguien quiera asegurar su posición para poder hacer con su tiempo libre lo que quiera, normal. Ahora bien, en esos puestos obtendríamos seguridad a cambio de sacrificar dos cosas: independencia, puesto que siempre estarás esperando que te digan que hacer -aunque esto es común en todo trabajo subordinado- y sacrificamos la posibilidad de mejorar significativamente nuestra calidad de vida a base de nuestro esfuerzo. Es decir, aunque seamos los mejores del mundo en nuestro trabajo, hay un techo salarial y de condiciones laborales que tocaremos más pronto que tarde.

Ahí es donde radica el concepto de responsabilidad. La elección de qué tipo de ocupación perseguimos es una elección basada en la responsabilidad. Quien monta su negocio, se hace freelance o pretende ser su propio jefe, ha elegido tomar toda la responsabilidad, asumiendo el riesgo de que vaya mal. Pero buscando una mejora de su vida. El que elige un trabajo sin posibilidad de aspiración, está limitando su propio éxito y renunciando a la responsabilidad que eso implica, a cambio de una supuesta seguridad. Hoy en día, más que a cambio de seguridad, es a cambio de no tener la responsabilidad de su propio trabajo, puesto que le dirán lo que hacer y cuando. Al final es cuestión de elecciones personales. El problema es criticar al que tiene una empresa porque gana más que sus trabajadores, cuando las cosas van bien. Porque nadie critica a los emprendedores -que palabra más maltratada- que fracasan, puesto que se han ido al hoyo y a nadie le importa. Sólo importa cuando ha conseguido salir adelante, aunque sea a duras penas.

Creo que esta cita de Yael condensa lo que quiero decir:

Cuando tu cuerpo crece y tu mente no, eres capaz de proporcionarte tu propio sustento, pero sigues creyendo que no. Así que en lugar de defenderte por ti mismo, buscas un empleo. Sustituyes a tu padre por el jefe y a tu madre por el estado.

Crees que estás compartiendo las responsabilidades, al igual que el niño, porque estás repitiendo un patrón que conoces muy bien: delegar la responsabilidad del sustento a otro. Bajo ese esquema esperas que ocurra en el trabajo lo que ocurría en tu familia: contar con el sustento sin importar las circunstancias. Cuando el padre designado decide despedirte, o recortar tus horas, o bajarte el sueldo, te enfadas con él como te enfadarías con un padre si no te da la paga del sábado.

Con esto no pretendo decir que todos han de ser emprendedores, freelance o empresarios, pero sí creo que debemos ser conscientes que un trabajo ya no es un seguro contra el futuro. Se podría discutir largamente sobre lo injusto que puede ser esto, la estafa a gran escala que ha habido en nuestro país, el clientelismo… Pero eso es teoría. La práctica es poder comer todos los días y para eso debemos estar preparados mentalmente. Mucha gente se acomodó, y se acomoda, cuando consigue un trabajo aparentemente estable. Comienzan a vivir como si ese trabajo fuese a durar para siempre, pero eso ya no lo podemos saber, no podemos contar con ello. Por tanto, meterse en cosas como comprar coches, casas y planear la vida como algo suave y estable, es dejarse llevar. Es renunciar a la responsabilidad de nuestra vida delegando en ese trabajo para los restos. Y esto es un error grave y peligroso.

Los ricos, significando esto quienes viven con mejores posibilidades y sin preocupaciones económicas, son personas que tomaron la responsabilidad y la asumieron. No penséis en Botín o en Amancio Ortega. Hablo del fotógrafo que trabajaba en una agencia mientras comenzaba como freelance y que ahora puede trabajar por su cuenta con su propia cartera de clientes. Hablo del que, en su tiempo libre decide formarse más en profundidad, o en temas distintos para abrirse otras puertas en el futuro. Hablo de la persona que no deja de mejorarse y de prepararse para lo que pueda venir. No todos los que hacen esto, consiguen ser ricos o vivir desahogadamente. Pero aún los que no, ocurre que nunca dejan de intentar mejorar sus condiciones con una búsqueda activa de esa mejora.

Para concluir, no se me escapa que dentro de la palabra “ricos”, ambigua como pocas, se encuentran quienes heredan una fortuna o un emporio, quienes parten de mejores condiciones y que tienen una actitud pasiva basada en disfrutar esa situación sin responsabilidad alguna. También están los que se hicieron ricos a base de corruptelas y exprimiendo a sus empleados, cometiendo delitos en el camino. De hecho, hay un estudio (al menos) que correlaciona riqueza económica con corrupción. Un tema interesante que dejo para otra entrada más corta que saldrá, espero, en breve.

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