No me gusta Twitter

Esta es breve: no me gusta Twitter. He trabajado un tiempo con Twitter gestionando las redes sociales de ciertos proyectos, también tengo una cuenta personal desde hace unos años y entiendo el potencial que tiene, en principio, para generar canales de comunicación para las personas, empresas o entidades de distinto tipo. Durante un tiempo, usé ese canal para compartir ideas y enlaces, descubrir nuevos perfiles y blogs. Pero cada vez lo he ido usando menos.

Mis conclusiones respecto al bicho son que no genera tanta comunicación como aparenta, me explico. Twitter no es tan diferente a un mercado donde todos gritan. Hay muchos perfiles pasivos, que siguen ciertas cuentas, retwitean algún comentario o enlace, pero lo usan como fuente de información o lectura sobre algún tema en concreto. Hay pocos usuarios generando la mayoría del contenido. La ley del 20/80 es la que manda en el medio. Cuando estaba más interesado en la divulgación científica, algo que ahora mismo me atrae más bien poco, usaba twitter como fuente y para compartir. Fue sencillo formar una fuerte red de conexiones que compartían intereses similares, y quizá ese es el problema también. En Twitter, si consigues tener una masa crítica, realmente tienes relevancia, recibes muchos retwits y consigues un boost de ego. Pero en ocasiones me preguntaba si realmente era así o un espejismo.

Es decir, si te siguen miles de personas, podemos realmente decir que se es relevante, pero si estamos en torno o por debajo de 1000 ¿realmente importa? Al final, a mí me generaba más estrés que otra cosa. Por un lado, la enorme cantidad de información que aparecía (y aparece) en mi timeline y que era imposible de gestionar. Aunque sea un problema mío, cuando no tenía datos en el móvil, me estresaba conectarlo y ver que había cientos de mensajes nuevos, todos relacionados con temas que me interesaban en el momento. Empezaba a navegar y cuando me daba cuenta, tenía varias ventanas abiertas, había echado una hora y aún apenas había empezado a leer la mayoría de contenido. Demasiado tiempo para dedicarle solo a esto.

Cuando tuve internet en el móvil, el estrés venía porque era una interrupción constante y porque no entendía como los demás podían actualizar información y enlaces durante todo el día o la mañana, en la que yo estaba trabajando. Eso también me planteaba la cuestión de que si intentaba ser tan activo como otras personas -por el subidón de ego que da que tanta gente te “escuche” y retwitee- tenía que renunciar a muchas de las otras cosas que hacía durante el día, porque si no, era imposible mantener el ritmo.

Otra cosa clave de esta red es que no es una red donde se genere debate ni donde, una vez generado, sea útil. Me he metido en algún fregao debido a la restricción de los caracteres, que impide desarrollar en detalle una idea o un contra-argumento. Lo sé, en Twitter no te metas a discutir, porque no llegarás a ningún lado y acabarás muy agotado. Pero eso no hace más que confirmar mi punto: es una red donde las personas de ideas (o locuras) afines terminan conectando y hablando, realimentando sus ideas y llegando a creer que la mayoría piensan así. Algo similar me pasó con la divulgación de ciencia. Llegó un momento que pensé que la mayoría de la gente pensaba como yo, como mi red, como mi Twitter. Y obviamente resulta falso. Además, al no tener que confrontar las ideas frente a personas que piensan diferente, ni las ponemos a prueba suficientemente ni somos capaces de descubrir nuevos ángulos. Esto es porque los únicos que se lanzan a una discusión en Twitter son gente con ganas de trollear o que no va a poder desarrollar en condiciones un argumento. Así que uno termina viendo el mundo polarizado, entre los que piensan las mismas cosas y los que son reaccionarios irracionales. Y si los únicos que parecen razonables son los que piensan como yo, será porque lo que pensamos ha de ser cierto.

El problema viene de que en 140 caracteres se puede poner una idea que entenderán los que piensan igual, pero malinterpretarán los que piensan distinto. Da igual que sea ellos o yo, nos pasa a todos. En ese punto, comienza un debate, por llamarlo de alguna forma, que no llegará a ningún sitio, desvariará con temas laterales y se descontrolará. Al final, cada uno se queda con la idea de que ha ganado porque el otro ha perdido los papeles. Fin de la historia. Un gasto de energía mental para no llegar a nada: ni a un punto de vista nuevo, ni a una afirmación más profunda de la misma idea.

Sigo entendiendo que Twitter es una buena herramienta de comunicación para las empresas y probablemente sea buena también como fuente de información, si uno está dispuesto a gastar horas en leer el timeline y los enlaces, tras haber filtrado adecuadamente el mismo, claro. Pero como red social en la que participar, me cansa enormemente. No puedo con ella, me da pereza y no le encuentro sentido. Sigo teniendo cuenta en ella y publica enlaces al blog cada vez que escribo aquí, pero no le encuentro las maneras ahora mismo. No sabría decir porqué, pero de unos años a esta parte, cada vez me ha importado menos. Quizá dentro de un tiempo esté haciendo justo lo contrario, que es algo que pasó en su momento. Pero a día de hoy, Twitter me cansa y no me aporta demasiado. ¿A alguien más le pasa, o habéis encontrado la forma de sacarle utilidad?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s