La vida es desafío: adaptación y supervivencia, nos guste o no

Una idea fundamental que hoy en día está en el cajón del olvido para mucha gente es la expresada en el siguiente párrafo que leí hace algún tiempo:

Life is a test, a continuous struggle which every man – either poor or rich, successful or loser – has to endure. (…) We have been created to be tested – and we have been tested, are being tested, and will continue to be tested—for no man can escape the tests that life continually throws at us during the duration of our earthly existence.

que traducida, para los que lleven el inglés más flojo, es como sigue:

La vida es un desafío, una lucha continua en la cual todo hombre -ya sea pobre o rico, exitoso o perdedor- tiene que resistir.(…) Hemos sido creados para ser puestos a prueba -y hemos sido, somos y seremos puesto a prueba constantemente- y no hay hombre que pueda escapar de los desafíos que la vida continuamente nos lanza durante la duración de nuestra existencia.

Es algo tan obvio para mí, que me asombra encontrar aún adultos que se sorprenden, reniegan o ignoran este mismo concepto. Como he dicho en alguna otra ocasión, durante unos años en que todo iba más o menos bien, nos olvidamos de eso y pensamos que uno podía tener una vida tranquila, sin presiones y sin sorpresas desagradables. Conseguir un trabajo razonable, asentar la vida pronto y conseguir una situación en la que nuestro día a día era predecible, tranquilo y sin peligros era algo posible y habitual. Pero creo que era una situación temporal. Incluso en el más avanzado de los países, en la mejor civilización que haya existido, una vida asegurada y tranquila es algo temporal que quizá pueda disfrutar una generación, pero no la siguiente.

Así que estamos en una situación en la que creo que mucha gente está pasando por las fases del duelo, a pesar de que la realidad les demuestra tercamente como son las cosas, siguen rebelándose contra la situación.

Negación

Para algunas personas, esta idea, que la vida es difícil y peligrosa, es inquietante y reniegan de ella. No quieren aceptar el hecho de que la civilización no elimina los peligros, que uno tiene que estar preparado siempre para un mal golpe y sobrevivir. Adaptarse. Creo que esa es la clave que inquieta, porque adaptarse, o ser capaz de hacerlo, implica no relajarse, no conformarse con ninguna situación y estar siempre aprendiendo nuevas habilidades, ejercitarse mental y físicamente. Es agotador en ocasiones y esto puede ser el problema. Nos hemos vuelto cómodos.

Hay un script que nos inculcan y que se supone debemos seguir para conseguir nuestra felicidad. Pero en ese script sólo se habla, en el fondo, de relegar nuestra responsabilidad y convertirnos en seguidores. La cultura emprendedora es inexistente en nuestra sociedad. Y no estamos hablando de emprendedor como el que invierte todos los ahorros de su vida para montarse un bar, una tienda o cosas del estilo, pequeños negocios. Cuando hablo de emprendedores, hablo de algo más amplio. De gente que está emprendiendo nuevos proyectos constantemente. Puede ser aprender un nuevo idioma, hacer un curso online de un tema que le puede abrir puertas en un futuro no muy lejano, mejorar una habilidad o comenzar una nueva pasión como puede ser correr o jugar al rugby. Un emprendedor es alguien que está permanentemente observando qué cosas puede mejorar de sí mismo y no se conforma con lo que es, sino que siempre intenta ser la mejor versión de uno mismo y se enfrenta al fracaso de manera diaria.

Pero esto no existe apenas, esa mentalidad no se aprecia ni valora. Es más, se reniega de ella de forma activa, creando distorsiones de la realidad mostrando a los emprendedores como gente con dinero que puede permitírselo o locos descerebrados que se hunden con todo el equipo. Si nos fijamos, todo se trata de conseguir cosas, sin valorar el camino que lleva a ellas. Se valora un buen sueldo, pero no el trabajo que puede tomar el perseguir un empleo que nos realice y nos proporcione ese salario. Se valora el éxito pero no los distintos fracasos que han llevado hasta allí. Eso siempre se obvia, de manera que la realidad está distorsionada.

Hablando de la distorsión de la figura del emprendedor, tenemos los dos tipos en el imaginario colectivo: el rico, que es emprendedor porque ya tiene dinero; y el pobre, o ciudadano de a pie, que se lanza a montar su empresa y se hunde sin remisión entre deudas y problemas. Son casos extremos y menos habituales de lo que se quiere hacer creer. El problema es que cuando se tiene éxito sin ser el prototipo de “rico”, lo habitual es oír el típico comentario “qué suerte la tuya, que te ha salido bien el plan”. Esto refleja la realidad subyacente que es que nadie aprecia el trabajo que hay detrás de los logros. Ésa es la clave de la Negación.

Parece que uno toma una decisión arriesgada como puede ser dejar un empleo para formarse y desarrollar un proyecto personal o buscar un nuevo trabajo que se adapte mejor a su vida, y resulta que ha sido un tipo con suerte porque finalmente lo ha conseguido. Nadie se da cuenta de las noches sin dormir pensando en cuál será el siguiente paso, en la angustia que supone controlar cada gasto porque no se sabe cuando se conseguirán nuevos ingresos ni en el trabajo duro que conlleva sacar adelante un proyecto en el que nadie te dice lo que hay que hacer, sino que tu eres el responsable absoluto. Ha sido una persona con suerte; supongo que esta frase es una manera que tiene la gente de no sentir que ellos también querrían hacer un cambio así en su vida, pero el motivo por que no lo hacen es el miedo a fracasar. Por supuesto, esto es algo conocido en todo aquél que haya querido salirse del camino marcado, mucha gente está expectante, deseando que falles, para justificar así su inmovilismo. En algunos casos, será simple envidia. Pero siempre se caracteriza por negar la posibilidad.

Enfado

Esta fase es más que obvia: vemos a mucha gente realmente cabreados por las medidas políticas, las injusticias, la falta de derechos sociales y la destrucción sistemática de las instituciones como la sanidad y la educación. Y tienen razón para estar enfadados, eso no es lo que caracteriza a esta fase. Lo que la caracteriza es la incapacidad, o más bien, la falta de voluntad, de pasar de esa protesta a acciones concretas para seguir adelante. Gente que se dedica a manifestarse constantemente, a criticar, hablar, gritar… pero que no hace nada más, nada constructivo realmente. Simplemente critican, se enfadan, se informan sobre diferentes aspectos de la situación, buscan culpables y causas para la situación que sufren. Pero no buscan soluciones ni en general ni para ellos en particular.

He visto gente convertirse en un revolucionario 3.0, abriendo cuenta en varias redes sociales aparte de las que ya usaba, en las que no para de volcar manifiestos, enlaces a entrevistas, artículos… todos de los mismos tipos de medios, nada realmente profundo o coherente. Eso no es malo per se. Lo malo es cuando esa es la única acción que llevan a cabo para cambiar sus vidas, esperando que al protestar sean otros los que hagan algo para acabar con su situación en lugar de ser ellos los que se muevan para seguir hacia adelante. Hoy mismo, creo que hay muchísima gente que simplemente está esperando que cambie el sistema político, o el mismo partido del gobierno, con la esperanza de que eso ya consiga que su vida vaya a mejor. Y mientras, se quedan esperando, sin buscar una dirección, ni un propósito para su propia vida. Es gente que me parece que quiere ser seguidora, que quiere que su vida mejore -con un trabajo, una vivienda o mejores condiciones en general- pero que no hace nada. Ni mejoran sus habilidades aprendiendo un nuevo idioma, ni comienzan proyectos personales que les harán sentirse más realizados, ni amplían -o intentan ampliar- sus horizontes de búsqueda. Simplemente esperan a ver si ese cambio político finalmente les trae aquello que desean, o simplemente les trae algo mejor de lo que ya tienen. Y mientras, lo dicho, muchas protestas online y en vivo, pero sin tomar acciones reales.

Negociación

La idea de que “el trabajo no te tiene que gustar” es perversa porque nos incita a asentarnos en una vida que no nos llena ni nos apasiona. No se trata de encontrar el trabajo perfecto, puede que ni siquiera exista. Se trata de buscar opciones que mejoren nuestra situación, que se adapten mejor al tipo de vida que llevamos o queremos llevar en cada fase de nuestra existencia. Y para eso hay que luchar a menudo, dudar, buscarse problemas.

Pero hay personas en fase de negociación. Aceptando una situación mala, un sueldo ridículo o un trabajo denigrante. Aceptando su propio inmovilismo. Se convencen que no están tan mal y que podrían vivir así siempre. El argumento es que hay otros peor y que los que están mejor o han tenido suerte o han comenzado desde una mejor posición -ya sea con dinero, contactos o con una familia más influyente-, por lo que ese es el único motivo de que tengan una vida mejor. Pero como decíamos antes, eso no suele ser tan sencillo. Se entremezcla un poco con la fase anterior, porque siguen criticando a aquellos que defendemos que hay que moverse, lanzarse a hacer cosas y no dejarse llevar. Se quejan de que lo vemos muy fácil porque nuestra situación es mejor que la suya. A veces me han dicho que yo lo veo fácil porque tengo un trabajo muy bueno (se ve mejor desde la distancia) y vivo fuera donde todo está mejor. Se les olvida, quizá, que tuve que irme fuera, llegar a un país completamente extraño y empezar de cero.

The people who complain about this attitude are the same people who sit around complaining about guys with rich parents having a better start in life, rather than getting off their asses, working hard, and making something of themselves.

La traducción es similar a lo que comenté el párrafo anterior:

“Las personas que se quejan acerca de esta actitud (la de luchar por lo que quieres) son las mismas que se quedan sentadas quejándose acerca de tíos con padres ricos que tienen una mejor posición de salida en la vida, en lugar de mover el culo, trabajar duro y hacer algo a partir de ellos mismos”

Y con esta idea, simplemente aceptan lo que tienen, se aferran a la idea de que el trabajo no tiene que gustar. Aceptan un hecho terrible: que 8 horas de tu vida durante toda tu vida tendrás que gastarlas en un lugar que no te gusta, haciendo algo que no te gusta y obedeciendo a alguien que, probablemente, no te gusta. Se mentalizan y negocian consigo mismo que todo el mundo ha de pasar por el aro. En lugar de intentar descubrir qué quieren hacer con su vida y después ir a por ello, prefieren aceptar esta situación y sentarse a esperar. Se convencen que llegará un golpe de suerte, que algo cambiará en algún momento. Tienen alguna pasión o alguna idea de cómo quieren que sea su vida, pero buscan motivos para ir tirando sin comenzar nada real.

Quizá es que no es fácil comenzar un proyecto personal después de 8 horas de trabajar en un sitio que te desmoraliza. ¿Quién se puede poner a aprender inglés, a hacer más deporte o a comenzar una web personal tras 8 horas de trabajo o más?  Esto es negociación. Están negociando con su propia frustración para intentar convencerse de que lo van a hacer, comenzarán a moverse. Pero justo ahora no, muchas horas extra, o es mal momento porque las vacaciones van a llegar o bien, con la crisis, no hay dinero para hacer ninguna de esas actividades. Lo primero es algo inevitable y siempre habrá algún motivo que hará duro o difícil llevar a cabo esas tareas o cumplir esos intereses. Pero le pasa a todo el mundo, al menos, cuando empieza con algo nuevo. Lo segundo, el dinero, simplemente no es cierto. En internet hoy en día, hay cursos de formación gratuitos de absolutamente cualquier cosa, montar un blog, una web o algo similar, es tremendamente sencillo y barato; montar foros, participar en ellos sobre temas que le interesen a uno y formar comunidades, grupos y eventos, es lo más sencillo del mundo y totalmente gratis. Y para hacer deporte, tampoco se necesita mucho dinero, en general, cuando uno comienza. Lo único que requiere es el compromiso personal de dedicarse a aquello que uno sabe que quiere hacer. Es difícil levantarse dos horas antes de ir a trabajar para escribir en un blog, o dedicar una tarde después del trabajo a estudiar cómo trabajar con WordPress, o escribir un nuevo borrador para un artículo nuevo, en lugar de irse a tomar unas cañas o verse una película. Pero es el precio a pagar por conseguir las metas.

Cuando hablas con ellos, queda claro que hay cosas que saben que les gustaría hacer. En ocasiones, es algo difuso, no tienen completamente claro qué es exactamente o los detalles, pero sí la idea general. Eso es normal, y probablemente sea lo que provoca las dudas y el miedo a fracasar. Pero en vez de ponerse en marcha e ir corrigiendo el rumbo según se avanza, negocian con su yo emprendedor, con esa llama interna que les grita que la mitad del día trabajando y la otra mitad viendo películas no es una vida interesante ni una que les llena. Negocian para convencerle de que deje de gritar, que ya llegará su momento. Y mientras, casi sin darse cuenta, van pasando a la siguiente fase.

Aceptación

O rendición, en este caso concreto. Han conseguido vencer a ese yo interno que quiere hacer cosas, que está todo el rato molestando y haciéndoles sentir incómodos. Ya pueden ir a trabajar sus horas, hacer incluso extras no remuneradas, volver a casa, beberse una cerveza mientras ponen la tele para no darle muchas vueltas y pasar la semana sin más movimiento, sin nada fuera de esa rutina, sólo para llegar al fin de semana y salir a gastarse algo más de dinero en lo mismo de siempre. Cenas, o comidas o salir a tomar copas por inercia. Volver a casa, dormir la mona hasta tarde y volver a encender la tele o la consola, o un libro o novela, y dejarse llevar hasta el siguiente día.

Esta es la situación en la que tras meses de no ver a una de estas personas le preguntas qué tal le va, y la respuesta es “como siempre” porque no ha pasado nada fuera de lo normal en esos meses, un día es igual que el anterior. Ocurre en la vida que a veces pasamos un tiempo sin que nada se salga de lo previsto, por muchos motivos, pero en estos casos de aceptación, esa rutina no es circunstancial. Es la esencia de su vida. Han rendido objetivos y no tienen más metas que conseguir algún aumento para poder comprar más cosas que llenen el vacío. Yo estuve en esta fase un tiempo. Por suerte, conseguí romper esa dinámica y comenzar a moverme, a buscar mis metas y a perseguirlas. Y lo cierto es que da igual que fracase, porque como decía antes, lo importante no es el destino, sino el camino que nos lleva ahí. En ocasiones, el camino nos llevará a otro lugar porque descubriremos cosas que nos atraen más, que nos motivan, mientras llevamos a cabo nuestros… ¿sueños? Es un poco cursi, pero podría valer.

More important, though, is one’s mental attitude. If you want anything in life, you have to fight for it. That is a mindset you should develop too.

Si no domináis el inglés, os dejo que os toméis la molestia de usar un traductor para entenderlo. Un pequeño esfuerzo, puesto que la conclusión de toda esta parrafada es que la vida es esfuerzo, y hay que luchar por lo que queremos. Aunque no siempre tengamos éxito, aunque no consigamos nuestras metas.

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