La Filosofía no vale para comprar el pan

Era de esos que hacía tiempo pensaba que la filosofía valía para bien poco hoy en día. Desde mi punto de vista, algo que se debatía entre ideas que no tenían agarre sólido en la realidad, etéreas e inconcretas, no tenía sentido hoy en día. En parte, creo que no ando desencaminado, y me explico. Hoy la filosofía, como carrera, parece destinada a generar un grupo de nuevos filósofos que seguirán en la universidad, lucharán duro metiéndose en las instituciones y continuarán la estirpe. No sé cómo de novedosas serán sus ideas dentro del mundo de la filosofía, pero sí que tengo la sensación que no permearán en la sociedad sino que quedarán atrapadas en el endogámico mundo que es hoy en día la universidad. El resto de estudiantes, tendrán que capear la tempestad del mundo laboral lo mejor que puedan, buscando su hueco y enfrentando la incomprensión generalizada acerca de su carrera y su utilidad real.

En ese sentido, sigo pensando que no es muy útil. Aunque yo era un fiel defensor de la idea de que había que estudiar aquello que te interesa, independientemente de su utilidad posterior o real, cada vez soy más pragmático o realista. Es lo que tiene meterse en el mundo laboral, supongo. El caso es que aparentemente debería haberme vuelto más en contra de la filosofía como rama útil del conocimiento. Sin embargo, he descubierto su utilidad, y es enorme. La filosofía no sirve para comprar el pan, ni para arreglar un ordenador; no te consigue un trabajo ni te permite llenar tu cuenta del banco. La filosofía no trata sobre utilidades prácticas, no son conocimientos prácticos, ni métodos.

Así que tendrá que ser una cosa relacionada con las ideas. ¿Acaso sirve entender la idea del mundo que tenía Kant, es útil entender cómo veían la idea del alma en determinado siglo o si pensaban que el humano era ser racional o no? El problema de la filosofía para mi era que se había alejado demasiado de las ciencias a las que había parido, del método científico y de las matemáticas -algo que era consustancial con la misma filosofía en tiempos de la Grecia clásica-. Y claro, sin método científico que avalase sus modelos sobre la mente humana, por ejemplo, nos encontrábamos con una cantidad enorme de escritos que hablaban sobre conceptos e ideas indemostrables, haciendo todo ese compendio de conceptos algo realmente inútil, aparte de alguna masturbación mental que otra. Así que, si no es útil para obtener conocimientos prácticos directamente aplicables y si tampoco parece específica para obtener modelos del mundo comprobables empíricamente, ¿por qué digo que es útil? ¿Acaso porque ayuda a pensar y a estructurar el cerebro? No creo que lo haga mejor que estudiar matemáticas o ciencias.

La filosofía no te compra el pan, pero te da un modelo del mundo, una filosofía de principios por los que regirse. Me he dado cuenta recientemente que muchas de las ideologías económicas que están en boga últimamente (capitalismo, comunismo, socialismo…) en realidad se basan en conceptos -opuestos, en algunos casos- que podrían considerarse principios filosóficos. La elección de modelo económico vendrá determinada por esos principios filosóficos previos, contrariamente a lo que se piensa. No es el modelo el que trae los principios sino al contrario: dependiendo de tus principios, elegirás uno u otro. Por ello, si tus principios van cambiando debido a la experiencia que te da la vida misma, tenderás a cambiar el sistema más acorde con los mismos.

Por poner un ejemplo, si uno piensa que todas las personas son iguales, que deben tener las mismas cosas, que todo se debería repartir igualitariamente y que todo el mundo ha de tener las mismas condiciones que los demás, la tendencia es elegir el comunismo. Por otro lado, si uno tiene como principio el que uno ha de ganárselo todo, que el mérito debería ser la forma de medir quién consigue más y quién menos, que quién trabaje o produzca mejor debería tener mejores recompensas o resultados y que el resultado del trabajo de una persona ha de estar correlacionado con la importancia o valor real del mismo, la tendencia es el capitalismo. Son dos generalizaciones burdas, para que se entienda lo que planteo.

El asunto es que los principios del individuo, los que guían sus decisiones y formas de actuar, son esencialmente filosóficos. Así que no creo que se pueda hablar del comunismo como una filosofía per se, pero las ideas que dan lugar a ese modelo socioeconómico sí que lo son. Lo mismo pasa con las demás. Y ahí es donde la filosofía, y su estudio, resulta determinante. Porque las cosas no son tan simples como “creer en la justicia, en el bien y en la igualdad”. Todo el mundo, más o menos, cree en esa frase o la defendería. El problema surge cuando entramos a definir qué significa igualdad -¿es igualdad de oportunidades, igualdad de posesiones, igualdad de derechos, de deberes?- o qué es la justicia. Es la filosofía y la cantidad de ideas que ha generado en diferentes escuelas, autores y momentos históricos, la que nos permite determinar o intentar desentrañar qué significan esos términos. La dificultad estriba en un detalle: la filosofía no puede existir o desarrollarse sin una experiencia en el mundo real. La idea de justicia ha de evolucionar en un entorno real, donde se vean las implicaciones de cada concepto. Parecería justo que todo el mundo tuviese el mismo sueldo o el acceso a los mismos recursos, al menos desde un punto de vista teórico -quienes me conocen, saben que voy a negar esto en seguida-. Pero la experiencia real nos permite descubrir que no todo el mundo trabaja con la misma eficacia, ni con el mismo empeño, que no todo el mundo se esfuerza igual (dentro o fuera del trabajo) para conseguir sus metas y que no todo el mundo es igual de responsable a la hora de invertir tiempo y dinero en estudios, compras o experiencias.

Esta reflexión ha ido surgiendo estas últimas semanas porque he comenzado a estudiar ciertos modelos económicos y sociales: comunismo, capitalismo, socialismo. La santa trinidad, vaya. Y me he dado cuenta que el problema y el conflicto que aparece entre ellos no es que en uno se valoren más los derechos humanos en sí, sino que los conceptos filosóficos que manejan cada uno sobre lo que es libertad, sobre el individuo y sobre el funcionamiento del mundo, así como el concepto de lo que es justo y lo que no, son muy distintos. Opuestos en algunos casos. Por eso estoy liado con varios libros. El de Adam Smith, La Mano Invisible, ya lo he terminado. Es un primer estudio de la economía entre países y la dinámica de las exportaciones y sus efectos -secundarios y a veces contraproducentes. Muy interesante, aunque algo desfasado por ser antiguo. También he comenzado el libro de Ayn Rand, La Rebelión de Atlas. Me está impresionando mucho. Aunque estrictamente hablando es una novela, introduce las partes más importantes de su filosofía. Le seguirán El Capital (gratuito, sin derechos de autor) de Karl Marx, que probablemente tenga el mismo problema que el de Smith, el desfase de sistemas económicos del momento y el actual, y otros libros de Ayn Rand que son ensayos ya propiamente dichos.

Creo que la filosofía se ha mostrado d nuevo para mí como algo realmente importante. Ya no es una frase hecha, no es porque enseñe a pensar con lógica -como digo, no creo que enseñe a pensar mejor que las matemáticas-, sino que tiene sentido real porque sirve como herramienta para establecer unos principios morales y éticos, analizar modelos sociales y modelos económicos en base a los mismos principios que realmente hacen que elijamos unas ideologías u otras. En base siempre a esos principios morales que nos sirven de guía. Este párrafo se parece mucho a lo que solían decirme profesores de filosofía e el instituto, pero por fin ha cobrado un sentido real para mí. Al fin, entiendo qué querían decir.

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