Todo lo que siempre quisiste saber sobre los Audiolibros

Por estas promociones tan de Amazon -mi nuevo y único dios- conseguí 3 libros que resultaban muy interesantes y que tenía echado el ojo. Pero eran audiolibros, el formato de los vagos y los estudiantes perezosos que no querían leer párrafos llenos de letras y páginas sin un sólo dibujo. Los audiolibros se pueden escuchar en el ordenador, una tablet, móvil o en un iPod. Aunque personalmente, sólo dediqué un mínimo esfuerzo en configurarlo en la tablet, lo cuál es bastante simple, instalando sólo una aplicación. No tenía muchas esperanzas sobre el formato, así que mejor no dedicarle mucho esfuerzo. Tampoco era plan de ignorarlos, porque los libros originales eran algo carillos y estos eran gratis. Como buen español, si algo es gratis, me lo pido.Así que tenía que probar este formato. Aquí traigo mis conclusiones tras haber terminado uno de ellos y estar empezando el segundo.

Por motivos de la vida, el Universo y todo lo demás, resulta que no terminé esta entrada cuando decidí escribirla. Pero como adelanto de mi opinión, decir que estoy igual que antes: con un audiolibro terminado y el otro en el mismo punto donde lo dejé.

Cuando configuré la tablet para escuchar los audios, pensé que sería interesante ponerlo mientras hacía otras tareas más coñazo, como fregar los platos -mi vida por un lavavajillas-, limpiar o planchar -si alguien no plancha por mí, que no es lo habitual-. Así fue como escuché el primero de ellos y como empecé a escuchar el segundo. Sin embargo, no es la forma óptima para mi. Tal vez se deba a que mi imaginación es más poderosa que yo, lo cuál me ha traído algún que otro problema, y termino pensando en mis cosas mientras que, de fondo, se escucha lo que sea que estén diciendo. A lo mejor es que soy monotarea y no puedo hacer dos cosas que requieran concentración a la vez, a pesar de mi tendencia a intentarlo. Pero el caso es que el primer libro, aunque interesante, lo recuerdo a medias. No podría resumir adecuadamente todo lo que contaba. Sí es cierto que la idea esencial del mismo la cogí -me preocuparía si no fuese así- pero ha sido como si leyese las noticias. Algo superfluo. Y un libro requiere concentración puesto que contiene muchas ideas.

Tengo un problema desde hace algún tiempo: no puedo estar haciendo algo que requiera sólo un sentido. Esto explica porqué no puedo escuchar música sentado en el sofá, o la radio. Necesito estar también leyendo o haciendo otra cosa. Ver una película si puedo, porque uso vista y oído. No sé bien el motivo de esta estúpida manía, pero creo que tiene que ver con el tiempo. Siempre falta. Desde que decidí dejar de hacer el gilipollas y no perderlo de forma habitual en nada en concreto -siempre viene bien de vez en cuando, pero puntualmente- no puedo hacer cosas como echar una tarde entera tirado en la cama sin hacer nada en concreto. O duermo porque necesito descansar, o veo una película o juego un videojuego para desconectar y entretenerme, o leo libros, artículos de internet, etc, para aprender (o entretenerme también)… todo tiene algún objetivo o sentido particular. Cuando descubres la cantidad de cosas que puedes hacer y mejorar en tu vida, resulta que el tiempo se convierte en un bien muy escaso. No es simplemente el tiempo después de currar para dedicarte a divertirte o relajarte. Es el tiempo con propósito, para avanzar y conseguir cosas para uno mismo -materiales o inmateriales-, para escribir y para proyectos personales.

Siendo así, me resulta difícil estar sentado escuchando una voz que me recita un texto -aunque la forma de narrar es muy buena en general- y estar mirando al techo. Aunque mi cerebro esté atento, siento que no aprovecho el tiempo. ¿Obsesiones de señor mayor? Demasiado pronto, pero puede ser. El caso es que ese método para escuchar los audiolibros hace que no merezcan la pena.

¿Y ya está? ¿No merecen la pena? No lo sé aún. Tengo que probar otra opción. En un mes aproximadamente, la oficina en la que trabajo se moverá hasta el edificio de las instalaciones definitivo. Será una horita de viaje hasta allí en transporte público. En ese trayecto en el que llevar un libro será no todo lo cómodo que requiere, quizá sea el momento de escuchar estos libros. Al fin y al cabo, tampoco hay mucho más que hacer salvo imitar a las sardinas en lata. En ese caso, quizá sea el formato perfecto para los audiolibros y como ahora mismo no tardo más de 5 minutos de mi casa a la oficina, no puedo comprobarlo aún.

Aún no me he dado por vencido con los audiolibros, aunque reconozco que no me han emocionado en absoluto. Tal vez encuentre en los largos trayectos en transporte público el lugar ideal para usarlos. Cualquier cosa será bienvenida, cualquier formato, con tal de cubrir la obsesión por mejorar, aprender y absorber información sobre los temas que me apasionan/obsesionan.

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