Corrección política, consecuencias y la muerte de la inteligencia

La corrección política parte de mentes débiles que no pueden asumir y aceptar que en el mundo ocurren cosas que no les gustan, ni que hay gente que tiene ideas, creencias y pensamientos que contradicen los suyos. Respirad hondo ahora, que la frase es dura. La corrección política nace de mentes débiles.

Lo que en un principio parece algo correcto, como cambiar una percepción que se torna errónea, ideas discriminatorias o negativas o creencias desfasadas, puede terminar derivando en un extremo que prohíbe y castiga el disentimiento. Hablamos ya de tabúes y de que lo políticamente (y socialmente) correcto ha alcanzado el grado de dogma de fe que impide la discusión de ideas. Ya no se trata de que aquello que se consideraba injusto (el racismo, por ejemplo) sea defendido por alguien, sino que se llega al extremo de prestar más atención a la posible violación de ese dogma antes que a las ideas o argumentos que se esgrimen. Es algo parecido a la política española actual: no importan las ideas en sí, sino quién las ha dicho. Si criticamos una idea de Podemos (o de IU, pero ahora mismo la estrella es Podemos), no se valora lo que decimos, sino que se insinúa o plantea que apoyamos al PP. Lo mismo se da en caso contrario (nadie se salva de esta actitud). Si Ciudadanos (otros en la cresta de la ola ahora mismo) dice algo, se le echa en cara que pretende hacer políticas del PP de forma ladina. Es decir, nunca se discuten las ideas, sino quién las dice.

Como ejemplo sencillo, hace unos años, nuestra ya ex-alcaldesa de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre, planteó el bachillerato de excelencia como una medida de promocionar y mejorar a los alumnos más brillantes. En seguida aparecieron artículos clamando contra la segregación de los más ricos, de los más pudientes, puesto que estos serían, previsiblemente para los clamantes, los que se beneficiarían de la medida. Educación a dos velocidades, decían. Sin embargo, en ningún momento se habló de la forma de implementarlo. No se criticaba que Aguirre plantease establecer parámetros para facilitar el acceso a los más pudientes, puesto que ni siquiera había planteado mecanismos. Simplemente había lanzado una idea: establecer mecanismos para que los más dotados intelectualmente pudieran desarrollar su capacidad al máximo. Pero eso estaba en contra del dogma políticamente correcto de que todos hemos de ser iguales. Antes de lanzarte a los comentarios a explicarme que esto está bien, analiza: ¿todos somos iguales o, más bien, todos debemos tener iguales oportunidades? Es que no es lo mismo.

Y esto lo dice uno que no habría entrado en ese bachillerato, así que no lo digo porque piense que me hubiese beneficiado. En cualquier caso, nunca se debatió seriamente, sino que se censuró y se criticó siquiera que se hubiese dicho en alto. Cuando salía la conversación en mis círculos y yo defendía las ventajas posibles, se sorprendían todos y me decían que como podía defender algo tan injusto y en contra de la igualdad… de nuevo el dogma. No eran capaces de procesar mis palabras y entender mis ideas, porque eran políticamente incorrectas dentro de mi entorno.

Mentes débiles

En el caso de la corrección política, pasa muy parecido: no importa el argumento en sí, sino el hecho de que parece tocar un tabú, una vaca sagrada del buenismo imperante. No hablo de la persona idiota que suelta una frase incendiaria, que se declara anti-algo solo por romper ese tabú. Hablo de quien argumenta en contra de una opinión que se considera aceptable. Ejemplo práctico: no es lo mismo decir que los inmigrantes vienen a robar, que plantear los problemas socio económicos que supone una apertura total de fronteras. En el primer caso, hablamos de racismo o xenofobia; pero en el segundo hablamos de una posición razonada, que podrá estar equivocada o no, pero habrá que escuchar los argumentos.

Este tema es uno más de los muchos que he visto que son declarados tabú. Si alguien saca el debate o expone su idea, antes de poder explicarse, ya será acusado de xenófobo o intolerante. Y como este, muchos otros asuntos. Y cada día tengo más clara una cosa: que la sociedad se rige más por cohesión de grupo y dogmas que por razonamientos reales o basados en la evidencia. Esta idea la llevo rumiando tiempo: nos movemos por ideas aceptadas, pero no necesariamente ciertas, y cuando una idea se impone -incluso estando en un principio basada en la razón- termina extremándose hasta convertirse en otro pilar dogmático más, llevado al extremo. Ejemplo el de la xenofobia, puesto que nada tiene que ver ser xenófobo con ver los problemas reales que supone para un pais -incluso antes de la crisis- aceptar a cualquier individuo de cualquier nacionalidad que quiera establecerse en su territorio, sin control alguno.

Para mí, todo se reduce a que quién basa sus ideas y argumentos en lo políticamente correcto es alguien que tiene una mente débil, porque usa la autoridad de grupo, por llamarlo así, para afianzar y defender su postura. No estoy hablando de quién es capaz de argumentar lo que piensa, de debatir y valorar otras visiones del problema. Hablo de quién se niega a debatir porque se niega a escuchar, en primer lugar, los argumentos del otro. Simplemente porque van en contra de una idea que él puede defender.

Todos tenemos mentes débiles

Quizá el problema es que el mundo, hoy en día, es demasiado complejo para nuestras mentes forjadas en la sabana y los bosques (más sobre esta idea el jueves, ¡permanezcan sintonizados!), dentro de sociedades tribales. Una idea que recojo del libro El Cisne Negro, de Nicholas Taleb, (versión papel, versión kindle en inglés) sobre la impredecibilidad de los sucesos raros. Se repite a lo largo del mismo y me parece bastante convincente. Y es que no estamos preparados para entender la red de complejas interacciones que se producen en el mundo actual, así que recurrimos, todos, a ideas fijas que no nos replanteamos, para poder navegar la incertidumbre diaria. Cuántas veces no habrá ocurrido, sin embargo, que se aplica una medida (gubernamental o personal) con buena intención, bien argumentada y aparentemente perfecta, y aparecen efectos secundarios que producen que al final sea peor el remedio que la enfermedad. Todo por aferrarnos a ideales, a planteamientos que son perfectos en el plano teórico, pero que son irrealizables o muy complejos en el plano real, puesto que ahí no tratamos de situaciones ideales, sino de situaciones reales, con gente real, que no es buena ni mala. Imperfecciones, en general.

Lo que quiero decir es que la corrección política dificulta y condena pensar diferente. Censura a las personas que piensan distinto. Lo mejor de todo es que suelen ser aquellas personas que más claman por abrir la mente a otras ideas, quienes más piden que se les de voz para ver otras realidades resultan ser los que más se ofenden, sorprenden y cabrean en cuanto escuchan opiniones diferentes a la suya -vayan o no acompañadas de argumentos, puesto que nunca llegan al punto de escucharlos en serio-. Son esas personas las más dogmáticas y que más gustan de ejercer de policías del pensamiento.

Respecto a esto, me he encontrado a lo largo de los años este mismo perfil una y otra vez: persona que defiende algún concepto aparentemente contrario a lo establecido (aunque luego resulta ser más bien una idea vieja ya desechada por absurda, incongruente o simplemente falsa) y que, cuando se enfrenta a críticas elaboradas usa la carta de censura, de falta de apertura en el diálogo y de ausencia de libertad de expresión. Esa misma persona, aquí viene lo bueno, ya sea en un entorno afín a sus convicciones, o porque ese concepto se ha hecho mainstream, o en otro tema donde defiende la opinión generalizada, es la que censura, boicotea el debate y rehuye y niega argumentos, ejerciendo de censor e impidiendo la libre discusión racional. Algo de lo que antes tanto se quejaba. Creo que forma parte de la esencia del ser humano.

El respeto se gana, no se tiene por derecho. Las ideas no han de ser respetadas si no lo merecen.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s