Oferta y Demanda

Estoy algo liado con la vuelta del blog de rugby, así que quizá esta semana la cosa ande floja. Pero quiero dejar algunas ideas a las que doy vueltas desde hace tiempo. Hace ya unos años que la economía y la dinámica social son dos temas que me interesan mucho y que, creo, están íntimamente relacionados. Tanto es así, que mis ideas sobre estos temas, para disgusto de algunas personas que me conocen, han ido cambiando y adoptando un enfoque más realista y menos idealista. Menos humanista, si se quiere.

De las ideas fundamentales que más me han afectado y que más han cambiado mi punto de vista es la de la oferta y la demanda. Creo que, al contrario de lo que se dice, no es tanto una ley económica como una ley natural. Se trata de disponibilidad de recursos, su valor para un individuo (o ser vivo, ya que nos ponemos) y la cantidad de individuos que quieren ese recurso. Por ejemplo, para animales viviendo en determinadas zonas de la sabana, la sal es un recurso muy valioso por escaso, así que recorren kilómetros en busca de yacimientos del mineral, invirtiendo energía y exponiéndose a riesgos vitales para conseguirlo. Esto no lo hace ningún animal que disponga de sal suficiente en su dieta o en su entorno.

En el caso de los humanos, la cosa se complica un poco, pero la idea es la misma. Alguien es capaz de crear un objeto útil, como por ejemplo, un cántaro para contener agua. Para aquellos sin acceso a arcilla o sin conocimientos para cocer la arcilla o moldearla, tener un recipiente como ese puede ser realmente útil. Así que tienen que ofrecer algo a cambio. Si resulta que solo hay un alfarero en un pueblo y que solo puede fabricar 3 vasijas al mes, el precio va subiendo. Al contrario de lo que piensa mucha gente, no es porque el alfarero decida subir ese precio por su maldad, sino que se ha dado cuenta que alguien que necesita un cántaro de forma urgente, decide pagarle el doble que los otros para tenerlo cuanto antes, en lugar de esperar meses para conseguirlo. Como nuestro artesano no es gilipollas y, por mucha buena intención que tenga, quiere sobrevivir él y su familia, se da cuenta que su trabajo vale más, así que sube el precio. Este subirá tanto como haya gente dispuesta a pagar de forma regular por ese recurso escaso.

Por eso, me parece que una economía basada en la ley de la oferta y la demanda no solo no es inmoral, sino que es un resultado imposible de evitar, salvo con un intervencionismo brutal propio de dictaduras. Si se deja libertad a las personas, estas dinámicas surgen de forma espontánea.

Luego está el tema de generar escasez de un recurso valioso para aumentar artificialmente su precio. Como digo, en humanos la cosa se complica bastante. Por eso hay leyes contra este tipo de actuaciones, siempre que el recurso en sí sea fundamental. Es decir, es éticamente repochable destruir cosechas para aumentar su valor y hay, si no estoy equivocado, leyes contra eso. Pero no es reprochable moralmente (o éticamente que no es lo mismo) que alguien decida fabricar solo 20 portátiles de su marca cuando puede hacer más.

Como digo, son ideas un poco al aire, pero la conclusión para mí es clara: la ley de la oferta y la demanda es una ley natural, casi un principio de la vida. Cuando un recurso vital para un organismo (o varios) es escaso, esos organismos competirán por el recurso con todas sus fuerzas. Y resulta que según subes en la escala evolutiva, la cosa se sofistica, pero la idea base permanece esencialmente igual.

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