Cómprate una casa… o no

Hay un problema grave en la mentalidad que tenemos respecto a las casas. No tengo claro porqué, pero la gente sigue obsesionada con tener una casa en propiedad. Después del desastre que supuso la burbuja inmobiliaria, uno podría pensar que la gente se lo pensaría mucho y decidiría alquilar. Sin embargo, parece que el concepto mental de poseer una casa en propiedad se asocia con el hecho de tener seguridad vital. Algo que apela a lo más básico de nuestro cerebro. Quizá por eso la gente tomó decisiones poco inteligentes entrando en hipotecas a 30 años con una estabilidad laboral más que cuestionable. Poco inteligentes o estúpidas, según se mire, porque no descarto la codicia de que la casa “valdrá el triple en 5 años”… como todas las demás, vaya.

Es un tópico del tipo “yo siempre lo dije” o el de “yo conocía a ese grupo antes de ser famosos”, pero lo cierto es que antes de la crisis me sentía de los pocos que no veían viable como estaba evolucionando el tema inmobiliario. No porque fuese un renombrado economista que entendía el mundo mejor que los demás, simplemente que no concebía encadenarme 30 años a una obligación vital como una hipoteca, comprometiendo mi futuro a una ciudad (donde estuviese la casa) y a tener que mantener un mínimo de sueldo al mes por encima del de supervivencia. Demasiada incertidumbre. Me parecía todo demasiado incierto como para estar seguro que iba a poder hacerlo. Una intuición racionalizada que resultó ser cierta.

La Opción

Yo alquilo. Y creo que lo haré durante mucho tiempo, sino toda la vida. Antes era más común, así que no es tan obvio eso de tener una casa en propiedad como algo que se haya hecho siempre. Para mí, hoy en día, comprarse una casa cuando no se tiene el dinero para pagarla de una vez, es una locura. No es una inversión, como se suele decir, porque una inversión es algo que haces con el dinero que no necesitas para vivir, una inversión es una especie de apuesta con seguridad, en el sentido de que si sale mal, no te hunde la vida. Comprarse una casa para vivir en ella es todo lo contrario: es hacer una apuesta a 30 años que si sale mal acaba con tus huesos en la calle y con tu cuenta bancaria en números rojos durante años. Otra cosa es quien compra una casa y la alquila a otras personas. De esa forma, la casa se paga sola (más o menos) y en un futuro, eventualmente tienes una casa pagada que puede generar beneficios o evitarte gastos viviendo en ella, además de ser el refugio último cuando todo lo demás se tuerce.

No disfrutas tu casa de forma inmediata, que es el problema que le ve alguna gente a este método, pero por eso precisamente es una inversión. Porque las inversiones revierten al cabo del tiempo. Por el contrario, firmar una hipoteca y meterse a vivir en el piso, pagando mes a mes, es lo que se podría decir un capricho muy caro con unas consecuencias potencialmente desastrosas (¿recordáis el Cisne Negro?). Y, aunque sea políticamente incorrecto, firmar una hipoteca que se lleve 3 cuartas partes de tu sueldo al mes es querer vivir por encima de tus posibilidades. No hay razones que justifiquen esa decisión de forma racional. No importa que uno quiera establecerse, o formar una familia o tener un refugio propio: asumir que las próximas décadas vas a tener un trabajo que te de un sueldo igual o mayor que el que tienes actualmente, pensar que no te va a pasar nada que te impida trabajar durante una temporada larga (enfermedad, accidente, circunstancias insospechadas…) o, directamente, creer que no te van a surgir necesidades que te obliguen a cambiarte de ciudad,… es asumir, pensar y creer demasiado alegremente.

Tal vez el problema es que en nuestro mundo, Europa, las cosas parecen más predecibles de lo que son simplemente porque es mucho menos probable morir de forma violenta, de hambre o de una enfermedad de lo que ha sido común durante la historia. Nos hemos acomodado y tendemos a pensar que la vida es esa cosa interesante en la que nuestra mayor preocupación es decidir qué comprar y pagarlo a cómodos plazos. Y lo cierto es que la crisis ha sido una buena dosis de realidad y nos ha pillado desprevenidos. Pero pensaba que habíamos aprendido algo de todo ello. Aunque sea, que no es una buena idea firmar algo que te comprometa completamente a más de dos años vista. Más allá de eso, deberíamos entrar sólo en situaciones que tengan una salida clara. Y, sinceramente, tener que malvender tu casa (eso si no te la embargan), mientras vas de cobijo en cobijo con la incertidumbre de saber cuál será tu techo la semana que viene y mantener una deuda con el banco aún así, no me parece que sea una salida clara.

Ahora es cuando algunos empezarían a clamar contra las injusticias de los desahucios, de la ley hipotecaria (y los desmanes que se han cometido). No falta razón, pero no tiene que ver. Una cosa es que las leyes fuesen una locura o que las condiciones en caso de impago fuesen draconianas, pero otra cosa es que los hipotecados firmaban los contratos. Ahora no vale decir que las cosas están mal y que no es su culpa o que no pueden echarles a la calle. Ellos sabían las condiciones y sabían las consecuencias de no pagar, sólo que pensaron que no llegarían a ese punto. Sobrevaloraron sus opciones, algo lógico en parte. Pero se expusieron a un cisne negro, a un suceso poco probable en el momento, pero que en caso de ocurrir, les dejaba en la ruina. Y si alguno de ellos firmó condiciones que luego se han declarado ilegales (ha ocurrido, más de lo que sería esperable de un país normal) peor aún. Porque eso significa que ante una decisión de tal importancia no se informaron adecuadamente, no miraron todos los detalles ni pensaron en los riesgos. Y si no hubiese sido contrario a la idea de estar 30 años pagando por algo, creo que también habría caído en este error.

Evitar la Condena Hipotecaria

¿Y qué hacer si uno quería una casa en propiedad y las condiciones eran así? Pues depende de la persona y situación, pero una opción era no comprar. Que los alquileres eran casi tan caros como el pago mensual de la hipoteca, lo sabemos. La diferencia es que podías decidir marcharte, renunciar, en menos de un mes con pérdidas económicas mínimas. Pero nadie miraba eso, sólo miraban que estaban “perdiendo” dinero si alquilaban. De nuevo, una forma de ver las cosas que no es tan racional como pensamos, puesto que nuestro cerebro tiene problemas con la probabilidad.

Las cosas han cambiado y, por lo tanto, tenemos que adaptarnos. Comprarse una casa no debería figurar ya entre las probabilidades de la gente, salvo que el dinero les sobre como para pagarla en menos de 5 años. La opción ha de ser alquilar mientras intentamos construir una vida alrededor. Desarrollar una carrera y unas pasiones y pensar en como avanzar. Quizá llegue un día en que tengamos problemas para pagar un alquiler, así que tendremos que tener eso también en cuenta. Habrá opciones, podremos irnos a un país más barato, minimizar gastos y montar un negocio que nos ayude a subsistir. En el peor de los casos, acabaremos en la calle. La diferencia es que no tendremos una deuda eterna con ningún banco, que no tendremos ataduras a un lugar concreto y podremos mudarnos de ciudad si es necesario. Personalmente, hoy en día una hipoteca supone más riesgos que vivir de alquiler, más problemas y más restricciones a nuestra supervivencia.

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