7 puntos, nuevos hábitos

Últimamente le doy muchas vueltas a la idea de como cambiar aquellas cosas que no te gustan de tu vida, asi como las cosas que han cambiado en la mia y las que cambiarán. No es nada fácil. Llevo dos años cambiando todo aquello que no me gustaba (o que descubrí que no me gustaba). Básicamente las circunstancias hacen que modifiquemos perspectivas y gustos. Y no solo es complicado ser consciente acerca de nuestras debilidades o errores, sino que incluso identificados, cuesta mucho romper malos hábitos.

Entiendo perfectamente aquellas personas que deciden seguir como hasta ahora, sin rompecabezas y sin complicaciones. Nadie te explica cómo y te tienes que pelear contigo mismo hasta que encuentras la forma de adaptar tu vida o tus costumbres a aquello que quieres hacer. Al final, si uno no anda con cuidado, termina coleccionando notas, documentos de texto, post-its y alarmas en el móvil en donde ha apuntado una y otra vez nuevas tareas y obligaciones que se quiere imponer, pero no termina de llevarlas a cabo.

Sin embargo, a mí me funciona más ser concreto que ser general, y creo que no soy la excepción.

Las 7 ideas clave para ponerse las pilas:

  1. La regla de los 2 minutos. Cualquier obligación o tarea que lleve menos de 2 minutos realizar, hacerla inmediatamente. Eso evita que acumulemos pequeñas cosas pendientes que van generando estrés y termina evitando que nos centremos en lo importante. Hacer la cama, cambiar la bolsa de basura, recoger la ropa tendida… En el momento en que se que tengo que hacer alguna de esas tareas, simplemente la hago.
  2. Disciplina diaria. Imponerse simples horarios para priorizar. Como ejemplo, nada más levantarse escribir durante 20 minutos en el blog, mientras tomo el café. Al volver del trabajo, coger la mochila e ir al gimnasio, una hora diaria dedicada a leer… Tiene que ser flexible. Si tengo que hacer otra cosa urgente, no hay problema en modificarlo un día. Pero se trata de tener un poco organizado el tiempo y saber qué cosas me quedan por hacer (aunque sean autoimpuestas) antes de ponerme con cualquier otra cosa que me apetezca.
  3. Objetivos concretos. De nada sirve ponerme un objetivo como “acabar la lista de libros por leer” porque esa lista siempre crece. Mejor resulta algo más concreto, como “acabar el libro X”, porque es algo que podemos visualizar. Además, evita que nos aturullemos. Si tienes muchos libros pendientes, tomando la primera via no has decidido nada que no hubieses decidido antes. Ya sabías que tienes que terminar esos libros, y como no asignas prioridades, estás igual que al principio, pero con más estrés por haber hecho evidente que tienes que acabarla.
  4. Tiempo libre. Programarte todo el día con obligaciones y tareas para cada hora del día no va a servir. La primera semana puede que lo consigas, pero surgirán imprevistos, contratiempos o llegará un día en que estés sin energía y no puedas completar el horario. Eso generará una pequeña frustración que se irá acumulando a medida que vayas fallando. Es cuestión de tiempo que mandes todo a la mierda. Dejar un periodo del día libre completamente para hacer lo que sea que te apetezca, desde seguir con alguna de las cosas que tienes en marcha hasta tirarse en la cama para mirar el techo con el cerebro apagado, da la libertad necesaria para ajustarse a los imprevistos y relajarse una vez acabadas las obligaciones y objetivos del día. Sirve también como premio, tras terminar todo lo que te habías propuesto.
  5. No obsesionarse. Hay días que tenemos el pie torcido. Dedico una hora a escribir en el bllog y apenas saco un párrafo decente; o el gimnasio me pilla con el día bajo y el rendimiento es lamentable; o el día en el curro ha sido denso y caigo rendido al llegar a casa; o hemos dormido mal esa noche y todo el plan se va a la mierda. Así es la vida, hay veces que no tenemos la fuerza necesaria para que nos cunda el día. No pasa nada, mientras lo hayamos intentado. Mañana será otro día y usaremos el punto siguiente.
  6. No rendirse. Habrá días, como en el caso anterior, que no conseguiremos nada. Tendremos la sensación de que hemos desperdiciado el tiempo y que ni siquiera lo hemos disfrutado. Pero hay que insistir. Cuesta coger nuevos hábitos (y más si son productivos) y muchas veces tendremos la tentación de rendirnos “hasta el lunes que viene”. No lo hagas. Insiste y continúa. Desde luego, si ves que algo en tu planning no funciona, tendrás que revisarlo y cambiarlo para adaptarlo mejor. Por ejemplo, antes desayunaba y luego me dedicaba una hora a escribir. Ahora trabajo más lejos y eso ya no me cuadra porque si lo hago, llego al trabajo más tarde, salgo más tarde y atraso todo el horario. Así que, en lugar de prepararme el desayuno, tomo un café mientras escribo media hora. Luego desayuno en el trabajo, mientras leo mails y documentos y por la tarde dedico otro rato a escribir.
  7. Control de resultados. Todos los puntos anteriores tienen un objetivo en común: ayudarme a gestionar el tiempo mejor para sacar adelante las cosas que quiero hacer. Pero de nada sirve si no intento, al menos, controlar qué tan bien lo estoy haciendo. Una de las cosas que supuso el cambio de edificio en el trabajo, es que invierto mucho más tiempo que antes en desplazamientos. Ese tiempo, aunque puedo dedicarlo a veces a leer, desaparece de mi agenda porque no es productivo. La conclusión es que tuve que rediseñar el plan diario reduciendo el tiempo dedicado a algunas actividades. Evaluar es imprescindible para saber si nos sirve lo que hacemos.

No es fácil implementar todos estos cambios y la idea es hacerlo gradual. No tiene sentido (porque es imposible, como quien dice) pasar de perder todo el tiempo viendo películas o jugando al ordenador, a intentar aprovecharlo al máximo. La presión que supone y la dificultad de acostumbrarnos a nuevas actividades y prioridades hace que sea una tarea absurda que llevará al fracaso. Es como alimentarse exclusivamente de carne, fast food y comida prefabricada y de un día para otro, cambiar a una dieta estricta de vegetales, pescado y pollo, todo a la plancha y casi sin sal. El fracaso está casi asegurado.

Por eso es mejor ir poco a poco, acostumbrándose a otro ritmo de vida. Si os decidís a hacer algo similar para sacar adelante vuestros proyectos o cambiar malos hábitos, contadnos qué tal os va y qué trucos usáis.

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