Nota sobre organización

Estas dos semanas en Hamburgo, debido a mi vida monacal forzada, las he dedicado a organizar mis notas de proyectos, tareas y demás. Pero empecemos por el principio.

Hace tiempo que vivimos saturados de información. Por todos lados encontramos artículos que nos sugieren ideas y proyectos, documentos o reportajes que nos gustaría guardar para tener de referencia, o simples instrucciones para fabricar o hacer cualquier cosa que nos pueda interesar. Tanta es la información, que todo esto se mezcla con ideas que tenemos o cosas que pretendemos hacer, como aprender algo nuevo, apuntarnos a un curso o escribir un blog. Al final, si sois parecidos a mí y a la mayoría de la gente, acabamos con mil marcadores en el navegador de casa, otros en la tablet o móvil, documentos en el correo, google docs, calendarios y, como no, cuaderno de notas y post-its que se acumulan en un rincón.

Todo eso va pesando y generando estrés, aunque no lo percibamos. Porque la sensación que nos queda es que tenemos muchas cosas que querríamos hacer, pero parece que nunca hay tiempo. Comienzas algo un día, pero por la dinámica diaria, quizá se olvide hasta pasados días. Cuando lo retomamos, tenemos que empezar casi por el principio y queda la eterna sensación de que no avanzamos. Muchas veces acaba descartado.

Solución

Generar un método. Esto, que parece una idea sencilla, no lo es tanto cuando se trata de juntar y organizar todo este lío. Hay una serie de características que tiene que cumplir el sistema que elijamos para organizarlo, sin las cuales, no tiene sentido el esfuerzo:

  • Nos tiene que gustar. Si no nos sentimos cómodos usando el sistema, no sirve. Si no nos gusta escribir a mano, elegir un bloc de notas o una agenda es un error.
  • Ha de ser accesible. Esto es, desde cualquier lugar y en cualquier momento, deberíamos ser capaces de usar el sistema. Si es un bloc de notas, debe poder llevarse en el bolsillo. Si no, volveremos a coleccionar notas sueltas en post-its o papel.
  • Fiable. Esto implica dos cosas: la primera que sepamos que no vamos a perder información y que sea fácilmente localizable. El correo electrónico resulta una mala opción si recibimos muchos mails diarios, porque terminaremos perdiendo las notas.

Hay más detalles a tener en cuenta, pero eso depende más de la persona. Volviendo al tema y teniendo estos criterios en mente, la solución para mí es obvia: herramientas online. O que se puedan acceder online al menos. El problema está en elegir las que más se adaptan a nosotros. En ocasiones, simplemente es una cuestión estética, puesto que herramientas hay muchas. También hay que tener en cuenta si son gratuitas, de pago o tienen varias opciones. Ahí, nuestro bolsillo manda.

Mis elecciones

Básicamente he reducido las herramientas a dos: Evernote y Instapaper. Las usaba las dos desde hace tiempo, pero de una manera un tanto caótica. Ahora, he decidido usarlas exclusivamente. Antes me mandaba mails con enlaces que quería guardar, pero a partir de ahora, los almaceno en Instapaper. De esa forma, si encuentro algo interesante desde cualquier ordenador, lo pongo allí y lo tengo accesible desde cualquier lugar. No más correos perdidos entre una maraña de spam.

Y Evernote es un programa para llevar notas agrupadas por temas, con opciones como añadir imágenes, documentos y enlazarlo todo entre sí. La ventaja es que tiene aplicación Android para tenerlo sincronizado con el móvil. También acceso web. De esa forma, puedo acceder desde cualquier lugar. Así que ya tengo las herramientas. Lo que he estado haciendo también es ordenarlas y estructurarlas para que se adapten a lo que necesito. Pero eso, si acaso, para otra entrada.

¿Qué usáis para organizaros vosotros? Sé que sigue habiendo fieles al papel y la agenda por ahí fuera.

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Qué hacer cuando llegas a la meta…

Humm, es curioso que haya tardado en darme cuenta.

Cuando me metí a hacer físicas, me veía en un futuro trabajando en algún centro científico internacional; trabajando en algo novedoso o que implicase solventar problemas que no se habían resuelto o planteado antes. Tanto teóricos como científicos. Esa meta desapareció de mi mente cuando acababa la carrera, porque no quería hacer un doctorado ni llevar la dura vida que lleva un estudiante. También porque estaba cansado ya de estudiar y había conseguido lo que quería: aprender física y terminar la carrera que más me gustaba.

Al poco de terminar, me dí cuenta de que quería hacer cosas útiles y de aplicación práctica; también quería tener tiempo libre y que el trabajo fuese algo que haría incluso en mi tiempo libre. Es la mejor manera de no trabajar nunca. Fue siguiendo las opciones que se me abrían delante y he te aquí, que de repente estoy trabajando en ELI, un proyecto europeo de física de láseres. Hoy mismo, en Hamburgo, en DESY, un centro con más solera que el mío (de hecho, funciona desde hace años) y de investigación científica. ELI está en construcción, y aunque no estoy en el desarrollo teórico del asunto, estoy en el desarrollo práctico y tecnológico. Es decir, casi sin proponérmelo, he conseguido cumplir el objetivo que tenía, el deseo más bien, cuando estudiaba físicas. Digamos que he llegado a la meta…

…pero de una carrera que dejé de correr hace tiempo. Ahora me interesa programar, desarrollar aplicaciones, software, videojuegos, escribir… proyectos más personales que otra cosa, proyectos comerciales si queréis. La ciencia para los científicos, porque yo no me considero tal hoy en día. Ironías de la vida, conseguí llegar mi meta cuando resulta que ya no me interesaba.

Imagino que de eso se trata: las metas son sólo el combustible para seguir avanzando y para seguir mejorando. Quizá solo se trata del camino que recorremos mientras tanto.

Boys will be boys

Jugar, luchar y querer palos y espadas de plástico es algo que ocurre de manera natural en muchos chicos. De la misma manera que me parece absurdo que unos padres impidan a su hijo jugar con muñecas o peluches, absurdo me parece intentar ingeniería social evitando que tenga juguetes que sean armas de algún tipo.

Ya sea con un palo o piedras, el niño que quiera y le salga natural, las usara como armas y jugara a combates o guerras. El niño que tenga natural disposición tenderá a jugar a peleas y a competir en juegos con otros niños (las guerras de globos también son competiciones, por cierto, y no es malo). Mi madre intentó en vano evitarlo, pensando que quizá así evitaría que yo saliese violento. Ella misma reconoció el esfuerzo inútil y al final termine creando una colección de pistolas de plástico envidiable (un puto arsenal) y ahora de adulto, tengo algunas pistolas de airsoft y me encanta el paintball. En todo caso, pudo acentuar mi interes por esos juguetes.

En cualquier caso, comparto este enlace  que habla sobre ello. El problema no es que un niño quiera jugar con armas de mentira, sino que no se le eduque en los límites de lo que es un juego y lo que no. “Don’t banish fighting; banish cruelty.” Al fin y al cabo, la vida es competir y luchar (por medios generalmente pacíficos en nuestra sociedad) por conseguir las propias metas y objetivos. En ocasiones, por defender nuestra forma de vida, trabajo o derechos.

Los juegos de guerra de los niños, los deportes y los de peleas son competiciones. Y parece que eso sea lo peor del mundo, pero competir no es malo y aprender a hacerlo tampoco. Puesto que es algo que ocurre de forma natural: competimos incluso cuando creemos que no lo hacemos. Los niños tienen una tendencia a competir entre ellos de forma más directa y obvia, sin embargo las niñas también compiten y también buscan posiciones dominantes dentro de sus grupos, pero de forma más indirecta. Y quién piense que competir es malo per se que se plantee porque piensa así. Quiza es demasiada falta de seguridad en uno mismo, no lo se. Pero la vida es competencia, aunque a muchos no les guste.

Merece la pena o no la Universidad

Desde hace algún tiempo, se pueden ver blogs y artículos que hablan de lo innecesario que es hoy en día ir a la universidad. Muchos de ellos son de USA, por lo que hay que tener en cuenta que estudiar una carrera allí implica una inversión enorme de dinero y, probablemente, préstamos bancarios que habrá que devolver en algún momento. Aplicado a España no tiene tanto sentido y los argumentos serían que se puede hacer igual de bien sin tener un título, o incluso mejor, simplemente por la libertad de poder enfocarse en cualquier sector. En parte, había “comprado” la idea, puesto que la inversión de tiempo es grande. Sin embargo, hay que darle dos vueltas a todo antes de quedarse con una idea.

Los pros

En esta entrada hacen un buen argumento sobre los extraños motivos por los que la gente dice que no es una buena opción: o es gente interesada en minimizar el numero de graduados (gente adinerada, élite) o gente que ha experimentado éxito fuera de lo que estudiaron o que no ha estudiado carrera.

El punto principal es que hay muchos trabajos hoy en día, generalmente los mejor pagados y más interesantes, que exigen unos conocimientos mínimos que se supone adquirimos en la universidad. En esos puestos, tener un título es imprescindible, una condición previa que se ha de cumplir. Además, se pueden conseguir contactos y abrirse entornos y personas que no están disponibles si no has pasado por la universidad.

Socialmente te permite también aumentar tus capacidades, tus círculos sociales y aprender mejor a tratar a muchos tipos de personas diferentes… siempre que lo enfoques correctamente.

Los contras

La Universidad, como mucho, desarrolla talentos presentes en las personas. No convierte en algo a quien no tiene capacidades. La pregunta es si existe el talento como tal. Creo que si. Si no eres bueno pensando de forma analítica, podrás desarrollar mas esa faceta si estudias la carrera adecuada, pero eso no te convertirá en alguien mejor que quien tiene capacidades innatas. Por eso creo que hay que hablar de estos temas con cuidado. Como decía antes, plantear que la universidad no sirve realmente para nada no es cierto. Pero también hay que pensar que tenemos un problema de titulitis. Para cualquier trabajo mediocre te piden una licenciatura. En ocasiones, ni siquiera les preocupa de que, lo que indica que es una estupidez y lo piden por la obsesión que hay respecto a ello.

Por otra parte, ademas, hay muchas carreras que creo que son inútiles, no porque la profesión lo sea, sino porque la carrera en si no enseña nada a los estudiantes. Estos, tras acabar la universidad, tienen que empezar de cero. Si encuentras una profesión donde un recién licenciado tiene la misma capacidad de realizar el trabajo que otra persona sin la licenciatura, puedes estar seguro que la carrera es inútil. Al menos, tal y como esta planteada. Si encuentras una profesión donde se quejan de intrusismo brutal y donde personas con formaciones diferentes medran mas y mejor que los que han estudiado la carrera correspondiente, puedes estar seguro que la carrera es inútil.

Por otro lado, carreras que son necesarias tampoco te aseguran que quien las estudie sea un buen profesional o termine capacitado para ejercer la profesión. Principalmente, es debido a que la enseñanza esta mal planteada. Como expresa una frase que vi en Internet:

A fast learner is not necessarily a good thinker, one need only look at the Chinese to see emulation rather than innovation

En principio, las carreras técnicas o científicas parecen que son útiles y necesarias para dedicarse a ramas científicas, técnicas y relacionadas con la industria y la tecnología. Pero no es necesariamente cierto que quien tenga una sea capaz de ello. Cosas que he visto durante la carrera: gente licenciada, capaz de acabar físicas, pero incapaz de asimilar la verdadera esencia, las herramientas mentales y matemáticas, de razonamiento. Incapaces de resolver un ejercicio que se apartase de lo normal, incapaces de hilar conocimientos entre distintas materias. Simplemente eran capaces de aprender los automatismos necesarios para resolver los exámenes. Eran capaces de medrar en el sistema educativo, probablemente porque eso es lo único que exige realmente este sistema.

Conclusión

Pues visto lo visto, creo que una carrera no es necesaria, pero tampoco ha de ser inútil. Hay que plantearse cuales son los objetivos: si queremos acceder a un trabajo o entorno laboral que requiera titulación, la elección es clara; si sabemos que queremos estudiar algo en concreto porque nos apasiona, no hay duda tampoco. Ahora bien, si no sabemos exactamente que queremos (lo cual es probable que pase) quizá es mejor tomarse un tiempo, un año sabático, ponerse a trabajar en algo para ir tirando y tomar la decisión con calma. He conocido mucha gente que estuvo saltando de carrera en carrera, perdiendo tiempo, dinero y esfuerzo, en cosas que no le interesaban lo mas mínimo. O perdiendo años por no estar centrados.

Así que salvo que uno tenga un objetivo claro (estudiar algo por pasión o para entrar a un sector determinado) lo mejor es tomarse un tiempo de reflexión antes de meterse en algo como la universidad, que en España no es demasiado cara de momento*, pero puede suponer una inversión de años que puede no resultar rentable al final.

 

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*Si vais a saltar con lo cara que es y que hay gente que no puede seguir estudiando, parad. Estoy comparando con USA, donde la gente se tira los 10 años siguientes a licenciarse, pagando el crédito con el que se pago los estudios. De hecho, los precios de España han facilitado la titulitis que padecemos puesto que todo el mundo estudiaba algo, lo que fuese, porque si no, “no eras nadie en la vida”.

 

Vístete como un hombre

Desde hace un tiempo tengo un plan: cambiar mi armario por ropa con estilo, con mas elegancia. Hasta entonces y salvo determinadas cosas que usaba cuando salia o quedaba con gente, mi armario era como el de la mayoría de los hombres. Simplón y utilitario. El hecho de que no fuese hortera o de mal gusto era la mejor característica del mismo. Es decir, había invertido poco esfuerzo en vestir bien, en buscar ropa adecuada a un estilo que me gustase y que no fuese… casual mediocre, por llamarlo así. Este “estilo” lo reconoceréis porque parece que el único requisito es que no sea muy discordante o que no resulte hortera. Del montón. Y es muy típico en hombres, mas que en mujeres.

Muchos de los que leéis esto ahora,quizá pensáis que son pijadas. Eso de andar preocupado de que combina con que y fijarse en si los zapatos cuadran con el jersey o los pantalones parece algo propio de gente vanidosa y superficial. Pero cometéis el mismo error que cometía yo. El aspecto visual tiene mas importancia de lo que cualquiera quisiera admitir; es nuestra tarjeta de presentación. Las tribus urbanas se definen por su estética y por tribus urbanas no me refiero solo a góticos, raperos o grupos mas característicos. El TTN (digamos, típico tipo normal) también tiene una estética que lo define aunque es menos consciente de ello que cualquier otro: la estética insulsa y descuidada. Dice mucho de uno mismo. Vestir bien y con gusto es otra faceta mas de la mentalidad de mejora personal. Poner tiempo, esfuerzo y dedicación a tener mejor apariencia esta relacionado con dedicar tiempo a cuidarse la salud, hacer deporte o comer mejor. No hay que obsesionarse con una faceta en particular. Es un trabajo global.

Hablo de toda esa gente, entre la que me incluía, que se pone lo primero que ve para ir a la oficina, para salir a dar una vuelta entre semana o al centro a tomar algo. Esto es, hablo de poner poco esfuerzo en el vestir, en el aspecto personal que proyecta la ropa; poco esfuerzo en definir un estilo propio y elegante todos los dias, no solo los días de salir. Es renunciar a tratar de mejorar.

Y ahora estoy en ello, buscando mi estilo, comprando ropa mas acorde con el y mas elegante. La idea es que a diario también mantenga ese estilo porque es el propio y no un estándar que simplemente “no resulta feo“. Lleva tiempo y una inversión de dinero, pero merece la pena. No nos engañemos: como seres sociales que somos, queremos que los demás nos miren con buenos ojos, queremos ser atractivos ante la sociedad y que nos alaben o nos “acepten”. Nos vestimos, no para nosotros, sino para sentirnos a gusto cuando estamos ante otras personas. Si no, no habría motivo para no salir a la calle con el chándal de estar por casa los domingos de resaca o para ponerse esa camisa que nos gusta tanto mientras estamos en casa viendo una película. Pero no lo hacemos, porque la realidad no es que nos vistamos solo para nosotros mismos. Así que no seáis hipócritas y cuidad un poco los detalles.

Esta pagina es de las mas interesantes que he visto hasta el momento referente al estilo masculino.