¡Nos han plagiado!

Hoy ha pasado algo curioso, feo y desagradable. Aunque también son buenas noticias. Si no lo sabéis, llevo un año y algo con un blog de rugby amateur, Rugby de Calle, junto con Javier. Un proyecto propio con nuestras ideas y con planes interesantes de futuro. Y ahí seguimos, teniendo cada vez más visitas y reacciones positivas de la gente. Es genial ver que lo que haces funciona y tiene la respuesta que querías, o incluso mejor. El caso es que hoy ha pasado algo: nos han plagiado.

Una de las cosas que habíamos empezado a hacer eran unas viñetas de humor sobre el rugby. Lucía nos hacía las ilustraciones en base a varias ideas que trabajamos con ella. Quedan muy bien y tienen su encanto. Y funcionan tan bien que, de repente, recibimos una notificación de un comentario donde nos nombran. Y ahí está la viñeta (aquí la original), compartida por una página de Facebook sobre rugby en Costa Rica. Otra página que comparte lo que ponemos, ¿no? Sí, salvo por el detalle de que donde estaba nuestro logo, aparecía sobreimpreso el nombre de esta página, y donde estaba la firma de Lucía, había 3 puntos. Tan cutre como eso.

¿Y estoy cabreado? Pues a medias. En realidad, creo que es una buena noticia que haya pasado esto. Parto de la base que el mundo está lleno de gente cutre y gente ruin. Que te plagien significa que o has tenido muy mala suerte de toparte con alguien así, o bien, estás teniendo un éxito suficiente para que ese tipo de gente sepa de tu trabajo. En este caso, creo que es la segunda. Lo estamos haciendo bien, tanto nosotros en la web, como Lucía con las viñetas. Y están siendo compartidas por las redes sociales. Es más, si llega el punto que alguien quiere hacerlas pasar por suyas, significa que tienen calidad. Así que estoy contento.

Porque sí, en Internet es imposible evitar que te plagien. Lo único que puedes hacer cuando ocurra, es avergonzar y señalar públicamente a los responsables. Y seguir con lo que estás haciendo, porque vas por el buen camino. No hay que anclarse en injusticias así. Además, por el momento, han retirado la imagen en cuanto les hemos escrito y veremos si esconden la cabeza como avestruces o se disculpan sin más. En cualquier caso, buenas noticias para RdC.

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Nota sobre organización

Estas dos semanas en Hamburgo, debido a mi vida monacal forzada, las he dedicado a organizar mis notas de proyectos, tareas y demás. Pero empecemos por el principio.

Hace tiempo que vivimos saturados de información. Por todos lados encontramos artículos que nos sugieren ideas y proyectos, documentos o reportajes que nos gustaría guardar para tener de referencia, o simples instrucciones para fabricar o hacer cualquier cosa que nos pueda interesar. Tanta es la información, que todo esto se mezcla con ideas que tenemos o cosas que pretendemos hacer, como aprender algo nuevo, apuntarnos a un curso o escribir un blog. Al final, si sois parecidos a mí y a la mayoría de la gente, acabamos con mil marcadores en el navegador de casa, otros en la tablet o móvil, documentos en el correo, google docs, calendarios y, como no, cuaderno de notas y post-its que se acumulan en un rincón.

Todo eso va pesando y generando estrés, aunque no lo percibamos. Porque la sensación que nos queda es que tenemos muchas cosas que querríamos hacer, pero parece que nunca hay tiempo. Comienzas algo un día, pero por la dinámica diaria, quizá se olvide hasta pasados días. Cuando lo retomamos, tenemos que empezar casi por el principio y queda la eterna sensación de que no avanzamos. Muchas veces acaba descartado.

Solución

Generar un método. Esto, que parece una idea sencilla, no lo es tanto cuando se trata de juntar y organizar todo este lío. Hay una serie de características que tiene que cumplir el sistema que elijamos para organizarlo, sin las cuales, no tiene sentido el esfuerzo:

  • Nos tiene que gustar. Si no nos sentimos cómodos usando el sistema, no sirve. Si no nos gusta escribir a mano, elegir un bloc de notas o una agenda es un error.
  • Ha de ser accesible. Esto es, desde cualquier lugar y en cualquier momento, deberíamos ser capaces de usar el sistema. Si es un bloc de notas, debe poder llevarse en el bolsillo. Si no, volveremos a coleccionar notas sueltas en post-its o papel.
  • Fiable. Esto implica dos cosas: la primera que sepamos que no vamos a perder información y que sea fácilmente localizable. El correo electrónico resulta una mala opción si recibimos muchos mails diarios, porque terminaremos perdiendo las notas.

Hay más detalles a tener en cuenta, pero eso depende más de la persona. Volviendo al tema y teniendo estos criterios en mente, la solución para mí es obvia: herramientas online. O que se puedan acceder online al menos. El problema está en elegir las que más se adaptan a nosotros. En ocasiones, simplemente es una cuestión estética, puesto que herramientas hay muchas. También hay que tener en cuenta si son gratuitas, de pago o tienen varias opciones. Ahí, nuestro bolsillo manda.

Mis elecciones

Básicamente he reducido las herramientas a dos: Evernote y Instapaper. Las usaba las dos desde hace tiempo, pero de una manera un tanto caótica. Ahora, he decidido usarlas exclusivamente. Antes me mandaba mails con enlaces que quería guardar, pero a partir de ahora, los almaceno en Instapaper. De esa forma, si encuentro algo interesante desde cualquier ordenador, lo pongo allí y lo tengo accesible desde cualquier lugar. No más correos perdidos entre una maraña de spam.

Y Evernote es un programa para llevar notas agrupadas por temas, con opciones como añadir imágenes, documentos y enlazarlo todo entre sí. La ventaja es que tiene aplicación Android para tenerlo sincronizado con el móvil. También acceso web. De esa forma, puedo acceder desde cualquier lugar. Así que ya tengo las herramientas. Lo que he estado haciendo también es ordenarlas y estructurarlas para que se adapten a lo que necesito. Pero eso, si acaso, para otra entrada.

¿Qué usáis para organizaros vosotros? Sé que sigue habiendo fieles al papel y la agenda por ahí fuera.

Qué hacer cuando llegas a la meta…

Humm, es curioso que haya tardado en darme cuenta.

Cuando me metí a hacer físicas, me veía en un futuro trabajando en algún centro científico internacional; trabajando en algo novedoso o que implicase solventar problemas que no se habían resuelto o planteado antes. Tanto teóricos como científicos. Esa meta desapareció de mi mente cuando acababa la carrera, porque no quería hacer un doctorado ni llevar la dura vida que lleva un estudiante. También porque estaba cansado ya de estudiar y había conseguido lo que quería: aprender física y terminar la carrera que más me gustaba.

Al poco de terminar, me dí cuenta de que quería hacer cosas útiles y de aplicación práctica; también quería tener tiempo libre y que el trabajo fuese algo que haría incluso en mi tiempo libre. Es la mejor manera de no trabajar nunca. Fue siguiendo las opciones que se me abrían delante y he te aquí, que de repente estoy trabajando en ELI, un proyecto europeo de física de láseres. Hoy mismo, en Hamburgo, en DESY, un centro con más solera que el mío (de hecho, funciona desde hace años) y de investigación científica. ELI está en construcción, y aunque no estoy en el desarrollo teórico del asunto, estoy en el desarrollo práctico y tecnológico. Es decir, casi sin proponérmelo, he conseguido cumplir el objetivo que tenía, el deseo más bien, cuando estudiaba físicas. Digamos que he llegado a la meta…

…pero de una carrera que dejé de correr hace tiempo. Ahora me interesa programar, desarrollar aplicaciones, software, videojuegos, escribir… proyectos más personales que otra cosa, proyectos comerciales si queréis. La ciencia para los científicos, porque yo no me considero tal hoy en día. Ironías de la vida, conseguí llegar mi meta cuando resulta que ya no me interesaba.

Imagino que de eso se trata: las metas son sólo el combustible para seguir avanzando y para seguir mejorando. Quizá solo se trata del camino que recorremos mientras tanto.

Boys will be boys

Jugar, luchar y querer palos y espadas de plástico es algo que ocurre de manera natural en muchos chicos. De la misma manera que me parece absurdo que unos padres impidan a su hijo jugar con muñecas o peluches, absurdo me parece intentar ingeniería social evitando que tenga juguetes que sean armas de algún tipo.

Ya sea con un palo o piedras, el niño que quiera y le salga natural, las usara como armas y jugara a combates o guerras. El niño que tenga natural disposición tenderá a jugar a peleas y a competir en juegos con otros niños (las guerras de globos también son competiciones, por cierto, y no es malo). Mi madre intentó en vano evitarlo, pensando que quizá así evitaría que yo saliese violento. Ella misma reconoció el esfuerzo inútil y al final termine creando una colección de pistolas de plástico envidiable (un puto arsenal) y ahora de adulto, tengo algunas pistolas de airsoft y me encanta el paintball. En todo caso, pudo acentuar mi interes por esos juguetes.

En cualquier caso, comparto este enlace  que habla sobre ello. El problema no es que un niño quiera jugar con armas de mentira, sino que no se le eduque en los límites de lo que es un juego y lo que no. “Don’t banish fighting; banish cruelty.” Al fin y al cabo, la vida es competir y luchar (por medios generalmente pacíficos en nuestra sociedad) por conseguir las propias metas y objetivos. En ocasiones, por defender nuestra forma de vida, trabajo o derechos.

Los juegos de guerra de los niños, los deportes y los de peleas son competiciones. Y parece que eso sea lo peor del mundo, pero competir no es malo y aprender a hacerlo tampoco. Puesto que es algo que ocurre de forma natural: competimos incluso cuando creemos que no lo hacemos. Los niños tienen una tendencia a competir entre ellos de forma más directa y obvia, sin embargo las niñas también compiten y también buscan posiciones dominantes dentro de sus grupos, pero de forma más indirecta. Y quién piense que competir es malo per se que se plantee porque piensa así. Quiza es demasiada falta de seguridad en uno mismo, no lo se. Pero la vida es competencia, aunque a muchos no les guste.

Vístete como un hombre

Desde hace un tiempo tengo un plan: cambiar mi armario por ropa con estilo, con mas elegancia. Hasta entonces y salvo determinadas cosas que usaba cuando salia o quedaba con gente, mi armario era como el de la mayoría de los hombres. Simplón y utilitario. El hecho de que no fuese hortera o de mal gusto era la mejor característica del mismo. Es decir, había invertido poco esfuerzo en vestir bien, en buscar ropa adecuada a un estilo que me gustase y que no fuese… casual mediocre, por llamarlo así. Este “estilo” lo reconoceréis porque parece que el único requisito es que no sea muy discordante o que no resulte hortera. Del montón. Y es muy típico en hombres, mas que en mujeres.

Muchos de los que leéis esto ahora,quizá pensáis que son pijadas. Eso de andar preocupado de que combina con que y fijarse en si los zapatos cuadran con el jersey o los pantalones parece algo propio de gente vanidosa y superficial. Pero cometéis el mismo error que cometía yo. El aspecto visual tiene mas importancia de lo que cualquiera quisiera admitir; es nuestra tarjeta de presentación. Las tribus urbanas se definen por su estética y por tribus urbanas no me refiero solo a góticos, raperos o grupos mas característicos. El TTN (digamos, típico tipo normal) también tiene una estética que lo define aunque es menos consciente de ello que cualquier otro: la estética insulsa y descuidada. Dice mucho de uno mismo. Vestir bien y con gusto es otra faceta mas de la mentalidad de mejora personal. Poner tiempo, esfuerzo y dedicación a tener mejor apariencia esta relacionado con dedicar tiempo a cuidarse la salud, hacer deporte o comer mejor. No hay que obsesionarse con una faceta en particular. Es un trabajo global.

Hablo de toda esa gente, entre la que me incluía, que se pone lo primero que ve para ir a la oficina, para salir a dar una vuelta entre semana o al centro a tomar algo. Esto es, hablo de poner poco esfuerzo en el vestir, en el aspecto personal que proyecta la ropa; poco esfuerzo en definir un estilo propio y elegante todos los dias, no solo los días de salir. Es renunciar a tratar de mejorar.

Y ahora estoy en ello, buscando mi estilo, comprando ropa mas acorde con el y mas elegante. La idea es que a diario también mantenga ese estilo porque es el propio y no un estándar que simplemente “no resulta feo“. Lleva tiempo y una inversión de dinero, pero merece la pena. No nos engañemos: como seres sociales que somos, queremos que los demás nos miren con buenos ojos, queremos ser atractivos ante la sociedad y que nos alaben o nos “acepten”. Nos vestimos, no para nosotros, sino para sentirnos a gusto cuando estamos ante otras personas. Si no, no habría motivo para no salir a la calle con el chándal de estar por casa los domingos de resaca o para ponerse esa camisa que nos gusta tanto mientras estamos en casa viendo una película. Pero no lo hacemos, porque la realidad no es que nos vistamos solo para nosotros mismos. Así que no seáis hipócritas y cuidad un poco los detalles.

Esta pagina es de las mas interesantes que he visto hasta el momento referente al estilo masculino.

7 puntos, nuevos hábitos

Últimamente le doy muchas vueltas a la idea de como cambiar aquellas cosas que no te gustan de tu vida, asi como las cosas que han cambiado en la mia y las que cambiarán. No es nada fácil. Llevo dos años cambiando todo aquello que no me gustaba (o que descubrí que no me gustaba). Básicamente las circunstancias hacen que modifiquemos perspectivas y gustos. Y no solo es complicado ser consciente acerca de nuestras debilidades o errores, sino que incluso identificados, cuesta mucho romper malos hábitos.

Entiendo perfectamente aquellas personas que deciden seguir como hasta ahora, sin rompecabezas y sin complicaciones. Nadie te explica Read More

Las Horas Bajas

Ocurre que perdemos a veces las buenas costumbres. El verano ha sido un tiempo en que he ido abandonando rutinas buenas, pequeños detalles diarios, poco importantes en el día a día, pero claves a la hora de mantener la disciplina personal. En el gimnasio casi no se acuerdan de mí, he dejado de escribir a diario para hacerlo en ráfagas de culpabilidad y la pereza se ha ido colando lentamente en mi día a día. Procastinar y posponer tareas se ha ido convirtiendo en rutina.

Supongo que es normal. De vez en cuando dejamos rienda suelta a nuestra parte más decadente, y un verano con sol, buen tiempo y buen ambiente hace que sea demasiado fácil. Atrasando todo por una fiesta en Letna, o un festival en Riegrovy Sady… Al menos, el invierno viene con sus horas más oscuras, para obligarnos a forzar una rutina que nos saque de la depresión que trae, el cabrón.

Así que tras Septiembre, del que quedan dos semanas, me propongo recuperar ciertas buenas maneras. No es fácil, pero hay que planificar. No basta con decir “vuelvo a hacer las cosas bien” sino que hay que pensar acciones específicas. Voy a ir lunes, miércoles y jueves al gimnasio es una mejor opción; voy a cocinar todos los días verdura de cena, es otra buena opción. No os quedéis en la lista de buenos deseos como la de Año Nuevo. Programad y determinad pequeñas acciones diarias pero concretas. Con horarios incluidos si es necesario.

Y sobre todo, llevar un registro de esos propósitos, de esas acciones concretas donde estén detalladas, pero que consultéis a diario. No vale usar una nota que se pierde entre otros papeles. Lo he probado y al final las notas con propósitos se han perdido entre… bueno, otras notas con otros propósitos. Un cuaderno que consultéis todos los días, quizá usar Evernote (yo lo uso y recomiendo ese programa para todo, es la hostia) o alarmas diarias del móvil que te recuerde que es hora de comprar la comida sana, ir al gimnasio o ponerse a estudiar el idioma más difícil de Centroeuropa… todo vale, pero el truco lo tenéis que buscar vosotros.

Suerte.