Los números de 2014

Echándole un poco de morro al asunto, para no escribir por mi cuenta, publico el informe de WordPress sobre mi blog en este 2014. Sigo preparando entradas, sigo aprendiendo WordPress y tengo pendiente un análisis del año completo, no ya del blog, sino de mi mismo. Pero mientras tanto, para finalizar el año (es la última publicación de 2014 y no la he escrito yo, 😄 ) veamos el resultado del año para el blog, que es como el espejo de mis proyectos e ideas. La conclusión es que no está nada mal. Estoy contento de ello y de que muchos os unáis al mismo, leyendo y comentando. Gracias por eso.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto 2.400 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 40 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

La Democracia, Meritocracia y los errores

Vamos a crear conflicto. Llevo tiempo siendo demasiado consciente de una idea perturbadora: la democracia no es el mejor sistema para resolver problemas complejos. No es la solución más eficaz. Las personas votan partiendo de, en el mejor de los casos, datos incompletos y conocimiento muy limitado sobre los problemas principales de un país. La mayoría de la gente, entre los que me incluyo, no tiene ni la más remota idea de economía, diplomacia, ciencia y tecnología, etc. Tampoco conocemos realmente qué se cuece en esos lares, quién tiene intereses personales, o contrapuestos respecto a unas soluciones particulares… Esto implica que votamos casi a ciegas, motivo por el que creo que las ideologías son las que decantan la balanza, no las medidas concretas y la forma de aplicarlas a los problemas que propongan los partidos políticos. Además, cuando uno lee una medida en particular para algún problema o asunto de estado importante, los expertos saben si tiene más o menos sentido, pero el que no es experto sólo puede creer o no en su eficacia. Es decir, vota por convicción o confianza en quién propone la medida.

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Über y los taxis en Praga

La que se está liando con Über, el servicio de taxis particulares que se está imponiendo allí donde aparece, no es algo nuevo, aunque así lo parezca. En realidad, es la lucha de siempre desde que Ned Ludd destrozó varias máquinas textiles allá por 1811. Miedo, incomprensión y, en muchos casos, incapacidad de adaptación. Estos son los motivos principales por los que las personas tienden a oponerse a nuevas ideas o modelos distintos. En el caso de Über, muchos alegarán que el problema es que entra en mercados muy reglamentados y legislados, saltándose la ley. Pero ese no es el problema. Read More

La Pirateria y Otras Hierbas

Vuelve la polémica con la piratería desde que han cerrado el acceso a muchas webs en Espana gracias a ese engendro legal llamada ley Sinde (+ modificaciones). Misma historia que hace 10 años, mismos argumentos. Pero el mundo ha cambiado mucho.

Idea clave: no es una cuestión de “derecho a la cultura” que justifique la descarga o el streaming. El problema es que la industria, sobre todo en España, pretende que paguemos por servicios deficientes, sin todas las opciones (como VOSE o VOS) sin todas las series del momento y sin vídeo on demand. Es decir, el problema no es que la gente se siga descargando cosas a pesar de existir servicios legales. El problema es que los servicios legales son muy caros comparados con el catalogo que ofrecen y ademas, tienen menos oferta, características y opciones que las ofertas no legales. Read More

Aprender del fracaso y el rechazo

¿Qué nos frena a la hora de hacer cosas nuevas? ¿Qué es lo que impide que intentemos aquello que nos apetece hacer? ¿O aquello que creemos que va a mejorar nuestra vida? Habrá muchos motivos más o menos justificables en cada caso, pero el denominador común es el miedo al fracaso. Irracionalmente, tenemos miedo a fracasar mucho más de lo que lo tenemos a otras cosas: podemos atrevernos a practicar rugby, boxeo o paracaidismo, pero a la hora de intentar algo nuevo, diferente o incierto es el miedo al fracaso social, público. Comenzar una conversación con una desconocida, subirse a un escenario a hacer un monólogo o empezar un proyecto personal en el que la gente tenga que juzgar lo que hacemos. El miedo a que salga mal, a no conseguir lo que nos planteamos, el rechazo. Todo eso hace que una persona ni lo intente. No es miedo al daño físico, sino al daño moral, a sentir que nuestro yo, nuestra identidad, se vea atacada. No nos damos cuenta quizá de una cosa: el éxito o el fracaso de todas esas actividades -y muchas otras- que he enumerado más arriba no tiene ninguna relación con nuestro valor como persona.

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Economía colaborativa y el INEM

El mundo está cambiando más rápido de lo que se hubiera podido predecir. La popularización de los ordenadores y su abaratamiento hizo que hubiese una revolución, pero la que fue decisiva fue la aparición de Internet. Como comentaba en otra entrada, se está produciendo un cambio de modelo a nivel económico, social y laboral y nos está costando mucho adaptarnos. Muchos se quedarán fuera, se caerán del tren que marcha demasiado deprisa. Por eso hay que estar atento y cambiar el chip. Respecto al trabajo, hay que diferenciarse, especializarse y buscar el nicho.

El tema es que no sólo habría que hacerlo individualmente, sino colectivamente. Read More

El Esnobismo de los que ya lo tenemos todo

Algo que siempre me ha atraído es el concepto de las dos culturas. Es un término que, si no me equivoco, acuñó C.P. Snow en su estudio homónimo que ahora mismo me estoy leyendo. Hay mucho que cortar en ese libro acerca de la separación cada vez más sangrante entre ciencias y letras; entre la apropiación de manera efectiva del término intelectual por parte de los eruditos de letras y en la actitud de superioridad que toman los eruditos de ciencias respecto a los anteriores. Un tema interesante. Pero lo que me llamó la atención es cuando habla de la revolución industrial y de los luditas. Es decir, anti-tecnólogos que resulta se encontraban entre los intelectuales (de letras y de ciencias) en la época de la revolución industrial inglesa, que despreciaban la tecnología como algo de baja estofa, propio de trabajadores no cualificados. Al fin y al cabo, lo que me parece es que era cómodo despreciar la nueva tecnología para ellos mientras se aprovechaban de sus avances.

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