El Papel Desaparece y ya no Leo Libros Analógicos

El otro día estaba leyendo a Asinorum y recaí en este post acerca de un libro viejo que había comenzado a leer, disfrutando del olor y el tacto del mismo. Y eso me dio que pensar. El libro en papel tiene un aura de romanticismo y encanto que es difícil de evitar. El olor de sus páginas, el tacto y el peso, el formato y la textura… Todos esos detalles que hacen que la gente que le gusta leer prefiera aún el libro en papel que cualquier variante electrónica. O eso dicen, porque yo no siento lo mismo. Puede que al principio tuviese ese pensamiento. También pensaba que escribir a mano tenía su encanto y ahora mismo, apenas escribo con bolígrafo unos cuantos post-its de vez en cuando. Bienvenidos al mundo del mañana.

El formato digital, cuando tenemos un lector como Kindle, tiene muchas ventajas sobre el papel. La primera el peso. Da igual lo grande del libro que siempre tendremos el lector que pesa muy poco y resulta muy cómodo, pudiendo adaptar la pantalla a diferentes orientaciones. También el poder llevar toda una biblioteca a cuestas sin problemas. Siempre he sido de leer varios libros a la vez y a veces era una decisión qué libro llevar. Es una tontería, salvo que ahora ni siquiera tengo que plantearme nada. Incluso puedo viajar lejos de mi casa -ese lugar que últimamente ha cambiado tanto- sin plantearme si llevarme un libro o no. Da igual lo ligero de equipaje que quiera ir, siempre que tenga acceso a electricidad cada dos semanas -o más- llevo conmigo cualquier libro que esté leyendo o que quiera leer o que quizá decida leer. No importa.

Podemos hablar del precio de los libros -cuando el vendedor es sensato, no cuando quieren cobrarte lo mismo que la edición en papel-, el poder aumentar el tamaño de letra, marcadores… Otra cosa que me atrae, personalmente, es la de subrayar partes del mismo. Nunca me gustó escribir en libros y el hecho de tener que llevar un lápiz en los trayectos o viajes y tener que buscar después esas anotaciones, lo hacen realmente impráctico. Con el lector electrónico es sencillo de hacer, sencillo de consultar y sencillo de cambiar. Las notas también son sencillas, aunque el Kindle sin teclado es algo peor en este sentido.

Muchas ventajas que superan, para los no románticos, las desventajas o la pérdida de ese “tacto, olor y textura”. Pero hay un detalle, sólo uno, que hace que el papel pueda ser superior o definitivamente inferior al electrónico, según se mire: el papel crea historia. No sé si es bueno o no, pero es cierto. El día que estaba terminando de recoger las cajas y seleccionar qué cosas me traería a mi nueva vida, miré las estanterías de mi habitación. Unos 200 libros en varias filas que fui acumulando a lo largo de mi vida en esa casa. Algunos no los llegué a dar más que una ojeada superficial, aunque la mayoría sí que los leí (y muchos otros que por suerte no compré, sino que pedí prestados). Lo sorprendente es que podría recordar aproximadamente cuándo leí cada uno de ellos, o en qué época, en función de qué me interesaba en el momento y si me había marcado el libro en cuestión o no. Recuerdo El Misterio del Cuarto Amarillo, un libro antiguo, policíaco, que conseguí en un mercadillo de trueque de libros. La historia era tipo “crimen imposible” con sorprendente explicación posterior. Curiosamente me encantó, aunque me costó tres intentos terminarlo. En otro intercambio de esos conseguí La Vida es Sueño, de Calderón de la Barca. Tenía unos 11 años y era el único libro que quedaba medianamente decente. yo había llevado un libro de aventuras para jóvenes, de portada roja y con un marinero con gorro de lana en la portada, que me había regalado unos años antes un compañero de un colegio anterior cuya madre era profesora. Y que era una mierda de libro de aventuras, la verdad. Me llevé el libro de Calderón pensando que menudo fallo, cambiar una mierda de libro por otro que encima estaba escrito en verso. Recuerdo también cuando, unos 5 o 6 años después leí el libro y me quedé alucinado, me apasionó y desde entonces creo que lo he leído completo unas 3 veces, y partes concretas de él muchas más. A veces lo leo en voz alta. Es de las pocos libros de literatura que han venido conmigo a Praga.

Como se ve, el libro como objeto tiene el poder de anclar vivencias y momentos de nuestra vida. Para quién lee de forma habitual, el libro es como los anillos de un árbol -nunca mejor dicho- que va marcando el crecimiento de esa persona, su evolución, de una forma más profunda porque habla de cómo cambia tu visión del mundo, tus preferencias internas, tu mente. Mis libros están en el salón de la casa donde vivía en Madrid, desperdigados como pueden entre otras cosas. Y tengo bien presente que el momento más nítido, más duro quizá, cuando estaba haciendo las maletas, justo cuando fui plenamente consciente de que recogía mi vida en cajas y la desplazaba a otro lugar, fue cuando vi las estanterías de mi habitación vacías. Ésa era la esencia de mi habitación y siempre lo fue: estanterías con libros. Tal vez ese es el poder que se le atribuye al libro en papel, que se intrinca tanto en tu propia vida, que termina formando parte de ti mismo. Esos libros que, por su historia, por el momento en que los leímos o por quién nos los regaló o recomendó, guardamos como oro en paño, releemos y llevamos allí donde vayamos terminan siendo una parte de nosotros tan profunda que resulta imposible desprenderse de ellos.

Aún no tengo claro si esto es un punto a favor o una gravísima desventaja. Hoy en día, el mundo es más pequeño que nunca lo que significa que tendremos que movernos mucho y muy lejos. Tener una gran biblioteca siempre será un lastre y si no hubiese tenido oportunidad de dejar los libros atrás, tendría que haberlos vendido o regalado. Y eso me habría partido el alma. Es absurdo, porque en realidad, no los disfruto ni los tengo ni los veo. Pero sé que me hubiese dolido muy profundo.

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